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30.7.26

Never enough.

Me fui a Bali porque no quería ir a Colombia. Repito, me fui a la antípoda literal de Colombia (Indonesia) para no ir a mi país. Y como recalcó mi psicóloga: no fue el curso de yoga primero el que me hizo tomar la decisión, fue el no querer ir a Bogotá el que trajo una alternativa diferente, en este caso - yoga. 

Me costó mucho tomar la decisión y no estaba tan segura de haber hecho lo correcto. ¿Y si empeoro la relación con mi familia por eso? ¿y si me odian?, pero en menos de cuatro días, tal vez en medio de tantas reflexiones impulsadas por la soledad en mi habitación, me di cuenta de algo que hace mucho había olvidado: Yo nunca, jamás, seré suficiente para mi familia. Y esta idea no llego con dolor, no me dieron ganas de llorar, no sentí tristeza. Al contrario, por primera vez sentí mucha paz. 

Yo nunca voy a ser suficiente para ellos. Yo no quiero ser suficiente para ellos. No me importa ser una mala hija, ni una mala hermana, una mala tía, una mala prima. El problema no está en mi y jamás lo ha estado. Ha sido en los parámetros y en las expectativas con las que se mide mi supuesto valor. ¿Qué me hace una buena hija?, peor aún ¿qué más tengo que hacer para ser una buena hija, hermana, sobrina, tía? ¿No he hecho ya suficiente? - y ese es el punto: me vine a Bali porque mentalmente ya estaba drenada con estas preguntas. A veces quisiera callar mi mente de tanto ruido, de tanta estúpida reflexión pero no puedo, no importa cuánto trate, simplemente no puedo. Pero Bali me brindó un respiro y le tomó cuatro días para ofrecerme una respuesta que trajo confort, especialmente cuando la culpa sin sentido me estaba incomodando.  

Yo nunca voy a ser suficiente para ellos. Yo quiero ser suficiente para mí. Quiero estar en paz con las decisiones que yo tome, no con lo que la gente piense de mis decisiones. Yo quiero crear mis propios parámetros de lo que quiero lograr, no quiero encajar en una versión ni en una expectativa de gente que ni siquiera me conoce y ni hace el esfuerzo por conocerme. 

Bali llegó a recordarme que el valor nunca estuvo afuera y mucho menos en mi familia. He dado más de lo que puedo creyendo que ahí voy a encontrarme. Han pasado los años y sigue siendo una ilusión. I am never enough to them... y está bien. No creo que tenga que cambiar, no creo que vaya a cambiar, porque si para cambiar tiene que ajustarse a sus parámetros y criterios pues no quiero. No soy yo bajo esas ideas. Me pedirían ser una hermana, hija, tía, sobrina que no soy y no estoy aquí como para no ser yo, cualquier cosa que eso signifique. No tengo miedo en seguir explorando las opciones. 

SANTOSH

30.4.26

Ángeles

Tuve que parar al lado del camino después de que mi zapato de ciclismo (el segundo del día) se desbaratara completamente y así tuviera que darle fin total a mi ruta de la mañana. La señora que vendía papas y yucas cocinadas que estaba ahí en esa parte del camino vio mi zapato y rápidamente saco un superglue para ayudar. A señas (porque no hablamos el idioma local) le dijimos que los zapatos ya estaban para botar. No había nada qué hacer. 

Llamamos un Tuk Tuk para poder irme a casa y mientras esperábamos, la señora me regaló papas. Porque sí. Y ahora después de una buena ducha, escribo este post comiéndome esas papas con una alegría que no podría describir. 



Yo crecí en un hogar que me enseño a desconfiar y a verle el lado negativo a todo. Lo he dicho mucho en este blog y no es una sorpresa. Creo que fue cuando conocí a la Maga que tuve mi primer encuentro con lo que yo llamo ángeles. Aquellas personas que de una u otra forma van y vienen para mostrarme que no todo es una bola de mierda. Así de sencillo. 

Recuerdo la primera vez que Maga me enseñó esto sin hacerlo explícito. Todavía no éramos novias pero claramente nos gustábamos mucho y una tarde en la que no sabíamos qué hacer pero sabíamos que queríamos pasarla juntas, caminamos alrededor de 8 kilómetros desde mi universidad hasta el centro de la ciudad. En un punto al final de nuestro recorrido un señor se acercó y nos dijo que mi maleta estaba abierta y que habían personas persiguiéndonos tratando de sacar cosas. Yo me asusté muchísimo y entré en modo desconfianza inmediatamente. Revisé con pánico a ver si alguien ya había robado algo (a ver, lo único valioso era mi billetera con dinero para regresar a casa) Obvio cerré mi maleta y quería salir huyendo de donde estábamos. Ya no me sentí segura. Ella, por otra parte, sonrió y dijo que éramos muy afortunadas de tener personas como ese señor, como mandadas por el universo para cuidarnos. 

What the fuck? ¿Que eres zorda o qué? Casi nos roban, casi morimos, casi... Ya pasaron 16 años de este episodio, así que no recuerdo sus palabras exactas pero ella argumentaba que el universo encontraba formas de cuidarnos, porque siempre hallaba la forma de mostrarnos su amor. Entiendo que una parte de mi mientras escribe esto ahora le cuesta interiorizarlo. Pero en esa época estaba TAN desesperada por un cambio en mi vida porque sabía que lo que traía de casa solo me hacía daño y me iba a matar eventualmente. Así que sí, lo que tú digas Maga, el universo nos ama, bla bla. 

Sin embargo, por más cursi que suene, ha sido ese tonto aprendizaje el que me ha ayudado a recuperar fuerzas cuando las necesito porque han habido muchos ángeles y han sido fácil de identificar una vez estoy abierta a aceptarlo. 

La primera que recuerdo que necesitaba este mensaje después de tantos años fue justo en Kazajistán. Era Abril de 2018 y ya estaba yo con la depresión recordándome que me había dado un pase para poder irme de Colombia y empezar mi vida en otro país pero que era inevitable su llegada entonces. Todo me parecía una mierda y lo que menos quería hacer era existir. Pero no sabía cómo expresar esto... En fin, que tomamos el tren de noche a Astana y nos fuimos acompañados con una señora (o Babushka). Yo no quería socializar, y obvio hacerlo también era difícil porque ella no hablaba inglés y nosotros mucho menos Ruso o Kazajo. Pero ella insistió y entre señas, y traducciones aquí y allá estuvimos "hablando" casi toda la noche. Nos hacía preguntas y se interesaba por nosotros al igual que nos contaba sobre su vida. Al caer la noche todos nos acostamos a dormir. Como era de esperarse, empecé a sentirme emocionalmente mal. La noche siempre se vuelve el escenario de pensamientos negativos e incómodos y yo sólo estaba forzando mi ser para lograr dormirme. Y de un momento sentí un alivio y un calor inexplicables. Resultó que la señora buscó más cobijas en el coche cama y me dio abrigo... tal vez como jamás en la vida mi propia abuela lo ha hecho. Fue un acto tan simple y tan cargado de significado, porque cuando un extraño puede hacerlo, siento que lo merezco. 

Tenía que pedirle una foto para recordarle.

Desde entonces he apreciado cada acto de amor por estos ángeles que se aparecen para recordarme que tal vez necesito quedarme y que me merezco el apoyo de otros. Que lo necesito. Como aquel hombre en un pueblo random de Kazajistán en el que me boté a llorar con mi bicicleta porque me sentía una mierda. Cuando este hombre se acercó a hablarme, lo hizo para recordarme que la vida valía la pena y tener a alguien haciendo esto en un inglés roto, en un ruso roto para que yo entienda, fue otro acto de amor que no pude ignorar. Ese 2018-2019 dio entrada al inicio de periodos depresivos fuertes que ya no pude contener por mí misma y que me llevaron a psicología por primera vez. 

La última vez que un Ángel se apareció fue en un vuelo de Corea del Sur a Camboya, regreso a casa, después de un fin de semana de intenso trabajo con estudiantes en un colegio de Seúl. Mi cerebro simplemente decidió que ese era el momento perfecto para recordarme lo inútil, lo basura, lo imbécil, lo ridícula que era y que tal vez lo único que merecía era morirme. Por primera vez me asusté por mi seguridad y esta vez la de otros, porque llevaba conmigo 15 estudiantes y lo único que podía pensar era que tenía que asegurarme que ellos llegaran a casa. Traté como pude de guardar las lágrimas y el dolor que estaba cargando ese día en el aeropuerto pero cada segundo me costaba más. Sólo pude soltar todo cuando por fin me sentí sola... tan sola como alguien se puede sentirse en un avión con otras 200 personas. El punto es que todos eran extraños y mis estudiantes no estaban cerca. Finalmente podía llorar lo que quería, entregarme al dolor sabiendo que no me iba a hacer daño (estaba encerrada) y que ya íbamos todos camino a casa. En algún punto entre tanto llorar por fin sentí sueño y bajé mi cabeza a la bandeja de comida. No sé cuánto tiempo pasó pero una vez más, apareció un ángel. La señora de mi derecha decidió arroparme, abrigarme y darme esa sensación de acompañamiento, tan simple y significativo. No pude llorar porque ya no tenía lágrimas, pero fue justo el acto de amor que necesitaba. Al finalizar el vuelo, la señora me abrazó y dijo algunas palabras en coreano. No tengo que saber el idioma para entender que estaba dándome el mayor aliento que un extraño podría darle a otro cuando lo ve en un momento de angustia como esa señora me tuvo que haber visto a mi. (Cabe resaltar que mostrar tantas emociones no está bien visto en las culturas asiáticas y los coreanos se ofenden e incomodan mucho con eso, lo que hizo este acto de amor muchísimo más significativo: esa señora me trató como me gustaría que mi propia madre me tratara)

Honestamente quisiera no necesitar tantos ángeles para sobrevivir, pero le agradezco a la vida por enviarlos cuando más los he necesitado. No entiendo como la vida me dio esta ridícula idea de ser una líder y también darme esta basura de salud mental que tengo para luego buscar la manera de hacer "lo mejor" con todo eso. Lo que hacen esos ángeles y la razón por la que tienen tanto impacto en mí es que me recuerdan que finalmente hay muchas que yo quiero hacer por gente que tal vez ni sabré su nombre. Hay muchas cosas que quiero hacer en educación y que personas tan random puedan ofrecer una mano me da una sensación de alivio. Ojalá lo pudiera explicar mejor. Finalmente hay tanto amor y cariño en todas partes y esperarlo de los lugares comunes (mi familia, por ejemplo) puede traer más dolor que cuando le doy la oportunidad al servicio que otra gente da incondicionalmente. 

13.1.26

Estaciones: to give myself a little bit of grace.

Verano - Otoño - Invierno - Primavera - Verano - Otoño - Invierno - Primavera

    Aprender sobre las estaciones cuando eres pequeña y vives en un país tropical es interesante. Bueno, también si no tienes los recursos para viajar y estar en un país con temperaturas y climas diferentes al tuyo. Si combinamos esos requisitos, la experiencia de aprender sobre estaciones es interesante. 

    A esa edad para mi se trataba sobre "imaginar" que hay lugares con nieve, que hay lugares donde no hay calor. También imaginar que no hay flores, que no hay hojas verdes en la copa de los árboles. Que todo parece muerto. No, de hecho cuando eres pequeña y estás en primaria nadie te dice que las cosas parecen muertas. Eso es algo que interpretas tú luego.

Continuamos. 

    Aprender sobre estaciones es interesante porque se vuelve un ejercicio de la mente, para imaginar. Que te digan una y mil veces qué es la nieve no es lo mismo a imaginártela, a saboreártela si es que de verdad es como agua congelada pero raspada como en los raspados que venden afuera de la escuela. ¿Será así de simple la nieve? Y qué locura es pensar que hay lugares donde, después del invierno, la naturaleza vuelve a florecer. ¿Cómo que vuelve a florecer? ¿Acaso no hay flores todo el año? ¿Acaso hay que esperar hasta una fecha en especial para ver florecer el mundo? Pero si mi barrio vive lleno de flores todo el tiempo [creo]

    También aprendes que lo más común es que estas estaciones, estos ciclos naturales duren alrededor de tres meses. ¿Cómo? ¿Un día del verano se sienten 40 grados de calor y al día siguiente se caen las hojas de los árboles porque llegó el otoño? ¿Cómo sabe la naturaleza la fecha exacta en la que tiene que cambiar de estación?

    Aprender sobre estaciones es muy interesante porque te reta a imaginarte un mundo que para ti no existe pero que te dicen que hay, que es real. Cuando creces y tienes la oportunidad de experimentar las estaciones el aprendizaje se consolida.

    Experimentar estaciones es único y más si eres adulto y es tu primera vez. Para mi, viajar a Rusia y ver la nieve por primera vez caer no se acercó en nada a la expectativa que tenía de la nieve, sin embargo no dejó de sorprenderme. Vivir en Kazajistán y ver la nieve derretirse y congelarse una y otra vez durante el invierno me hizo entender que el invierno no es un blanco perfecto como en las fotos. Sentir temperaturas por debajo de los 0 grados desde Octubre hasta Abril no fue lo que me enseñaron - esos son seis meses, no tres.

Verano - Otoño - Invierno - Primavera - Verano - Otoño - Invierno - Primavera

    Ahora aquí estoy, años después de todos estos aprendizajes y de estas experiencias pensando en un posible ciclo de mi propia mente que, como la naturaleza, ha decidido que cada tanto ha de dejar de suplir a los árboles con sol, y que para conservarse deberá de dejar caer sus hojas y parecer muerto, aunque por dentro no lo esté. Para que pueda conservar su energía y volver con fuerza unos meses después y pueda florecer y alegrar la vida de aquellos que están ahí y siempre creen que tienes flores floreciendo todo el año porque estás sonriendo casi siempre, ¿no?

    Experimentar estas estaciones en mi mente ha sido único, pero esta vez no porque sea algo que tenga que imaginarme y que me cueste imaginar. Es único porque a mi nadie me enseñó que estas estaciones mentales existían para mí, que como en Kazajistán, el invierno de la depresión sería tan largo que la posibilidad de una primavera parecería imposible. Porque nadie me dijo que no era "normal" que el otoño de mi mente podía llegar de golpe y tornar las hojas color melocotón en menos de una semana.

    Aprender sobre mis estaciones y mis ciclos sí ha sido interesante pero también un proceso doloroso. No sé qué sentir cuando las nuevas flores florecen. No sé cómo cuidarlas y no hacerles daño. No sé si el invierno es por siempre inevitable y lo peor, no sé si seguirán los ciclos trayéndome el verano. Tengo miedo como nunca antes pero quiero darme a little bit of grace. Hay algo bello en verme como un ente que es parte de esta naturaleza y estos ciclos. Me hace sentir menos rota.


23.10.25

Mis versiones.

 De la serie: Lecciones de un viaje de sanación.



Este ejercicio de leerme a través del blog trajo muchos recuerdos pero al mismo tiempo dudas. Sentí que estaba leyendo el diario de una vieja amiga, de la cual sabía todas sus historias. A veces no puedo creer que éstas son mis historias. Ésta ha sido mi vida. Y ha sido solo una. 

Pero aquí estoy, escribiendo desde el sudeste asiático, un lugar al que jamás pensé iba a venir, muchísimo menos un lugar en el que iba a vivir. En agosto se cumplen 5 años de aterrizar aquí y sólo esa versión de mi se me hace lejana. Como que La Lyds que llegó aquí ya no está. O que han sido más de 5 años, más como 5 décadas o algo así.

De las cosas más bonitas que me ha dejado la terapia es darme cuenta que cualquier versión de mi que yo vea: la que vivió con sus papás, la que vivió con su novio inmaduro, la que vivió sola en un cuarto pequeñito, cualquiera de esas Lyds han siempre, siempre estado para sí misma. Han sido años de trabajar en mi depresión y lo más concreto ha sido eso: que cuando creo que no tengo a nadie, siempre me he tenido a mí. Me he cuidado y me he llevado a lugares sin estar muy segura que puedo, pero simplemente haciéndolo. 

A veces me pregunto con qué seguridad la versión de mi en esos momentos toma las decisiones que toma. ¿Y por qué, cómo sabe cuidarse? ¿cómo pudo saberlo? Por ejemplo, cuando me fui de la casa y estaba terminando mi universidad, tuve muchos ataques de ansiedad sobre terminar mi carrera y la monografía (ataques que nunca supe eran de ansiedad en esa época, sólo sabía que así me sentía y esa era yo) En esa época mi comida era lo que sobrara de los almuerzos de mi novio y recuerdo mucho que varias veces la comida se sentía dañada, como vieja. Pero era lo único que había de comer y nosotros ni teníamos el dinero para hacer mercado ni yo tenía la disposición de cocinar (esa versión que no cocina todavía sobrevive en mi, pero me casé con un hombre que cocina... esta versión sabe escoger parejas) En fin, que en esa época era fácil caer en la trampa de graduarme de la universidad y trabajar en cualquier lado por cualquier salario. No teníamos mucho y no teníamos por qué decirle no a las oportunidades que llegaran, por malas que fueran. Aún así rechacé trabajos que pagaban mal porque esa versión de mí, que nunca supe de dónde, sentía que yo no podía conformarme con un mal trabajo. Esa versión de mí sabía que de todo el cohorte que entró conmigo en el 2010-2 a la universidad, sólo éramos 3 personas las que nos graduábamos en el 2015. Esa versión de mí recordaba que de ese cohorte, sólo a mi me habían becado y que había luchado con las garras para mantener esa beca hasta el final de la carrera, incluso cuando me fui de la casa. Esa versión de mí no dejó que me conformara, como si esa versión supiera que si apuntaba alto, iba a lograr subir.

Sólo mirando hacia atrás es que se logran dimensionar ese tipo de decisiones. Siempre lo he pensado y lo he dicho, si yo no hubiera insistido en entrar a trabajar en ese colegio de Chía, no hubiera conocido a quien es ahora mi esposo, no hubiera salido del país, no hubiera ido a Kazajistán, no estaría aquí en Indochina. Así de simple. 

Y poder ver esto en retrospectiva me brinda mucha confianza. La version de ahora pareciera estar en sintonia con la version futura, sabe como llegar alli y me lleva (nos lleva) alli. Ahora mismo siento la fuerza de confiar. Confiar en ese fuego interno que me ha cuidado todo este tiempo, a su manera y de sus formas. 

31.7.25

Diez años

Es 30 de julio de 2015 y te estás graduando de la universidad. Eres oficialmente licenciada en Humanidades y lenguas extranjeras. Hace dos meses atrás celebraste tatuándote por primera vez. Pero, hey, no va a ser la última. Diez años después ya vas a tener 6 tatuajes. Te lo voy a contar, que soy tú pero diez años después.

Voy a empezar por tu grado y el hecho de que no hayas querido invitar a tu papá. Todavía entiendo tu pensar, todavía lo comparto. Tu estúpido novio hizo más por siquiera alimentarte y mantenerte viva que tu propio papá y creías que él se merecía esa invitación. Pero ir a la universidad y graduarte (algo que ninguno de tus padres pudo hacer) es un logro que los sanaba a ellos también. Hay mucho sacrificio detrás, en esa generación y la anterior para que tú puedas tener una carrera universitaria y vivir de ello. No se trataba de reconocerles a ellos lo que hicieron por ti y la universidad (porque muy bien sabes que todo lo hiciste tú, hasta pagarte los semestres y becarte) Graduarte es sin duda TU logro, pero tener una generación de hijos profesionales que no van a pasar hambre y escasez es su logro. 

Siento mucho que la gente de tu vida en ese momento (incluyendo al mismísimo estúpido novio ese) no le hayan dado el valor y la importancia que significaba este logro en tu vida y que una vez más te hicieron sentir que era cualquier cosa que cualquiera hubiera podido hacer fácilmente. (Por ejemplo, te cuento que tu hermana menor está estudiando la misma carrera que tú pero en otra universidad QUE TÚ LE ESTÁS PAGANDO porque ella no pudo entrar a la universidad pública, porque NO, los cupos de la U. pública no los regalan, TE LOS GANAS, y graduarse a exactamente los 10 semestres como tú lo hiciste sólo lo hicieron tú y otras dos compañeras del cohorte que entró a primer semestre en 2010)

Fue una mierda que la gente de tu vida ese día actuara como si no hubiera pasado nada grande y que la excusa de siempre (muy sutil, por cierto) fuera que no había plata para celebrar. Lo siento. Ojalá no hubieras sentido eso ese día. Quiero que sepas algo desde ya - el valor, el amor, no se mide en dinero. Quien te quiere te lo va a demostrar con actos, no regalos, con gestos, no objetos. Va a ser una lección muy difícil de entender, porque vienes de una familia de escasez, que cree que le falta algo, todo el puto tiempo, pero es una lección que llegará a tu vida cuando estés lista, que es de hecho muchos años después de haberte casado. Ay, sí. Te casas, pero espera que me adelanté dos años. Seguimos en el 2015.

Vas a saber esto muy pronto, obviamente pues lo estás planeando, pero sí fue muy bueno que te hayas regalado un viaje a la ciudad que más querías, sola. Sí, es verdad que estuviste con tu ex (en todos los sentidos de la palabra) pero necesitabas verla y saber que debías dejarla ir. Tu obsesión por amores que no pueden ser, o amores que tienen que esperar puede alimentar un futuro inexistente y alejarte del presente (como fue el que no te das cuenta de los millones de RED FLAGS en tu relación en ese momento) El viaje no sólo significó una celebración por una meta alcanzada. El valor que tiene este viaje te centra en la prioridad de tu vida - tú. El día de tu viaje, una persona en tu familia va a morir y sientes que te obligan a quedarte a su funeral. Es la primera vez (de tantas ya) que le vas a decir a tu familia que no. Que sólo las personas que importan merecen tu tiempo, merecen que detengas tu vida por ir a celebrar la de ellos. Ya eres la oveja negra de la familia, no hay diferencia alguna y lo sabes. Te felicito por eso.

Vas a buscar trabajo por lo alto porque sabes que todo el sacrificio en tu universidad no era por migajas de salario en un colegio cualquiera. Porque estuviste tan cerca de renunciar a esta profesión cuando te tocaron las prácticas pedagógicas y tuviste que redireccionar tu visión. Tenías muy claro que ibas a ser la mejor profesora que pudieras ser, pero no por poco. No sin valorarte. La cosa aquí es que tú todavía no sabes que estás en busca de eso - valor y reconocimiento. Pero me alegra tanto saber que lo hiciste, así no supieras por qué. Entras a trabajar en septiembre y es un buen trabajo. Un colegio ridículo de dueños ridículos pero es tu primer trabajo y te abre un espacio a un mundo que no sabías podía ser tuyo también. No sabes cuánto te mereces eso y más. Eres tan del putas, que te dan la coordinación de tu sección en el segundo año. No tienes idea que eso es importante y empieza a marcar algo que la gente ve en tí que todavía te cuesta tanto ver. Vas a trabajar allí hasta junio de 2017 porque te preparas para irte del país. 

Pero otra vez me adelanté. El trabajo no sólo te da dinero que antes no tenías disponible. También te da opciones de pensarte un futuro (que no es fácil, no sabes pensar en el futuro) Por ejemplo, todavía no lo sabes, pero tienes un trastorno depresivo que te acompaña constantemente y justo al entrar a este nuevo trabajo empiezan a aparecer los síntomas otra vez. Curiosamente aquí piensas que algo está mal en tu vida (SI TU RELACIÓN CON ESE ESTUPIDO) y empiezas a buscar cambios. Cambio - tu palabra favorita. Y en medio de esos cambios suceden muchas cosas con una carga energética tan fuerte que no queda nada más que agradecerte por haber impulsado todo eso. Primero, quieres cambios en tu relación y pides más, y pides una pareja que te dé la relación que tú quieres. Le pides al universo con un pajazo mental de que eso va a ser a tu actual pareja se vuelva así. Thank god it didn't work that way. La vida va a hacer que la persona que quiere y puede darte la relación que tú quieres entre a trabajar contigo. Le vas a conocer en mayo de 2016.

También le pides al universo por más cosas que te hagan sentir vida, como viajar en bicicleta como lo hiciste a final de año 2015. Y te cuento que ese ha sido uno de los deseos más importantes de tu vida, porque la bicicleta va a ser un instrumento importantísimo en tu vida y te vas a sentir siempre muy viva sobre ella. Ese deseo de viajar en bici (por más ridículo y suicida que haya sido ese primer viaje) te va a hacer algo que JAMÁS habrías soñado. Hoy, diez años después, te puedo decir que has viajado en bicicleta por Kazajistán, Tailandia, Camboya, Malasia, Vietnam... y que tienes todavía varios viajes en planes para este y el próximo año. No tienes una sino dos bicicletas y tu esposo viaja contigo y puede que ahora ame el ciclismo incluso más que tú.

Como te dije, en tu trabajo vas a conocer a quien es tu esposo hoy y el camino a casarte con él no es nada fácil. La estúpida relación abierta de tu estúpido ex (que también decía que era poliamorosa porque él ni sabía y no quería comprometerse, básicamente) te da la oportunidad de aventurarte con tu esposo. Pasan por mucha, pero mucha mierda y por alguna razón ustedes insisten porque creen que es algo especial (bueno, siguen casados, o sea que sí tenían razón) pero él es quien se va a Kazajistán. Claro, te duele el corazón pero también te abre los ojos. Créeme, sin él, no ves todas las RED FLAGS que hay en tu relación con el estúpido de tu ex. Terminan esa relación y te vas a vivir SOLA. Cuando creías y te había hecho creer que no podías, te vas SOLA y vives los mejores 8 meses en soledad. Es raro porque es como si estuvieras soltera, pero no lo estás. Estás en una relación a distancia con quien es tu esposo porque él ya está en Kazajistán. Y tú te vas a vivir con él en octubre de 2017. 

Antes de viajar afuera del país construyes una relación mejor con tu papá. Tal vez la relación que tanto querías y le pedías al universo poder construir. Es bonita y te puedo decir que valió la pena vivirla, porque al menos tienes el recuerdo de algo que pudo ser mientras él lo permitió, mientras él hacia su lovebombing porque le convenía y estaba orgulloso de ti, pero no por tus logros, sino porque tú eres una extensión de él y lo que tú haces, él se lo atribuye a sí mismo. Mira, te lo digo porque al menos lo intentaste, de verdad te diste la oportunidad de tener una relación con tu papá y no vas a morir con esa duda. Luego en el 2020 vas a aprender que él tiene rasgos narcisistas y que mucho, pero mucho del dolor que cargas a cuestas es un dolor que él te enseño a vivir. Una autoestima que él se encargó de dañar, pero ojo, nunca destruir porque tú tienes los pedazos aún y te puedes reconstruir de a poco después. Entiendes que todo el ruido que hay en tu cabeza es parte de haber sido criada por un padre como él, que aunque ausente, te dañó lo suficiente para dejar su marca. En medio de tu proceso terapéutico vas aprender a distinguir su dolor de tu dolor. Entiendes mejor tu trauma e incluso, entiendes el suyo. Jamás vas a verlo a él tan vulnerable como ahora. Y en medio de navegar tu dolor, hasta te diagnostican Trastorno Límite de la personalidad y por un tiempo a ti y a tu psicóloga les suena ese diagnóstico porque te describe tan perfecto. Pero luego vas a descubrir que ese no es tu diagnóstico, que hay una cosa en inglés CPTSD que te describe muchísimo mejor y que de pronto, tal vez hay otro diagnóstico. No te puedo contar más porque ni yo misma, en el 2025 tengo la respuesta. Volvamos al 2017.

Vives en Kazajistán del 2017 al 2020. Estar tan lejos de todo te hace ocuparte mucho de ti misma por fin, y le prestas más atención a la depresión. Te toca ir a terapia porque finalmente te das cuenta que no puedes sola, que no deberías pasar por esto sola. Y estás en una relación que no es tóxica, que te abre un espacio sano. Un espacio que te incomoda mucho porque no sabías que se podía vivir con tanta paz. Solo estando afuera te das cuenta de lo caótica que es en realidad tu familia y con cuanta ansiedad han vivido todos. Te das cuenta de tu propia ansiedad. Es un trabajo muy duro, pero te da muchísimos aprendizajes que te van a cambiar la vida. Ahí mismo te das cuenta por qué tu graduación es tan importante. Porque la persona que estaba estudiando, la persona que vivía en un cuarto en medio de una depresión y ansiedad, y sacaba su carrera universitaria por delante, si fuera otro humano tal vez no lo hubiera logrado. No te das cuenta, pero empiezas a entender que los niveles de resiliencia que manejas son absurdos. Te merecías más reconocimiento pero sobre todo viniendo de ti misma. La terapia te va ayudar con eso. 

Viviendo en Kazajistán tienes la oportunidad de viajar por el mundo. Conoces Tailandia (primera visita de tantas! y aprendes a bucear alli!), Rusia (vas al fucking Mundial del 2018) Türkiye, Paises Bajos, Curacao, Cuba, Hong Kong, Filipinas, Vietnam (donde se dio otro quiebre importante), Camboya, Francia (lloras como una idiota en París porque te das cuenta que creías que jamás ibas a ir) y al volver a Colombia de visita, tu esposo oficialmente te pide matrimonio. Será la historia que siempre le contarán a los amigos que hacen por el mundo.

Te vas de Kazajistán en agosto del 2020 porque hay una pandemia y estás cansada de vivir allá. Oh sí, HAY UNA PANDEMIA, pero ese fenómeno es mundial así que no tengo que contar mucho aquí. Te vienes al sudeste asiático porque en el verano que fuiste se abre la opción de volver y vivir en el trópico. Empezaste a vivir acá en el 2020 y aunque habías empezado en un rol muy pequeño en el nuevo trabajo porque la depresión te pegó muy duro, luego empiezas a pedir más espacio, empiezas a pedir más. A veces, así no quieras, parece que insistes en dar más, ser más, pedir más. Y vuelves a entender por qué las posiciones de liderazgo te han llamado toda la vida. Por qué sin que nadie te lo pidiera tú te animaste a ser la coordinadora de educación para Bogotá en UTPMP, o por qué sin que tú lo pidieras, en tu trabajo de colegio internacional te piden asumir cargos de liderazgo porque te quieren ahí y en un equipo de 8 personas eres la única latina. Claro, esto no viene con flores, pues así como en Colombia y esa pequeña coordinación que te dio una crisis que ojalá alguien te hubiera podido acompañar, también acá te dan crisis. Luego vas a aprender que cuando asumes tu poder se despierta un trauma en ti y te da miedo, y te congelas, y no quieres continuar. Perdón, pero todavía no sé decirte cómo superar esto. Tal vez porque hasta tan hace poco te has dado cuenta de este patrón que hasta ahora estamos aprendiendo de ello. 

Y entre las cosas que creíste que no podías cambiar estaba el de tu gata, que tu ex mató un año atrás. Claro, ese evento tan traumático no lo vas a cambiar, pero la idea de que no mereces mascotas porque aún te culpabas de que EL tomara la decisión de matar a tu gata, esa idea es una a la que le vas a poder decir adiós. Es un honor decirte que desde el 2021, justamente en tu cumpleaños, tu esposo te regala no uno, sino dos gatos. Te dan el amor gatuno más hermoso y te dijeron desde el primer día que no era tu culpa. Ellos, incluyendo a tu esposo, te han ayudado a sanar esa herida con mucho, pero mucho amor peludito. De hecho, uno de tus nuevos tatuajes son ellos dos, junto a las huellitas de Tabby, que vivirá en tu recuerdo por siempre pero por la enseñanza que te dejó. 

Cuando las cosas parecen estar bien te das el espacio de seguir escarbando y trabajando en lo que está mal, y allá en el 2024 en una presentación que quisiste dar sobre bisexualidad te das cuenta que una gran herida en tu identidad es nunca haber salido oficialmente del clóset como bisexual, porque le restaste importancia a este aspecto tan importante de tu ser. Así que el día de tu presentación sales del closet como mujer bisexual y te aventuras a presentarte no sólo una sino dos veces y empiezas a vivir una vida muchísima más auténtica. Incluso tus estudiantes saben que eres bisexual. Les brindas un espacio seguro a ellos también. Aprendes, aunque te dé miedo a darle espacios seguros a otros porque no sabes lo que es tener uno. Digo, no sabes en el 2015, pero lo vas a ver más claro en el 2025.

En este nuevo país, trabajo y familia, tienes nuevas oportunidades. Conoces Malasia, Luxemburgo, Bélgica, un poquito de Alemania, Emiratos Arabes e Indonesia, otra vez Países Bajos y Francia (sí, otra vez!) y empiezan los viajes en bicicleta que te mencioné antes. Estás en un trabajo que también te brinda la oportunidad de viajar y conoces The Hague y Seoul. Pero en ese último viaje te da uno de los peores ataques de ansiedad, los pensamientos suicidas (a los que ya les prestas atención para trabajarlos) se vuelven incontrolables. Todavía estás superando ese episodio y estás empezando un medicamento por primera vez a ver si estos episodios cíclicos no son tan dañinos. Sigues demostrando mucha resiliencia, créeme. Tal vez esto es algo que no quieres leer y saber que pasa, pero estás trabajando muchísimo por esto.

Tienes un esposo amoroso que te brinda un espacio seguro para ser y vivir estos momentos. Y sí, lastimosamente esto no es algo que descubres instantáneamente y valoras. Hay todavía tantos patrones arraigados que no ves cuando algo tan bonito está ahí. Te has acostumbrado al mal trato que no tienes los lentes puestos para ver cuando la gente no es como tu familia, que no te celebra la graduación como hace 10 años. Das muchas cosas por hechas pero aún así trabajas para mejorar. Tanto que también vas a empezar terapia de parejas con tu esposo, por eso es que te empiezas a dar cuenta de estas cosas. Sí, todavía te toma tiempo, pero hey, tienes 32 años y no sabías que ibas a llegar tan lejos. Tú tampoco sabías cómo celebrarte la graduación porque no sabías cómo carajos lo habías logrado. Parecía que la vida jugaba en tu contra. Te entiendo, te habías rendido hace un tiempo.

No te rindas más. Mira todo lo que vas a crecer en los próximos diez años. Believe, you haven't been happier.

18.7.25

Hoy no quiero.

 Este blog nació porque tuve que cerrar mi primer blog. Desde su nacimiento, decidí que la canción de Julieta Venegas Hoy no quiero le daría su nombre. Está claro que así fue la decisión porque el dominio de este blog también tiene parte de esa letra (me encontraron muerta.blogspot)

Ahora en el 2025 vuelvo a este blog y reivindico ese nombre. Por allá en el 2012 ó 2013 lo cambié a Hoy sí quiero porque me comí el cuento del lenguaje positivo y no sé qué otras mamadas que eran parte de la narrativa de esos años y se me olvidó la esencia de este blog.

Hoy no quiero morir. Hoy no quiero que me encuentren muerta. De eso se trata este blog. Llevo muchos años, demasiado años, todos los años, si quieres, tratando de no morir, tratando con todas mis fuerzas de vivir esta vida porque si la vida no tiene sentido y el resultado final es morir, pues... Hoy no quiero, otro día por favor, hoy quiero quedarme aquí y descubrir algo nuevo de mí misma, del mundo. Déjame morir después. 

Vuelvo a este blog a mis 32 años porque ese divorcio hace 10 años con la depresión no duró mucho. Tal vez sí nos divorciamos pero teníamos propiedades a nuestro nombre y la sociedad no podía romperse. La depresión siguió aquí y se volvió más metódica, más sistemática. Decidió anunciarse y empezar a quedarse en cada octubre. Mi relación cambió con ella también porque era necesario integrarla. La depresión es una enfermedad y creo que no lo tenía claro hace tanto tiempo. Necesitaba darle la bienvenida a la compasión para tratarme diferente y ver estos momentos en los que la depresión despierta y se siente viva mientras yo siento que muero un poco.

Hoy no quiero es la reivindicación de ese sentimiento que tengo de no querer dejar esta enfermedad ganar. Le di la oportunidad a la vida de sorprenderme y cada día me sorprende desde el balcón en mi apartamento en el sudeste asiático tomándome un cafecito colombiano con mi esposo, con quien llevamos juntos 9 años. De estos 9 años, ya van 5 de terapia, con dos psicólogas y dos procesos muy diferentes. De este último proceso, reevaluamos la opción de empezar medicamento y ahora van 40 días de algo nuevo.

¿Cómo más te lo explico? HOY NO QUIERO. Sé que hay vida dentro de mi, aunque ésta comparta habitación con la depresión. Esta luz y esta oscuridad viven juntas, pero HOY NO QUIERO. Porque yo sé que al final voy a morir, todos lo sabemos (todos lo sabemos, ¿verdad?) así que no quiero que esta oscuridad me trague antes de tiempo.

No es justo.


17.7.25

Historiadores.

 En la última semana de colegio, mi compañero Donal, padre de dos hijos adolescentes (y de quienes he sido profesora directamente), me contó que graba ciertas conversaciones que tiene con ellos. Mi cara de WTF lo dijo todo, supongo, porque inmediatamente me dijo: "why not? We will never be the same people. This is history." 

Y sí. No sólo me pareció curioso que lo justificara con su título en Historia, sino que viera la cotidianidad de su vida como padre como parte de la historia, que vale la pena registrar. Una semana después, mi esposo y yo empezamos a ver el documental Turning Point: The Vietnam War, y contaban que fue Kennedy el primer presidente que empezó a grabar las conversaciones que se tenían en La Casa Blanca, y que justo son esos los registros que tenemos ahora históricos de lo que se dijo, de las decisiones que se tomaron para ese conflicto. ¿Qué sería de esta mirada al pasado si no tuviéramos esas grabaciones? ¿si no supiéramos de la propia voz del mismísimo Kennedy lo que se decidió en aquellos años? Ahí entendí con mayor claridad por qué mi colega (y ahora amigo) Donal, historiador, graba las conversaciones con sus hijos.

Me hizo pensar en lo mucho que ahora valoro la historia, porque ahora me convertí en profesora de Humanidades full time y hago de todo (Geography, History, Economics) y la historia empezó a calarse muy fuerte. Tal vez desde que salí del país y entendí la otra perspectiva desde este lado. Todo esto también me hizo pensar en qué he hecho yo para registrar la historia de mi vida... y aquí nos encontramos - Mi blog.

Es increíble cómo este espacio se ha vuelto un espacio de registro histórico de la vida de La Lyds, desde sus 18 años. Ahora tengo 32. Y claro, no es un registro muy puntual, si soy honesta. Faltan DEMASIADOS detalles en cada uno de los posts. ¿Qué cómo lo sé? Porque llevo varias semanas leyéndome a mi misma. Como ejercicio académico. Nah, no es cierto. Como ejercicio terapéutico. Para reconocerme, para entenderme, para recordarme. Faltan muchos detalles tal vez por la naturaleza de este lugar (el hecho de que otros lean estos pensamientos), pero lo interesante de todo eso es que volver a leerme me recuerda que hay detrás. Seguramente alguien más tratando de leer no entendería lo que se dejó de decir (me moriría yo con esos detalles y se perderían para la historia), pero como ejercicio al menos sé yo lo que estaba pasando y eso es suficiente. 

Tal vez ese sea el punto. Que cuando tú vuelvas a los registros históricos de tu vida, tú puedas armar el rompecabezas, como historiador. Qué fácil sería que todos los detalles fueran entregados en una pieza, no? Pero la realidad es que no, nunca un artefacto cuenta toda la historia. Le toca al historiador investigar, unirlo con otras piezas, otros artefactos, escuchar otras voces y así construir el gran rompecabezas de lo que ha descubierto. Justo así siento que este ejercicio de leerme ha sido en los últimos días y estoy tan agradecida por haberme escrito por 14 años, porque puedo seguir armándome.

No he sido constante con mi escritura. Está claro que desde que viví sola y empezó la vida de adulta dejé de visitar este espacio. Sin embargo algo que siguió muy presente fue el escribir en papel. Y desde hace un buen tiempo, cuando quiero, cuando lo siento necesario, escribo en una libreta. En la foto pueden ver las últimas que he usado desde el 2020. A veces es un journal, a veces es un diario, a veces es una idea random. No importa, lo que importa es escribir. Y en estos días con este ejercicio de recordarme y armarme de nuevo con estas palabras, recordé que este ejercicio de escribir viene desde los 10 años, cuando compré una libreta azul escarchada solo porque era muy bonita. Allí empecé a escribir cosas bonitas, cosas que me hicieran el día, hasta que luego empecé a escribir lo que no era tan bonito, lo que me hacía llorar. 

Debe haber algo en la naturaleza del historiador, una necesidad intrínseca de recordar, de encontrar respuestas en el pasado para entenderlo, o para dejar que el pasado explique un poco el presente. Tal vez una necesidad por no dejar morir la memoria. O entender perfectamente que la memoria engaña y que no se puede confiar 100 por ciento en ella. Hay que registrar, hay que guardar, hay que fotografiar. Debe quedar registrado porque así tiene valor después.

No lo sé. Sea lo que sea, aquí estoy, casi 3 años después de mi última publicación porque quiero volver a escribir, porque me gusta mucho este espacio y porque quiero un registro. La historiadora en mí lo necesita.

La Lyds en el 2011. Foto tomada en rollo.

Gracias por leer.   

24.9.21

Carta abierta a mi ex

 Anoche volví a soñar contigo. Con usted, vamos sin tutear esta vez. Anoche después de la última vez que soñé con usted (dos semanas), volví a verlo en mis sueños. Y estas dos últimas veces han sido tan diferentes a las otras veces que lo he soñado a usted en los últimos 5 años.

Y vamos a empezar con esto. Hace 5 años sin decirlo, pero sintiéndolo desde cada célula de mi ser, terminé la relación de 4 años que llevaba con usted. Usted la terminó por mi, porque yo ni fui capaz, porque cuando llegó el momento de pronunciar esas palabras yo no pude. Las había dicho ya en dos ocasiones anteriores, pero en cada una de ellas yo salía corriendo detrás suyo y le prometía que no, que no era en serio, que estaba confundida que me perdonara que... no sé qué más. Usted ganaba siempre. Y esa vez, en octubre fue usted él que se dio cuenta de las palabras que seguramente se veían en mi cara, usted las pronunció por mí, porque yo no era capaz ¿Y si esta vez era como la anterior? ¿y si salía corriendo detrás de usted de nuevo? Estaba tan agotada, tan exhausta que no podía intentarlo una vez más. 

Pero usted, por última misericordia hacia mi ser fue el que me libró de usted mismo. Usted pronunció las palabras que yo no pude, yo asenté con mi cabeza y usted se fue. Por fin, yo no salí detrás suyo. Me encerré en el cuarto en el que vivíamos de inquilinato y me mordí la lengua para no salir detrás suyo.

Eso fue hace 5 años. Aquí estoy escribiéndole una carta porque no sólo anoche soñé con usted otra vez, es que he soñado con usted todo este tiempo. Todos estos CINCO AÑOS. Es la misma pesadilla una y otra vez. Usted es mi pareja Y YO LO ODIO, y más que todo, me asusto. Despierto en Colombia y parece que todo es igual que hace 5 años, pero yo despierto con la consciencia de saber que YO NO VIVO ALLÍ, que usted y yo ya no estamos juntos y que yo estoy felizmente casada. A veces los sueños son tan horribles que según ellos, estoy casada con usted. Y en los sueños entro en pánico, ¿será que todo esto fue un sueño, que nunca me fui, que nunca viví en el extranjero, que nunca crecí como persona?

Hace dos semanas no fue así. La pesadilla empieza igual, y yo siento que estoy en un lugar familiar (cómo no, si han sido 5 años de soñar lo mismo...) pero esta vez le grito a la vida que me devuelva al lugar al que pertenezco. Que yo vivo en Asia, que me fui hace 4 años del país y que me devuelva a los brazos de mi esposo. YO SOY FELIZ Y MEREZCO SEGUIR SIENDOLO. Le grito a usted, por primera vez en todos estos sueños, le grito que lo odio, que usted no se merece ni un segundo de mi vida y le digo que el dolor que usted me provocó en la relación y al matar a Tabby jamás lo dejé de sentir y que no lo quiero volver a ver en mi vida. Casi que le digo que se salga de mis sueños, como si en algún momento fuera consciente de estar en uno y no en la vida real. 

Y no me parece coincidencia porque dos días antes hablo con mi psicóloga por primera vez de usted. Después de 5 años de revivir mi tiempo a su lado una y otra y otra vez, después de revivir las red flags que no vi en su momento (desde el día UNO en que compartimos juntos) me doy cuenta que ya vamos para 5 años de distancia y que ya no puedo más con su recuerdo y con el dolor que me produce. Le hablo a mi psicóloga de cómo se siente esto y a los dos días sueño con usted y por primera vez le digo que se large de mi vida de una vez por todas.

Cinco años es mucho tiempo. Y estoy muy cansada. Demasiado. Resulta que la relación con usted sí me ayudó a crecer, pero también intensificó mis traumas y mis miedos, mis codependencias y mi dolor. Ahora la relación con la persona más especial que la vida me ha dado me parece mentira porque vivo en constante alerta. ¿Y qué tal si también hay red flags que estoy ignorando, como hice con usted? ¿Y qué tal me estén manipulando como lo hicieron antes? Claro, es que si a uno lo manipulan uno no se da cuenta hasta que es demasiado tarde...

NO ES JUSTO pensar así en una relación que me ha hecho crecer más en los últimos 4 años que en los 28 que llevo en esta tierra. NO es justo que sea yo misma la que me sabotee la felicidad que me merezco. PORQUE AHORA SÍ LO CREO. Por primera vez en estos 28 años de mi vida creo que merezco ser feliz, creo que el dolor que siento dentro de mi no tiene porque ser mi marca personal, creo que puedo amar y ser amada. 

¿Sabe que la única persona con la que hablé del dolor que usted me provoca con solo pensarlo fue mi psicóloga? Han sido 5 años de callar, de silencio porque creí que una ruptura amorosa es dolorosa y es normal. Pero resulta que no. No esta relación de manipulación en la que usted deliberadamente me hacía comentarios para hacerme llorar, en la que usted deliberadamente me gaslighteaba para hacerme creer que lo que se había dicho o lo que había pasado no era. Ni siquiera en el tiempo en el que estuvimos juntos hablé de como me sentía con alguien más. Hablé con dos personas cercanas únicamente ese día antes de que usted terminara la relación por mi. Viví este dolor y este sufrimiento en silencio.

Me duele pensar que usted encontró en mi una persona que se haría cargo de su vida de mierda. Alguien que se tomaría la responsabilidad que usted no era capaz de tener. Me duele pensar que usted me uso para vivir y no me dejó vivir. Me parece hasta ridículo darme cuenta sólo hasta ahora del nivel de manipulación que usted tenía sobre mí. ¿Cómo así que usted era un hombre de confianza porque mató a mi gata y me lo confesó? PEDAZO DE IDIOTA, eso era lo mínimo que tenía que hacer. Y después de eso yo tenía que haberme ido. Dejarlo en su mierda de humanidad y salir por la otra dirección.

Todos los días quiero pensar que fue gracias y sólo gracias a que no me fui ese maldito 5 de octubre de su lado que ahora soy feliz al lado de mi esposo. Porque si yo me hubiera ido de su lado, yo no habría flirteado con otra persona, usted no habría usado eso para seguir manipulándome y luego decir que era hora de estar en una relación abierta. Si yo me hubiera ido de su lado ese día, la relación abierta no estaría en vigencia para cuando conocí a quien es ahora mi esposo, para empezar una relación con él incluso cuando le dije a usted que no era así.

Y quiero que sepa que desde lo conocí a él, no hubo un sólo día en que yo no le hubiera mentido a usted. Fui deshonesta con usted porque no era capaz de ser honesta conmigo misma, respetarme y darme la oportunidad maravillosa de estar con él y no con usted. Pero está bien, porque como no me fui de su lado el 5 de octubre de 2014, después en el 2016 disfruté cada segundo con quien es ahora mi esposo porque por esos dos meses en los que estuvimos juntos hubo chispas que me hacían creer que podía ser feliz. 

No estaba equivocada. Cuando él salió del país y vi mi oportunidad de ser feliz, volar con él, supe que era hora de actuar. Y le debo eso a usted. La infelicidad que viví con usted es algo por lo que jamás quiero volver a pasar. 

Le debo a usted SABER desde el fondo de mi ser que merezco ser feliz y que el dolor no tiene que ser mi segundo nombre. Me importa un culo sus traumas, sus miedos, su dolor. Esos jamás fueron ni son mi responsabilidad. Es verdad que a usted le faltaba madurar y dejar de ser un niño. Me costó 5 años verlo. 

Adiós para siempre. Tengo una vida que vivir y disfrutar. 

27.9.20

octubre viene otra vez

Hace un año que sentía que se acercaba Octubre y la costumbre volvía en forma de depresión para esas fechas, no podía llegar a imaginarme la avalancha de cosas que iba a empezar a sentir y vivir internamente.

Fue en el verano que algo hizo click (o se desajustó y no hizo click, más bien). Estaba sobre la moto de pasajera en el tour de comida que empezaba en Hanoi, Vietnam. Venía de dos semanas intensas en Las Filipinas, terminando mi curso de TESOL online y por alguna razón todo parecía normal. Normal viajar por el mundo. Normal tomar un tren, un avión y pagar por estas cosas que me habrían tomado eternidades pagar con el sueldo de profesora en Colombia.

Estaba en esa moto, en el caos del tráfico vietnamita y no podía creerlo. Ahí fue que hizo (o no hizo) click ese algo que me hizo dar cuenta que nada, absolutamente NADA de lo que estaba pasando lo había soñado porque simplemente jamás me había dado el permiso de soñar. Soñar sonaba bonito, soñar era algo que le decían a uno que tenía que hacer de pequeños para cuando uno fuera grande, pero yo decidí dejar de soñar porque se me hacía que eso no era para mí y que era mejor vivir sin la decepción de tener sueños sin cumplir.

Empecé a llorar. Le atribuí el sentimiento a mi SPM porque también era la fecha. Y la verdad es que no. No era sólo eso. Desde ahí empecé a no sólo llorar sino a reflexionar en esos pequeños detalles a los que no le había prestado atención desde hacía unos buenos 4 años. 

Cuando empecé mi relación con el chico Calvin me entregué al pensamiento de disque aceptar todo lo que pasaba porque así tenía que ser. Nunca le pedí más a la vida, nunca me exigí más. Empezamos a vivir juntos con menos de 200 dólares al mes y eso era suficiente. Y sí, no voy a decir que no lo era. Esa fue la época en la que más aprendí sobre mí misma y siempre hablaré del inicio de mi independencia como uno de mis mayores logros porque me cambió para siempre. 

El problema estaba en que me daba pena pedirle a la vida más. Sí, estaba cómoda con 200 dólares. Estaba cómoda viviendo en una pieza en un inquilinato. Estaba cómoda porque en el fondo pensaba que podía ser peor y no lo era, entonces estaba bien. Poco a poco me fui conformando. Me conformé con el dinero, me conformé con mi relación, me conformé conmigo misma. No le exigí más a nadie, ni a él ni a mi misma. Poco a poco me fui perdiendo. 

Entonces vivía en negación. Me hice la pendeja, mejor dicho y por todo ese tiempo me conformé con la mediocridad, con la vida a medias que vivía. Siempre quise viajar por el mundo y sentía que eso era otro sueño que se iba a volver decepción. Dejé de soñar para no vivir frustada pero irónicamente al dejar de soñar ya empiezo a vivir en frustración. Así es.

Sobre esa moto, en menos de dos minutos lloré por no haberme permitido soñar, por haberme negado una vida que claramente sí podía vivir. Estaba ahí en medio del tráfico en fucking VIETNAM. Lloré demasiado en poco tiempo y le dí gracias a la vida por semejante oportunidad. Ahí mismo, sobre esa moto me prometí soñar de nuevo. Me prometí que el próximo viaje no iba a ser uno que planeara mi esposo por su cuenta como si me tuviera que incluir (no que lo haga, pero claramente no era yo quién proponía nada porque eso era soñar, sabes?), o un viaje que planearan nuestros amigos porque ellos sí tenían en su lista de sueños el sudeste asiático y ¡hey! ¿qué tal si ustedes también van?

No, esa vez sentí desde muy el fondo de mi ser que era hora de soñar.

Y señoras y señores, le dí la bienvenida a la depresión. Una depresión que ya estaba asomándose desde Colombia pero que fui callando. Una depresión que se manifestó en el trabajo pero que se volvió una anecdota laboral y no pasó de ahí. Una depresión que gritaba para poder salir y que yo ignoré pensando que todo estaba bien. Una depresión que sobre una moto me hizo reflexionar sobre los sueños que dejé de soñar.

Hace un año que sentía que se acercaba octubre también sentí que la tristeza venía a acompañarme porque la costumbre era más fuerte que la vida que palpitaba dentro de mí. 

Y ahora que se acerca octubre siento la tristeza asomándose una vez más porque la costumbre es fuerte pero ahora no tanto como la vida que palpita dentro de mí. Una vez más le doy la bienvenida porque cada vez que viene tengo algo que aprender. Me siento más fuerte mentalmente para aceptarla. Estoy en terapia, hablo con mi psicóloga y el confinamiento me ayudó demasiado a encontrarme conmigo misma. Estoy en medio del ruido y el caos del sudeste asiático nuevamente pero esta vez estoy centrada, puedo respirar y encontrarme dentro de mí fácilmente.

Será un octubre diferente. Así lo siento esta vez.

8.8.20

Positivo para Covid-19

 Está claro que para final de este año, todos vamos a tener a un familiar, un amigo, un conocido afectado por el nuevo coronavirus. Si usted todavía no lo tiene, le doy la bienvenida. Dí positivo para Covid-19.

Teníamos que planear cómo conseguir las visas de trabajo para nuestro nuevo destino. Desde febrero teníamos trabajo nuevo pero el nuevo coronavirus estaba logrando lo que esta generación y la enterior no había visto. SE PARÓ TODO, y desde entonces no sabíamos qué ibamos a hacer. Sólo sabíamos que nuestros nuevos empleadores nos esperaban en Agosto y que entendían la situación. Nunca cancelaron los contratos, nunca se detuvieron. Sabían que de alguna u otra manera, sus nuevos profesores llegarían. 

Era junio y todavía todo parecía cerrado, las opciones se veían reducidas o simplemente no se veían. Pero en un día todo cambió y nos enteramos que otra mujer necesitaba salir de aquí también hacia el mismo colegio al que ibamos. En menos de tres días ella consigue los contactos para poder procesar la visa de manera remota, simplemente enviando nuestros pasaportes, y tomamos la decisión de hacer el envio juntos.

Había una nueva luz. Se acababa junio y la mejor opción era viajar a la ciudad más grande del país y procesar todo desde allí. No quedarnos en el pueblo en el que vivíamos en el momento justo en que el presidente anunciaba una nueva cuarentena que empezaría el 5 de julio y del que desconociamos los detalles. ¿Habrán vuelos nacionales, internacionales? ¿Podremos salir a montar bici? ¿Estarán todos los negocios cerrados de nuevo? ¿Sólo farmacias y supermercados abiertos? ¿Toque de queda? ¿Quéeee por el amor de dios, quéeee?

Tenía mucho miedo de emprender este viaje, sobretodo porque sabíamos que desde que los vuelos internacionales empezaron, muchos países y aerolíneas en general pedían un certificado negativo del covid-19 y que ir a la ciudad con más casos de contagio era un peligro de por sí. Pero estos miedos quedaron reducidos a nada cuando un día golpean a la puerta de nuestro apartamento y dos enfermeras con trajes de bioseguridad entran y nos piden que nos tomemos un PCR gratis por "prevención" para luego enterarnos que en realidad sólo testeaban gratis a residentes de edificios en donde ya se conocían casos positivos y sólo debían confirmar cuántos más habían allí... Creemos claro, que estos resultados fueron negativos porque no volvimos a saber nada de esa prueba, nadie llegó a casa a ponernos en cuarentena ni a encerrarnos con candado y sabrá Dios qué más (porque pasó con muchas otras personas)

En fin, huirle al virus ya no era una opción porque si no lo estás buscando tú, él llega a ti. Así que con esta información decidimos emprender el viaje. Y entendiendo que venía una nueva cuarentena, todo parecía contrareloj para poder salir del pueblo en el que vivimos 4-3 años. Empezó la semana de empacarlo todo y salir. Estuve bajo mucha presión y estrés, lo normal en una mudanza, ¿verdad? y además tuve una infección cutánea en la espalda que no me dejaba dormir así que estuve afectada tanto emocional como físicamente en la última semana de junio asegurándome que la mudanza se diera, y llegaramos bien a la nueva ciudad...

Nos vimos con nuestros amigos sudafricanos un par de veces, sabiendo que era nuestra despedida. Cenamos en su casa, montamos bicicleta otro día y almorzamos el último. Nuestra amiga se queja de algún dolor de algo y me da miedo que sea el virus, pero ella dice que tal vez es el vino que tomamos el día de la cena. Sí, tal vez es eso. Dejemos la paranoia, por Dios...

Salimos el 4 de julio y llegamos el domingo 5 a Almaty en horas de la madrugada. Estamos cansados de una semana de estrés y decidimos no movemos en todo el día. No queremos hacer nada, nos duele el cuerpo (claro, estuvimos tres días en el suelo empacando una vida entera...) estamos nerviosos porque no sabemos cómo sea el proceso de la visa, etc. No es nada más, nos decimos. Sólo nos vemos con nuestra nueva amiga para hacer el envio de los pasaportes y esperar a que lleguen con la visa.

Yo decido retomar mi rutina de ejercicios el lunes 6 de julio, como venía haciendo en mi casa. Lunes, miércoles y viernes de ejercicio y martes y jueves de yoga. 

No puedo. 15 minutos de ejercicio me quitan el aire de los pulmones. Me duele hasta el alma, no puedo hacer ejercicio, mucho menos estirar siquiera. Me asusto. Maldita sea, ¿será un sintoma de este coronavirus? ¿será que simplemente estoy muy cansada? ¿será la diferencia de altitud entre las ciudades? Quiero creer todo, menos que estoy enferma. Excepto que lo estoy. Lo estamos. Mi esposo y yo presentamos sintomas de gripa. Nuestros amigos sudafricanos reportan que también están enfermos, tienen fiebre. Empieza el miedo. Esto es el virus, todos nos enfermamos...

Tal vez dos días después no puedo sentir sabores. La comida no sabe a nada, mi perfume no huele a nada, el acondicionador que huele delicioso y se siente en toda la ducha ahora... ahora no huele a nada tampoco. Se me va el olfato y el gusto. A mí esposo no. Y recurro a él para que me diga a que sabe todo, a que huele todo. Me asusto. No quiero salir y si salimos, no quiero quitarme el tapabocas ni para cuando tomo algo. Desinfecto todo más de la cuenta. Tengo miedo de estar enferma y peor, de enfermar a otros. Pero mi cabeza crea fantasías y quiere creer que siempre he perdido el olfato y el gusto cuando me da gripa, ¿en serio? no puedo recordar la última vez... no puedo... 

Viene otra amiga a pasar sus vacaciones con nosotros. Basicamente todos estamos de vacaciones aquí, encerrados. Ella había presentado sintomas de alguna u otra manera después de otra visita así que existe la sospecha de que todos (los sudafricanos, la australiana y los colombianos) estuvieramos ya contagiados con el coronavirus. Pero, ¿cómo saberlo?... Los sintomas más obvios son los míos, no todos pierden el olfato y el gusto... pero no todos lo aceptan, nadie dice nada, nadie quiere decirlo en voz alta, es la verdad.

Poco a poco recupero los sentidos. Me toma un buen tiempo, y mi amiga australiana siempre me pregunta porque ella, en su mente, va haciendo un seguimiento y un registro. Luego vienen nuestros amigos sudafricanos porque ya por fin su vuelo de repatriación va a salir y es desde esta ciudad. ¡Qué alegría, ya podrán volver a su hogar! Pero se les nota los nervios, tienen que tomarse la prueba del virus y no dejan de preguntar por nuestros sintomas, por fechas, por todo. Pero su prueba sale negativa y después de tanto estrés y de rogarle a sus respectivas embajadas logran salir de regreso a casa.

Ahora faltamos nosotros. En menos de una semana sale nuestro vuelo también y mientras la visita de ellos, llegan nuestras visas. ¡Estamos listos! Excepto que es finales de julio y las aerolíneas y los gobiernos cambian todo el tiempo sus regulaciones. No, ahora no podemos salir, el vuelo está restringido solo para ciudadanos coreanos. Vuelve el estrés, cambiar vuelos, buscar una ruta que cuadre con los tiempos de entrega del test PCR, que cuadre entre ellos, que implique pocas horas, etc.

Y dos días después tenemos una nueva ruta, nos enteramos de una nueva regulación y sabemos que debemos ir sólo a una clínica coreana autorizada a tomar la prueba. Bueno, entre todo lo malo pasa algo bueno y  nos preparamos para ir el martes. Falta tan poco, ya casi.

Excepto que no. Nuestros amigos sudafricanos, nuestra nueva amiga local, mi esposo y más adelante nuestra amiga australiana testean negativo. Excepto yo. Positivo para COVID-19.

¿Qué sigue en esta historia? No lo sé. Van dos vuelos cancelados. Vamos a nuestra tercera compra de tiquetes. ¿Y yo? Totalmente agotada. Mi mayor miedo era este y se manifestó. ¿Qué puedo decir? Tengo muchos miedos. ¿Contagié a alguien? Estaba tan preocupada por contagiarme que fui muy cuidadosa y quiero creer que todo lo que hice para protegerme a mi misma haya sido suficiente para haber protegido a los demás de mi. Y sí, no dejo de pensar que pude haber hecho más. Que debí creerme desde un inicio que estaba enferma, que ya es un síntoma covid el perder esos sentidos. Que debí tantas, tantísimas cosas.

Hoy me siento mejor. Hoy escribo esto sin llorar, sin juzgarme, sin odiarme como si todo, absolutamente todo fuera mi culpa. Todos mis amigos están bien, yo estoy bien. Desde el 20 de julio retomé mi rutina de ejercicios y me sentí bien. Monté bicicleta en montaña y mis pulmones respondieron de maravilla. Estoy viva y si no entiendo que eso es lo más importante de este 2020, estoy jodida. 

Tengo una red de ayuda y apoyo. Tengo a mi psicóloga y me quedo con lo que me dijo en la última sesión después de enterarnos de todo esto: "te tienes a ti misma, te cuidas y te estás dando el valor y la importancia que te mereces o si no no hubieras pedido esta cita conmigo hoy"

Estoy viva y pronto será negativo

13.3.19

update

Celebré mi cumpleaños este fin de semana en Astaná, la capital. Y fue una locura. No tuve un momento de revelación como el año pasado, ni hubo nadie en el bar al que fuimos esperando a decirme lo que tenía que escuchar. Creo que todo lo que pasó me dio la oportunidad para reflexionar.


Después de escribir para cumpleaños aquí, no pensé que faltara algo más por agregar, pero este fin de semana fue único. Tener en mi mesa a una griega, australiana, un jordano, dos sudafricanos, seis colombianos, un inglés-egipcio y una alemana que como excusa para estar utilizan mi cumpleaños es simplemente genial.

Colombianos, sudafricanos y australiana. El combo.

Hoy desperté pensando que por fuera de mi círculo familiar, nadie más celebró por mí. Y está súper bien. Dejar de pensar que las cosas deberían ser de una sola manera es muy sano. Siempre hay sorpresas y no decepciones.

Durante este fin de semana pasé del sentirme sumamente deprimida (sigo culpando el invierno) a estar en éxtasis y felicidad total. Sí, seguro fueron los litros de alcohol que hubo, why not? Definitivamente cualquier excusa para estar bien es válida.

Y en cierta forma refuerza lo que llevo pensando hace mucho (y sintiendo): no vine a otra cosa sino a ser feliz. Por ejemplo, hace muchos años, durante mi dieta vegetariana + momento económico crítico, optaba por comer poco (para pagar menos). Y aún así en muchas ocasiones no tuve que pagar por mi comida, la gente a mi alrededor me invitaba. Y es algo que sigue, no importa en este momento cuanto dinero tengo en mi cuenta bancaria (que ni yo puedo creerlo), la gente le encanta pagar por mí... ¡y a mí también me encanta!

Una de las tantas rondas de shots que quise pagar y no dejaron.

Es como si la vida me dijera que el dinero nunca va a ser una excusa para ser feliz. Va a faltar o va a sobrar, pero jamás se mete en el camino de mi felicidad.

YMCA 

Y así quiero seguir: con la mente en alto y la certeza de que no hay otra cosa que ser, sino ser feliz.




7.2.19

Pavlodar, segunda parte.

Un año y cuatro meses. Eso llevo viviendo aquí. Un año y cuatro meses cargados de viajes, experiencias, aprendizajes que habría creído inconcebibles si no fuera porque lo he vivido.



Empezaré por los primeros meses. El sentirme aún de viaje, como si aún no entendiera que este lugar no es un pueblo al que vengo de visita, sino al que vengo a quedarme a vivir por who knows how much longer. Los primeros meses todo parece un cuento, todo parece un sueño, todo parece una mentira. Una muy bella. Sin duda alguna seguía con la idea de que en algún momento me iban a despertar e iba a estar en Bogotá, al lado de mi mamá o algo así.

Conseguí trabajo a la semana de haber llegado aquí, en un instituto de estudio que aceptó pagarme por horas y por un buen precio. Básicamente empecé a ganar más que en Colombia por menos horas de trabajo. Fue totalmente independiente e incluso, fue tanto el desorden del instituto y sus clases que me ofrecí a organizarles un currículo para todos los níveles. Para Enero ya lo tenía montado y estábamos listos para ejecutarlo. Mis jefes estaban encantadísimos conmigo y me preguntaron por qué me ofrecía a ayudarlos, si mi intención era llegar a Colombia e implementar algo así o qué. Sinceramente lo hice porque podía y punto. Porque no soportaba el desorden en el que daban las clases y la mediocridad de algunas de mis colegas.

Pero antes de eso empezó una idea. Llegaban nuestras primeras vacaciones -winter break, y no sabíamos a donde ir. (Btw, esquiamos por primera veeeeeez) Finalmente el Sr. Ariza se animó por Tailandia y de paso ir a bucear allá. Y debo decirlo así porque así fue. Él se animó, él decidió, él quería. ¿Yo? Estando aquí me di cuenta que cualquier cosa que yo hubiera soñado había quedado en el olvido. Me di cuenta que cerré la puerta de los deseos y dejé de pensar en ellos.



Estando al otro lado del mundo me di cuenta que no tenía sueños porque una parte de mi se había resignado a no creer en ellos y mucho menos a creer que podían hacerse realidad. Y sé que Ariza notó esa actitud porque la idea de Tailandia no se me podía hacer más ajena. No miraba tiquetes aéreos, no miraba hoteles, no sabía ni cómo empezar. Me sentía una idiota completa y me horrorizaba la idea de decepcionarlo. Él tuvo una mejor idea y dejó los planes en mis manos. Me encargó de ellos para poder hacerlos míos, y a pesar del berrinche que hice y dejar al descubierto mis inseguridades, lo organicé.



Viajamos a Bangkok, donde comimos comida exotica y él se intoxicó, donde vimos Star Wars juntos por primera vez en el cine y tuvimos que levantarnos para el himno nacional!!, donde visitamos un chingo de templos budistas y caminamos y nos estafó cuanto taxista se atravesaba en nuestro camino. Fuimos a Chiang Mai y visitamos un santuario de elefantes donde les dimos de comer y pasamos la tarde con ellos, viéndolos ser en su habitat. Fuimos a Koh Tao y buceamos, muriéndome yo del susto en las clases pero luego amándolo desde  la primera inmersión. Descubrí que el mar es el mejor lugar para aprender a solar el control. Y ahí le dijimos adiós al 2017 y celebrabábamos la llegada del 2018 que nos encontraba juntos, por fin. Bailamos y cantamos hasta el amanecer y disfrutamos del hotel al que decidimos llamarle nuestra luna de miel, porque si no tuvimos boda, al menos íbamos a tener una luna de miel del putas!



Decidí empezar el 2018 pensando que todo lo que estaba sucediendo ya no era un sueño y que no me iba a despertar en Bogotá. Decidí aceptar de una vez por todas que todo es real y que no me está pasando a mí, sino que yo lo estoy generando, ahora de la mano de mi esposo. Me cansé de pensar que todo era una coincidencia y que las cosas sólo pasaban, los sueños se hacían solos realidad y ya.

Koh Nang Yuan

En algún momento lo escribí aquí, cómo me costó aceptar que me habían otorgado la beca en la universidad A MI, no por rifa ni por coincidencia, sino porque lo merecía. Porque mis esfuerzos habían generado ese resultado. Y no fue sino hasta finales del 2015 (dos años después) que lo vine a entender. La vida me había dado esa oportunidad a mí porque era para mí y punto. Lo mismo tuve que interiorizar al vivir aquí. Jamás, ni en mis más locos sueños habría imaginado viajar a Asia y MUCHO MENOS vivir ahí. Y heme aquí, en Asia central, viviendo y aprendido ruso. Русский !

Así que si la vida, cuando le pedí cambios (una vez más) decidió darme ese trabajo en ese colegio (cuando claramente no me iban a aceptar pero OH sorpresa, una profesora de inglés decidió renunciar justo ese mismo día) y la vida decidió darle trabajo a mi futuro esposo ahí, tres meses después y reunirnos en eventos fuera de lo común para que en menos de dos meses nos enamoráramos y la puerta de Kazajistán se abriera (que inicialmente rechacé porque hello darkness my old friend) pero que se volviera a abrir a los dos meses y esta vez dijera que sí... no, sería ridículo seguir pensando que TODO ES UNA MERA COINCIDENCIA Y YA.


Así que el 2018 empezó con ese tono más realista y me dio un poder que no sabía que podía tener. Por eso me decidí a planear un currículo para el lugar donde estaba trabajando y me decidí a llevar a cabo las clases como veía era la mejor opción. Las ideas resonaron y a ellos les gustó, pero a mitad de camino se quedaron atrás y yo necesitaba seguir moviéndome. Para finales de marzo me ofrecieron ser la coordinadora de inglés general del instituto a lo cual dije que sí, pero dijeron que hablaríamos después... dicha conversación nunca llegó. Para finales de marzo el hastío del inverno se vuelve insoportable y ya estaba aburrida en el encierro de la casa. Extrañaba salir en bicicleta más que nunca, extrañaba incluso la rutina de un trabajo con horario fijo. Necesitaba retarme, necesitaba hacer algo y perdí el entusiasmo en mi trabajo. Me aburrí.

Llegó disque la primavera, disfrazada de un invierno menos fuerte. La vida vuelve a hacerse más tolerable con la idea de que en algún momento la temperatura volverá a ser positiva y que la bicicleta que compramos en abril la iba a poder usar. Comí carne de caballo en Nauryz (que debería celebrarse en marzo, pero es aún muy frío y algunos lo celebran en abril) Llegó Mayo. Montamos bici y sentí un nuevo respirar. Me di cuenta que la vida en estaciones es una experiencia única y que le da un toque de novedad a la rutina de todo un año. Uno no es el mismo cada tres o cuatro meses, definitivamente. La vida se reinventa incluso con la ropa que uno empieza a ponerse.  Llegó mayo con una especialización virtual (TESOL) y me animé mucho más. Volví a querer mi trabajo, por lo menos lo que estaba haciendo, no el lugar. Y finalmente llegó Junio con el verano. Participé en la primera semana del Summer Camp en donde trabaja mi esposo y me ofrecí a ayudarles, de donde salió luego una propuesta de trabajo, una entrevista y un empleo fijo en un colegio internacional.

Y así termino la segunda parte. Hablaré del verano, que fue otra experiencia única, después.

25.11.18

Emotional

Esa es la palabra para describir esta experiencia: EMOCIONAL.

Hoy desperté más sensible que de costumbre. Llevo tres meses trabajando en mi nuevo trabajo y la energía que siento desde entonces es indescriptible. Me encanta. A veces odio todo lo que hacen mis colegas, odio el colegio, pero no mi trabajo y no a mis estudiantes. No lo que YO hago.

Por eso sé que valió la pena dejarlo todo allá en Colombia. ¿Que me vine detrás de un hombre? ¡Seguro! Y no lo cambio por nada. Una de las mejores decisiones de mi vida. No sólo he crecido como persona, también he crecido profesional y amorosamente, si se me permite decirlo.

Pero no deja de ser emocional. No deja de sentirse el vacío de casa. No dejo de sentirme homesick solo porque estoy bien acá.

Extraño a mis amigas  y amigos. Extraño tomar café y cerveza, cócteles o comer un helado mientras caminábamos por la ciudad contándonos la vida y el día a día. Compartiendo una y mil historias. Extraño caminar, simplemente eso.

Extraño los domingos de bicicleta, madrugar a las 5 am sólo para montar por horas y horas, llegar a la casa tarde el domingo, tomar una ducha y quedarme en la cama toda la tarde-noche.

Extraño a mi familia. Extraño las visitas, las estupideces dichas y hechas. Extraño lo incómodo, los silencios y los malentendidos.

Extraño tantas cosas que simplemente no voy ni quiero enumerar aquí. Porque este vacío seguramente no se me va a quitar sólo por escribirlo, como un conejito en la garganta que necesita salir.

Escribo esto porque no sé qué más hacer. Este vacío está desde hace mucho y cada día se disfraza de muchos colores y sé que cada día encuentro una manera más para lidiar con él, porque si alguien me pregunta que si me devuelvo allá le diré que no. No quiero. No ahora.

Estoy haciendo lo que me gusta y me están pagando un chingo por hacerlo. Me apasiona lo que hago y aprendo muchísimo haciéndolo. Tengo ahora tantos proyectos en mente que sé que Colombia no me puede ofrecer porque escogí uno de los trabajos menos valorados allá: ser profesora.

Así que no. No vuelvo a Colombia. Así que aprendo y desaprendo a cubrir este vacío que se agranda con cada semana que pasa. ¡Benditas vacaciones que se acercan! Son una recarga de energía inmesa, para seguir. Para no rendirse, para seguir viviendo esta experiencia al otro lado del mundo, aunque sea tan emocional. Benditas vacaciones porque voy a volver a ver a mi familia.

Necesito empezar el 2019 con todo su amor y energía.


21.11.18

Ервакыт, 2018

Hace dos años, tal vez tres, estaba frente al espejo del baño en el colegio donde trabajaba. Estaba maquillándome porque mi jefe no aceptaba que yo no sólo no me maquillara, sino que no fuera al salón de belleza todas las semanas para arreglarme el cabello. Porque claro, mi cabello crespo no podía ser otra cosa que la falta de aseo y arreglo de mi parte. No podía ser resultado de la genética que decidió que heredara estos crespos de mis abuelos.

Eso no era lo que quería decir.

Estaba frente a ese espejo y me pregunté que demonios estaba haciendo ahí, en ese trabajo. Y sobretodo, qué carajos estaba haciendo trabajando en un colegio, si odié tanto el mío. Había pensado jamás volver a él a que me dijeran lo que "tenía que hacer", a que me dijeran lo que "estaba bien y lo que estaba mal", según ellos.

No recuerdo si fue ahí mismo o más adelante que encontré la respuesta a esa pregunta. Yo estaba atrapada en un colegio por gusto. Porque así lo había decidido. No creo que logre jamás cambiar este sistema educativo. Lo que sí sé es que decidí estar aquí para quienes se sintieron como yo me sentí en algún momento, de estudiante.

Esa idea de ser profesora para cambiar el sistema en algún momento lo viví. Pero fue una utopía total. Cuantos más semestres en la universidad iban pasando, más iba entendiendo lo jodido, lo macabro, lo cochino que es este mundo. Y lo sucio que puede llegar a ser la educación, porque sigue siendo un negocio que beneficia a unos tantos.

Y en ese beneficiar a unos y no a otros es que a veces veo que quienes pagan todos los platos rotos de las malas decisiones, malas administraciones y demás, son los estudiantes. A quienes se supone, deberíamos ofrecerles nuestro mejor servicio educativo.

Ahora estoy aquí, frente a este computador sin saber qué pasó el sábado con uno de mis estudiantes. Erba o como suena cuando lo mencionan: Yerba. Fue la única manera en la que pude aprenderme su nombre, porque tiene esa ы rusa que no he podido pronunciar bien. Erba era mi estudiante de inglés del grupo 12 A. Estuve en algunas clases de inglés y en las de apoyo para su examen de IELTS. Desde el inicio noté su bajo nivel en el idioma y desde el inicio lo molesté, con cariño para que se acostumbrara a que le iba a exigir más. Y sí, desde el inicio supe que no iba a tener el mejor resultado, pero que al menos íbamos a intentar mejorar el que tenía entonces.

Lo que no nos esperábamos es que decidiera hacer copia el día del examen, el sábado. Claro, las personas encargadas del examen lo atraparon y anularon todo. TODO. Y no sólo es que no vaya a recibir un resultado ni un certificado de su nivel de inglés. Se trata de no poder siquiera intentarlo  y si de casualidad estaba en sus planes el aplicar a universidades internacionales que exigen el IELTS... bueno, es que me duele seguir.

Ahora mismo se está decidiendo qué va a ser de él. Me siento impotente, me siento frustrada, pero sobretodo me siento emputada. Así. Impotente porque su decisión de hacer copia es sólo suya y tengo más que claro que es algo que él tendrá que aprender a aceptar y ahí yo no puedo hacer nada más. Haberla cagado de esa manera en un colegio donde les encanta señalar a los demás cuando son los otros los que se equivocan (and god forbid it doesn't happen to us). Frustrada porque fue tan poco el tiempo que compartí con él, que habría deseado poder ayudarlo más. Poder escucharlo cuando veía en su cara todas las dudas y todas las inseguridades con las que cargaba. Yo sólo le ofrecí una sonrisa y unas pocas palabras, porque entendía que era difícil para él comunicarse conmigo (la barrera del idioma que él aún no domina, una cultura machista en donde él no tiene permitido decir que algo le está quedando grande y que necesitaba ayuda, urgente). Y emputada porque el colegio y sus profesores son los encargados de promover esa cultura de la copia, para favorecerse a sí mismos. Porque tarde que temprano algún estudiante iba a ser pillado (porque jamás durante los simulacros los detuvieron). Porque permitieron que él, con todos sus miedos y sus inseguridades fuera entre todos el que pagara los platos rotos. Él, sólo porque es otro y no yo

Siento todas estas cosas y más ahora mismo frente a este computador porque no he visto a mi estudiante desde la última clase. Porque no sé si su castigo incluye no volver al colegio, no terminar su bachillerato o qué. Entiendo más que nadie como sus miedos pudieron haber sido más grandes que el sentido común, pero cómo me duele que nadie haya hecho algo para evitarlo. ¿Qué no hice yo para evitarlo? En el post anterior hablé sobre el apoyo que los estudiantes necesitan. Estoy aquí, haciendo un reconteo de los pocos momentos en los que pude brindarle una mano. Los muy pocos. Y como ahora, en donde siento que todos le están dando la espalda (porque ellos también hacen trampa en muchos otros exámenes y es más fácil condenar al de afuera que al de adentro), me pregunto si puedo hacer algo. No para evitarlo, porque su examen ya está más que anulado. Hacer algo para que esos miedos e inseguridades que reconocí en él no se alboroten más con este error que cometió, con las palabras que debe estar recibiendo ahora mismo, juzgándolo después de no haberlo apoyado antes. 

19.11.18

Apoyo.

Estoy tratando de enseñarles a mis estudiantes el poder de persuadir a la gente. Que lo vean más allá de los múltiples ensayos que tienen que escribir. Que lo vean como una herramienta para la vida, porque poder convencer a la gente se me hace una habilidad que vale la pena trabajar.

Pienso en todos esos momentos en que he tratado de convencer a alguien de hacer algo, de pensar diferente o simplemente de compartir mi opinión. Y claro, no siempre es fácil, pero cuando lo logras te abre muchas puertas.

Cuando estaba en octavo (colegio, bachillerato), estábamos estudiando tres materias de tres énfasis diferentes que a final de año debíamos escoger para estudiar por los últimos tres años: pedagogía, comercio o artes. Desde entonces yo sabía que mi vida iba a estar dedicada a la pedagogía, no sabía cómo ni sabía bien por qué, pero lo sabía. Punto. Y desde inicio de año me había enfocado a trabajar fuerte en ese materia, para que me eligieran en ella. Porque la decisión final la tenían los profesores de acuerdo a nuestro desempeño. Sin embargo, en algún punto del año académico empecé a inclinarme por arte. Siempre me gustó el teatro, bailar y hacer cualquier cosa artística. Sentí que eso sería una herramienta genial que podría explorar como profesora o, por qué no, dedicarme al arte y enseñarlo.

Pero la coordinadora de énfasis tenía una idea diferente. Ella sabía de mis intenciones de entrar al énfasis pedagógico y notó que cambié a Artes "porque sí". Yo, en mi inmensa sabiduría sabía que iba a encajar muy bien en pedagogía y empecé a sabotear el proceso. Dejé de entregar trabajos o lo poco que hacía era mediocre. Un día, la coordinadora decidió llamarme y preguntarme que qué había pasado, por qué ese cambio. Recuerdo que mentí, recuerdo que dije que era culpa de mi papá, que no tenía ánimos de hacer ningún trabajo, bla bla bla. Ella dijo que lo que veía era que mis nuevas compañeras eran una mala influencia y que desde que ellas habían escogido Artes, yo había tomado la misma decisión para estar con ellas. Nada más.

Ese día me dijo que la decisión ya estaba tomada y que no importaba si escogía Artes, porque igual me iban a dejar en pedagogía. Punto. Recuerdo que lloré y que iba a hacerle todo el drama del mundo, pero me calmé rápidamente porque notaba que esa actitud infantil no iba a servir. Tenía que ser sincera y tenía que hablarle bien. Persuadirla para cambiar su opinión. Le dije sin más peros: "Yo sé que merezco más que nadie en el mundo estar en el énfasis pedagógico. Nadie más sabe mejor que yo que eso es lo que haré por el resto de mi vida, porque no me veo haciendo otra cosa que no sea ser profesora. Pero Artes es una cosa que sólo voy a hacer por tres años. Y quiero explorar esos tres años para sacar mi lado artístico y ser una mejor profesora. Una profesora que sea creativa y que tiene muchas ideas para aportarle a sus futuros estudiantes. La pedagogía vendrá porque son cinco años de universidad, y toda una vida profesional. Déjeme estar en Artes, no por mis compañeras, porque ellas ni siquiera saben por qué quieren ese énfasis. Yo sí. Quiero ser una profesora creativa."

Resultado: de todas mis amigas, fui la única que entré al énfasis artístico. Claramente fui a hablar con la coordinadora y agradecerle, porque sabía que esa conversación había cambiado todo. Agradecerle por dejarme hablarle. Por entender.

Después de ese capítulo me quedaron dos cosas en mente: uno, que persuadir es una excelente arma, que hay que saber manejar. Y dos, hay que saber leer a sus estudiantes para apoyarlos en lo que realmente necesitan. Esa coordinadora no sólo la convencieron mis palabras, estoy segura que al seguir todo mi proceso sabía qué era lo mejor para mí, y por eso sé que insistió tanto al inicio con no dejarme cambiar de énfasis, porque pensaba que era por influencia de mis compañeras. Pero me permitió hablarle, dejó que le contara por qué y siento que esa apertura de su parte permitió todo esto.

Tal vez sea una bobada, pero le agradezco siempre a ella por enseñarme eso. Enseñarme que hay que saber leer a los estudiantes y apoyarlos en lo que ellos necesitan, aunque a veces ellos mismos no lo sepan. Y lo digo ahora porque es lo que vivo por estos meses últimamente. Mis estudiantes de 12 y ahora de 11 tienen un mundo de cosas en la mente, la presión de la sociedad, su familia y el colegio pidiéndoles todo el tiempo que sean los mejores, que escojan bien sus carreras, que hagan lo que es "correcto".

Escucharlos ha sido un bonito proceso y espero que algún día pueda apoyarlos cuando lo necesiten, así como alguna vez ciertos profesores me apoyaron a mí.