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14.7.11

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Date a girl who reads. Date a girl who spends her money on books instead of clothes. She has problems with closet space because she has too many books. Date a girl who has a list of books she wants to read, who has had a library card since she was twelve.
Find a girl who reads. You’ll know that she does because she will always have an unread book in her bag.She’s the one lovingly looking over the shelves in the bookstore, the one who quietly cries out when she finds the book she wants. You see the weird chick sniffing the pages of an old book in a second hand book shop? That’s the reader. They can never resist smelling the pages, especially when they are yellow.
She’s the girl reading while waiting in that coffee shop down the street. If you take a peek at her mug, the non-dairy creamer is floating on top because she’s kind of engrossed already. Lost in a world of the author’s making. Sit down. She might give you a glare, as most girls who read do not like to be interrupted. Ask her if she likes the book.
Buy her another cup of coffee.
Let her know what you really think of Murakami. See if she got through the first chapter of Fellowship. Understand that if she says she understood James Joyce’s Ulysses she’s just saying that to sound intelligent. Ask her if she loves Alice or she would like to be Alice.
It’s easy to date a girl who reads. Give her books for her birthday, for Christmas and for anniversaries. Give her the gift of words, in poetry, in song. Give her Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Let her know that you understand that words are love. Understand that she knows the difference between books and reality but by god, she’s going to try to make her life a little like her favorite book. It will never be your fault if she does.
She has to give it a shot somehow.
Lie to her. If she understands syntax, she will understand your need to lie. Behind words are other things: motivation, value, nuance, dialogue. It will not be the end of the world.
Fail her. Because a girl who reads knows that failure always leads up to the climax. Because girls who understand that all things will come to end. That you can always write a sequel. That you can begin again and again and still be the hero. That life is meant to have a villain or two.
Why be frightened of everything that you are not? Girls who read understand that people, like characters, develop. Except in the Twilight series.
If you find a girl who reads, keep her close. When you find her up at 2 AM clutching a book to her chest and weeping, make her a cup of tea and hold her. You may lose her for a couple of hours but she will always come back to you. She’ll talk as if the characters in the book are real, because for a while, they always are.
You will propose on a hot air balloon. Or during a rock concert. Or very casually next time she’s sick. Over Skype.
You will smile so hard you will wonder why your heart hasn’t burst and bled out all over your chest yet. You will write the story of your lives, have kids with strange names and even stranger tastes. She will introduce your children to the Cat in the Hat and Aslan, maybe in the same day. You will walk the winters of your old age together and she will recite Keats under her breath while you shake the snow off your boots.
Date a girl who reads because you deserve it. You deserve a girl who can give you the most colorful life imaginable. If you can only give her monotony, and stale hours and half-baked proposals, then you’re better off alone. If you want the world and the worlds beyond it, date a girl who reads.
Or better yet, date a girl who writes.
-Rosemary Urquico. 

12.7.11

Llorar.

Calla, por favor.
¿Hablaba acaso?
Ok, no te pongas con sarcasmos ahora, pero deja de llorar.
¿Que punto tiene?, que no soportes verme llorar porque me veo mal no es suficiente para que deje de hacerlo.
Lo sé, lo sé. No me desesperes más.
No me jodas más.
Lo siento. Sólo quiero que dejes de llorar, en serio, párala. No te sirve de nada llorar.
¿Que no te he dicho lo bien que se siente? ¿como toda la mierda que te puedas guardar sale en forma de lágrima y te sientes más ligero?
Sabes que no entiendo eso.
¿Querés seguir volando conmigo o no?... porque te conviene que no tenga tanto peso encima.


Y la dejo llorar todo lo que tenía que llorar, y retomaron vuelo.

8.3.11


Y no puedo evitar volar,
irme entre pensamientos y suspiros,
sentir sabor a chocolate blanco en mi boca,
escuchar en mi cabeza romances anónimos,
y sin querer queriéndolo,
 quitarte el pantalón.

Sí, mi mente viaja muy lejos.

3.2.11

En la oscuridad no se puede leer.

No tenía sueño.
Estaba decidido a acostarse en su cama aunque sus párpados no le pesaran en absoluto.
Su cama lo llamaba hoy para pensar, no para dormir.

Se acostó entonces, siguiendo su rutina nocturna como de costumbre, sin embargo hoy su destino no era el mundo de los sueños, hoy era el de la imaginación. Cerró pues sus ojos, casi apretándolos, como si de esa manera activara la fórmula mágica en su cabeza para empezar a crear escenarios. No necesitaba esforzarse tanto, y lo sabía pues actores ya tenía.

Se veía y la veía. Sí, a ella.
Le atormentaba el hecho de imaginarla en una cama. -Esta no era la escena que quería para hoy- se decía así mismo varias veces, pero su cabeza no hacía nada para impedirle seguir viendo aquella cama desconocida para él e incluso para ella.

Atormentado aún por ese pensamiento decidió pensar en sí mismo, caracterizarse, pensar sólo en él y no en ella. Pensaba entonces que él quería complacer -maldita cabeza- gruñó por un segundo. Una extraña sensación lo envolvió -quiero complacerla porque es ella quien lo pide- le dijo a esa gran oscuridad en su cuarto. Y así era. Las manos de ella, un poco inquietas, jugaban con el cabello de él, su cuello, su espalda, sus piernas. Aun con ese jean negro y camiseta blanca que impedian su paso, aquellas manos seguían jugando, pidiendo algo que la boca de ella  no podía decir por pena. Pena, aquello que él sentía también era pena. Se avergonzaba de sólo pensar que quería cumplir todos sus deseos, y recordó que fue ella quien despertó esas ganas en él con aquellas miradas en su casa. Esos ojos que ella habría deseado que se volvieran gritos pidiéndole movimientos. Él entendió ese día, pero la pena ganó. Ahora, bajo el poder de la imaginación, no veía por qué tendría que negarse esta oportunidad.

Esta vez ya no eran ojos los que viajaban por su espalda, eran las manos de ella. Él simplemente se detenía a sentir y a seguirla besando -¿por qué no?- le preguntó esta vez a la noche. La besaba sin pedirle nada, mas bien era un 'recibiendo todo'. Ella decía más de lo que habría deseado con sus manos y sus labios. Su lengua, que se paseaba entre los labios de él, le decía algo que él ahora no entendía. -Maldita sea, es mi noche, es mi cabeza, es mi imaginación, ¿y aún así no sé qué quiere ella? ¿No puedo inventalo siquiera?- pensó desesperado.

Su cabeza dio un vuelco al igual que él, que ahora se encontraba sobre ella -pero, ¿c-cómo?- y de inmediato las manos que intentaban quitarle la camiseta blanca le hicieron olvidar su pregunta. Por un momento sintió que los segundos eran más largos. En busca de sensaciones más fuertes, fijó su atención en el cuarto donde se encontraban. Era blanco, y aunque este color antes le hiciera pensar en hielo, en aquel momento no podía dejar de sentir calor. Era un blanco cálido que los envolvía a ambos en pequeños jadeos. Se fijó con más atención en las piernas de ella. En la forma como se estiraban, como se recogían a veces. De nuevo en sus manos que no sabían dónde apoyarse y que a veces querían esconderse en los bolsillos traseros de él. Se fijó en sí y en lo incómodo que se veía. Tenía una posición muy torpe, estaba realmente incómodo y no quería incomodarla a ella. Adoptó, al parecer, la primera posición que encontró y así se quedó. Sus manos, como las de ella, no sabían dónde ubicarse. Se fijó en todas esas palabras que salían del cuerpo de ella y que él no podía leer. Quería complacerla como ella quería, pero la pena lo retenía y le había quitado aquello que a los 4 años aprendió a hacer: leer.

Abrió los ojos como si aquello le sirviera para comprender las palabras y se dio cuenta que las nueve de la mañana ya marcaba el reloj de su mesita de noche.

-¿Lo soñé?- le preguntó, esta vez, a la luz en su cuarto.

16.1.11

Creando y creyendo.

So she asked her if she would come back This late? I'll do it again but I'd start early to take advantage of the night I'm freezing, y'know? Don't ask me that way to hug you! she shouted You know I'd hug you, but it may end up in a kiss Don't you wanna? she asked with her eyes open wide You have no idea. 
So they hugged.