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13.1.26

Estaciones: to give myself a little bit of grace.

Verano - Otoño - Invierno - Primavera - Verano - Otoño - Invierno - Primavera

    Aprender sobre las estaciones cuando eres pequeña y vives en un país tropical es interesante. Bueno, también si no tienes los recursos para viajar y estar en un país con temperaturas y climas diferentes al tuyo. Si combinamos esos requisitos, la experiencia de aprender sobre estaciones es interesante. 

    A esa edad para mi se trataba sobre "imaginar" que hay lugares con nieve, que hay lugares donde no hay calor. También imaginar que no hay flores, que no hay hojas verdes en la copa de los árboles. Que todo parece muerto. No, de hecho cuando eres pequeña y estás en primaria nadie te dice que las cosas parecen muertas. Eso es algo que interpretas tú luego.

Continuamos. 

    Aprender sobre estaciones es interesante porque se vuelve un ejercicio de la mente, para imaginar. Que te digan una y mil veces qué es la nieve no es lo mismo a imaginártela, a saboreártela si es que de verdad es como agua congelada pero raspada como en los raspados que venden afuera de la escuela. ¿Será así de simple la nieve? Y qué locura es pensar que hay lugares donde, después del invierno, la naturaleza vuelve a florecer. ¿Cómo que vuelve a florecer? ¿Acaso no hay flores todo el año? ¿Acaso hay que esperar hasta una fecha en especial para ver florecer el mundo? Pero si mi barrio vive lleno de flores todo el tiempo [creo]

    También aprendes que lo más común es que estas estaciones, estos ciclos naturales duren alrededor de tres meses. ¿Cómo? ¿Un día del verano se sienten 40 grados de calor y al día siguiente se caen las hojas de los árboles porque llegó el otoño? ¿Cómo sabe la naturaleza la fecha exacta en la que tiene que cambiar de estación?

    Aprender sobre estaciones es muy interesante porque te reta a imaginarte un mundo que para ti no existe pero que te dicen que hay, que es real. Cuando creces y tienes la oportunidad de experimentar las estaciones el aprendizaje se consolida.

    Experimentar estaciones es único y más si eres adulto y es tu primera vez. Para mi, viajar a Rusia y ver la nieve por primera vez caer no se acercó en nada a la expectativa que tenía de la nieve, sin embargo no dejó de sorprenderme. Vivir en Kazajistán y ver la nieve derretirse y congelarse una y otra vez durante el invierno me hizo entender que el invierno no es un blanco perfecto como en las fotos. Sentir temperaturas por debajo de los 0 grados desde Octubre hasta Abril no fue lo que me enseñaron - esos son seis meses, no tres.

Verano - Otoño - Invierno - Primavera - Verano - Otoño - Invierno - Primavera

    Ahora aquí estoy, años después de todos estos aprendizajes y de estas experiencias pensando en un posible ciclo de mi propia mente que, como la naturaleza, ha decidido que cada tanto ha de dejar de suplir a los árboles con sol, y que para conservarse deberá de dejar caer sus hojas y parecer muerto, aunque por dentro no lo esté. Para que pueda conservar su energía y volver con fuerza unos meses después y pueda florecer y alegrar la vida de aquellos que están ahí y siempre creen que tienes flores floreciendo todo el año porque estás sonriendo casi siempre, ¿no?

    Experimentar estas estaciones en mi mente ha sido único, pero esta vez no porque sea algo que tenga que imaginarme y que me cueste imaginar. Es único porque a mi nadie me enseñó que estas estaciones mentales existían para mí, que como en Kazajistán, el invierno de la depresión sería tan largo que la posibilidad de una primavera parecería imposible. Porque nadie me dijo que no era "normal" que el otoño de mi mente podía llegar de golpe y tornar las hojas color melocotón en menos de una semana.

    Aprender sobre mis estaciones y mis ciclos sí ha sido interesante pero también un proceso doloroso. No sé qué sentir cuando las nuevas flores florecen. No sé cómo cuidarlas y no hacerles daño. No sé si el invierno es por siempre inevitable y lo peor, no sé si seguirán los ciclos trayéndome el verano. Tengo miedo como nunca antes pero quiero darme a little bit of grace. Hay algo bello en verme como un ente que es parte de esta naturaleza y estos ciclos. Me hace sentir menos rota.


11.12.25

160 días.


Ridículo. No sé por qué lo hice. Todavía no lo entiendo y tal vez jamás voy a recordar la razón detrás de este absurdo. 

En algún momento de julio decidí guardar el blíster de mi medicamento. Tal vez a manera de representación visual de lo que va por mi cuerpo cada día. No creo que haya sido más que eso, y no creo que tuviera más trascendencia. ¿A quién le importa, finalmente?

Lo ridículo fue obsesionarme. Asegurarme que iban a estar conmigo. He viajado a diferentes ciudades y a otros países y he guardado los malditos blísters. Básicamente, he guardado y viajado con basura. ¿Será posible que crea que lo que estoy tomando también es basura?

Si fuera tan simple, lo hubiera dejado ya. Pero llegué al día 160 con esta basura y tampoco la dejé. En total conté blísters para 446 pastillas. Tal vez la idea de que después de 500 pastillas me sentiría diferente y me sentiría bien me hacen doler más la cabeza. Acumulé basura por 160 días y una esperanza inútil de recuperarme. 

Volver a sentir la depresión, y peor aún, sentirla tan incontrolable, tan errática, tan ajena fue tal vez peor que sentirla como la he venido sintiendo en los últimos 10 años. Desear volver al pasado y sentir el dolor que siento, como siempre lo he sentido ha sido la fantasía más ridícula de este año. Bueno, esa y otras tantas que no quiero ni pensar. Me duele mucho la cabeza de pensar. 


Can't wait for it to start again next year! Seasonal depression but make it tropical.

31.7.25

Diez años

Es 30 de julio de 2015 y te estás graduando de la universidad. Eres oficialmente licenciada en Humanidades y lenguas extranjeras. Hace dos meses atrás celebraste tatuándote por primera vez. Pero, hey, no va a ser la última. Diez años después ya vas a tener 6 tatuajes. Te lo voy a contar, que soy tú pero diez años después.

Voy a empezar por tu grado y el hecho de que no hayas querido invitar a tu papá. Todavía entiendo tu pensar, todavía lo comparto. Tu estúpido novio hizo más por siquiera alimentarte y mantenerte viva que tu propio papá y creías que él se merecía esa invitación. Pero ir a la universidad y graduarte (algo que ninguno de tus padres pudo hacer) es un logro que los sanaba a ellos también. Hay mucho sacrificio detrás, en esa generación y la anterior para que tú puedas tener una carrera universitaria y vivir de ello. No se trataba de reconocerles a ellos lo que hicieron por ti y la universidad (porque muy bien sabes que todo lo hiciste tú, hasta pagarte los semestres y becarte) Graduarte es sin duda TU logro, pero tener una generación de hijos profesionales que no van a pasar hambre y escasez es su logro. 

Siento mucho que la gente de tu vida en ese momento (incluyendo al mismísimo estúpido novio ese) no le hayan dado el valor y la importancia que significaba este logro en tu vida y que una vez más te hicieron sentir que era cualquier cosa que cualquiera hubiera podido hacer fácilmente. (Por ejemplo, te cuento que tu hermana menor está estudiando la misma carrera que tú pero en otra universidad QUE TÚ LE ESTÁS PAGANDO porque ella no pudo entrar a la universidad pública, porque NO, los cupos de la U. pública no los regalan, TE LOS GANAS, y graduarse a exactamente los 10 semestres como tú lo hiciste sólo lo hicieron tú y otras dos compañeras del cohorte que entró a primer semestre en 2010)

Fue una mierda que la gente de tu vida ese día actuara como si no hubiera pasado nada grande y que la excusa de siempre (muy sutil, por cierto) fuera que no había plata para celebrar. Lo siento. Ojalá no hubieras sentido eso ese día. Quiero que sepas algo desde ya - el valor, el amor, no se mide en dinero. Quien te quiere te lo va a demostrar con actos, no regalos, con gestos, no objetos. Va a ser una lección muy difícil de entender, porque vienes de una familia de escasez, que cree que le falta algo, todo el puto tiempo, pero es una lección que llegará a tu vida cuando estés lista, que es de hecho muchos años después de haberte casado. Ay, sí. Te casas, pero espera que me adelanté dos años. Seguimos en el 2015.

Vas a saber esto muy pronto, obviamente pues lo estás planeando, pero sí fue muy bueno que te hayas regalado un viaje a la ciudad que más querías, sola. Sí, es verdad que estuviste con tu ex (en todos los sentidos de la palabra) pero necesitabas verla y saber que debías dejarla ir. Tu obsesión por amores que no pueden ser, o amores que tienen que esperar puede alimentar un futuro inexistente y alejarte del presente (como fue el que no te das cuenta de los millones de RED FLAGS en tu relación en ese momento) El viaje no sólo significó una celebración por una meta alcanzada. El valor que tiene este viaje te centra en la prioridad de tu vida - tú. El día de tu viaje, una persona en tu familia va a morir y sientes que te obligan a quedarte a su funeral. Es la primera vez (de tantas ya) que le vas a decir a tu familia que no. Que sólo las personas que importan merecen tu tiempo, merecen que detengas tu vida por ir a celebrar la de ellos. Ya eres la oveja negra de la familia, no hay diferencia alguna y lo sabes. Te felicito por eso.

Vas a buscar trabajo por lo alto porque sabes que todo el sacrificio en tu universidad no era por migajas de salario en un colegio cualquiera. Porque estuviste tan cerca de renunciar a esta profesión cuando te tocaron las prácticas pedagógicas y tuviste que redireccionar tu visión. Tenías muy claro que ibas a ser la mejor profesora que pudieras ser, pero no por poco. No sin valorarte. La cosa aquí es que tú todavía no sabes que estás en busca de eso - valor y reconocimiento. Pero me alegra tanto saber que lo hiciste, así no supieras por qué. Entras a trabajar en septiembre y es un buen trabajo. Un colegio ridículo de dueños ridículos pero es tu primer trabajo y te abre un espacio a un mundo que no sabías podía ser tuyo también. No sabes cuánto te mereces eso y más. Eres tan del putas, que te dan la coordinación de tu sección en el segundo año. No tienes idea que eso es importante y empieza a marcar algo que la gente ve en tí que todavía te cuesta tanto ver. Vas a trabajar allí hasta junio de 2017 porque te preparas para irte del país. 

Pero otra vez me adelanté. El trabajo no sólo te da dinero que antes no tenías disponible. También te da opciones de pensarte un futuro (que no es fácil, no sabes pensar en el futuro) Por ejemplo, todavía no lo sabes, pero tienes un trastorno depresivo que te acompaña constantemente y justo al entrar a este nuevo trabajo empiezan a aparecer los síntomas otra vez. Curiosamente aquí piensas que algo está mal en tu vida (SI TU RELACIÓN CON ESE ESTUPIDO) y empiezas a buscar cambios. Cambio - tu palabra favorita. Y en medio de esos cambios suceden muchas cosas con una carga energética tan fuerte que no queda nada más que agradecerte por haber impulsado todo eso. Primero, quieres cambios en tu relación y pides más, y pides una pareja que te dé la relación que tú quieres. Le pides al universo con un pajazo mental de que eso va a ser a tu actual pareja se vuelva así. Thank god it didn't work that way. La vida va a hacer que la persona que quiere y puede darte la relación que tú quieres entre a trabajar contigo. Le vas a conocer en mayo de 2016.

También le pides al universo por más cosas que te hagan sentir vida, como viajar en bicicleta como lo hiciste a final de año 2015. Y te cuento que ese ha sido uno de los deseos más importantes de tu vida, porque la bicicleta va a ser un instrumento importantísimo en tu vida y te vas a sentir siempre muy viva sobre ella. Ese deseo de viajar en bici (por más ridículo y suicida que haya sido ese primer viaje) te va a hacer algo que JAMÁS habrías soñado. Hoy, diez años después, te puedo decir que has viajado en bicicleta por Kazajistán, Tailandia, Camboya, Malasia, Vietnam... y que tienes todavía varios viajes en planes para este y el próximo año. No tienes una sino dos bicicletas y tu esposo viaja contigo y puede que ahora ame el ciclismo incluso más que tú.

Como te dije, en tu trabajo vas a conocer a quien es tu esposo hoy y el camino a casarte con él no es nada fácil. La estúpida relación abierta de tu estúpido ex (que también decía que era poliamorosa porque él ni sabía y no quería comprometerse, básicamente) te da la oportunidad de aventurarte con tu esposo. Pasan por mucha, pero mucha mierda y por alguna razón ustedes insisten porque creen que es algo especial (bueno, siguen casados, o sea que sí tenían razón) pero él es quien se va a Kazajistán. Claro, te duele el corazón pero también te abre los ojos. Créeme, sin él, no ves todas las RED FLAGS que hay en tu relación con el estúpido de tu ex. Terminan esa relación y te vas a vivir SOLA. Cuando creías y te había hecho creer que no podías, te vas SOLA y vives los mejores 8 meses en soledad. Es raro porque es como si estuvieras soltera, pero no lo estás. Estás en una relación a distancia con quien es tu esposo porque él ya está en Kazajistán. Y tú te vas a vivir con él en octubre de 2017. 

Antes de viajar afuera del país construyes una relación mejor con tu papá. Tal vez la relación que tanto querías y le pedías al universo poder construir. Es bonita y te puedo decir que valió la pena vivirla, porque al menos tienes el recuerdo de algo que pudo ser mientras él lo permitió, mientras él hacia su lovebombing porque le convenía y estaba orgulloso de ti, pero no por tus logros, sino porque tú eres una extensión de él y lo que tú haces, él se lo atribuye a sí mismo. Mira, te lo digo porque al menos lo intentaste, de verdad te diste la oportunidad de tener una relación con tu papá y no vas a morir con esa duda. Luego en el 2020 vas a aprender que él tiene rasgos narcisistas y que mucho, pero mucho del dolor que cargas a cuestas es un dolor que él te enseño a vivir. Una autoestima que él se encargó de dañar, pero ojo, nunca destruir porque tú tienes los pedazos aún y te puedes reconstruir de a poco después. Entiendes que todo el ruido que hay en tu cabeza es parte de haber sido criada por un padre como él, que aunque ausente, te dañó lo suficiente para dejar su marca. En medio de tu proceso terapéutico vas aprender a distinguir su dolor de tu dolor. Entiendes mejor tu trauma e incluso, entiendes el suyo. Jamás vas a verlo a él tan vulnerable como ahora. Y en medio de navegar tu dolor, hasta te diagnostican Trastorno Límite de la personalidad y por un tiempo a ti y a tu psicóloga les suena ese diagnóstico porque te describe tan perfecto. Pero luego vas a descubrir que ese no es tu diagnóstico, que hay una cosa en inglés CPTSD que te describe muchísimo mejor y que de pronto, tal vez hay otro diagnóstico. No te puedo contar más porque ni yo misma, en el 2025 tengo la respuesta. Volvamos al 2017.

Vives en Kazajistán del 2017 al 2020. Estar tan lejos de todo te hace ocuparte mucho de ti misma por fin, y le prestas más atención a la depresión. Te toca ir a terapia porque finalmente te das cuenta que no puedes sola, que no deberías pasar por esto sola. Y estás en una relación que no es tóxica, que te abre un espacio sano. Un espacio que te incomoda mucho porque no sabías que se podía vivir con tanta paz. Solo estando afuera te das cuenta de lo caótica que es en realidad tu familia y con cuanta ansiedad han vivido todos. Te das cuenta de tu propia ansiedad. Es un trabajo muy duro, pero te da muchísimos aprendizajes que te van a cambiar la vida. Ahí mismo te das cuenta por qué tu graduación es tan importante. Porque la persona que estaba estudiando, la persona que vivía en un cuarto en medio de una depresión y ansiedad, y sacaba su carrera universitaria por delante, si fuera otro humano tal vez no lo hubiera logrado. No te das cuenta, pero empiezas a entender que los niveles de resiliencia que manejas son absurdos. Te merecías más reconocimiento pero sobre todo viniendo de ti misma. La terapia te va ayudar con eso. 

Viviendo en Kazajistán tienes la oportunidad de viajar por el mundo. Conoces Tailandia (primera visita de tantas! y aprendes a bucear alli!), Rusia (vas al fucking Mundial del 2018) Türkiye, Paises Bajos, Curacao, Cuba, Hong Kong, Filipinas, Vietnam (donde se dio otro quiebre importante), Camboya, Francia (lloras como una idiota en París porque te das cuenta que creías que jamás ibas a ir) y al volver a Colombia de visita, tu esposo oficialmente te pide matrimonio. Será la historia que siempre le contarán a los amigos que hacen por el mundo.

Te vas de Kazajistán en agosto del 2020 porque hay una pandemia y estás cansada de vivir allá. Oh sí, HAY UNA PANDEMIA, pero ese fenómeno es mundial así que no tengo que contar mucho aquí. Te vienes al sudeste asiático porque en el verano que fuiste se abre la opción de volver y vivir en el trópico. Empezaste a vivir acá en el 2020 y aunque habías empezado en un rol muy pequeño en el nuevo trabajo porque la depresión te pegó muy duro, luego empiezas a pedir más espacio, empiezas a pedir más. A veces, así no quieras, parece que insistes en dar más, ser más, pedir más. Y vuelves a entender por qué las posiciones de liderazgo te han llamado toda la vida. Por qué sin que nadie te lo pidiera tú te animaste a ser la coordinadora de educación para Bogotá en UTPMP, o por qué sin que tú lo pidieras, en tu trabajo de colegio internacional te piden asumir cargos de liderazgo porque te quieren ahí y en un equipo de 8 personas eres la única latina. Claro, esto no viene con flores, pues así como en Colombia y esa pequeña coordinación que te dio una crisis que ojalá alguien te hubiera podido acompañar, también acá te dan crisis. Luego vas a aprender que cuando asumes tu poder se despierta un trauma en ti y te da miedo, y te congelas, y no quieres continuar. Perdón, pero todavía no sé decirte cómo superar esto. Tal vez porque hasta tan hace poco te has dado cuenta de este patrón que hasta ahora estamos aprendiendo de ello. 

Y entre las cosas que creíste que no podías cambiar estaba el de tu gata, que tu ex mató un año atrás. Claro, ese evento tan traumático no lo vas a cambiar, pero la idea de que no mereces mascotas porque aún te culpabas de que EL tomara la decisión de matar a tu gata, esa idea es una a la que le vas a poder decir adiós. Es un honor decirte que desde el 2021, justamente en tu cumpleaños, tu esposo te regala no uno, sino dos gatos. Te dan el amor gatuno más hermoso y te dijeron desde el primer día que no era tu culpa. Ellos, incluyendo a tu esposo, te han ayudado a sanar esa herida con mucho, pero mucho amor peludito. De hecho, uno de tus nuevos tatuajes son ellos dos, junto a las huellitas de Tabby, que vivirá en tu recuerdo por siempre pero por la enseñanza que te dejó. 

Cuando las cosas parecen estar bien te das el espacio de seguir escarbando y trabajando en lo que está mal, y allá en el 2024 en una presentación que quisiste dar sobre bisexualidad te das cuenta que una gran herida en tu identidad es nunca haber salido oficialmente del clóset como bisexual, porque le restaste importancia a este aspecto tan importante de tu ser. Así que el día de tu presentación sales del closet como mujer bisexual y te aventuras a presentarte no sólo una sino dos veces y empiezas a vivir una vida muchísima más auténtica. Incluso tus estudiantes saben que eres bisexual. Les brindas un espacio seguro a ellos también. Aprendes, aunque te dé miedo a darle espacios seguros a otros porque no sabes lo que es tener uno. Digo, no sabes en el 2015, pero lo vas a ver más claro en el 2025.

En este nuevo país, trabajo y familia, tienes nuevas oportunidades. Conoces Malasia, Luxemburgo, Bélgica, un poquito de Alemania, Emiratos Arabes e Indonesia, otra vez Países Bajos y Francia (sí, otra vez!) y empiezan los viajes en bicicleta que te mencioné antes. Estás en un trabajo que también te brinda la oportunidad de viajar y conoces The Hague y Seoul. Pero en ese último viaje te da uno de los peores ataques de ansiedad, los pensamientos suicidas (a los que ya les prestas atención para trabajarlos) se vuelven incontrolables. Todavía estás superando ese episodio y estás empezando un medicamento por primera vez a ver si estos episodios cíclicos no son tan dañinos. Sigues demostrando mucha resiliencia, créeme. Tal vez esto es algo que no quieres leer y saber que pasa, pero estás trabajando muchísimo por esto.

Tienes un esposo amoroso que te brinda un espacio seguro para ser y vivir estos momentos. Y sí, lastimosamente esto no es algo que descubres instantáneamente y valoras. Hay todavía tantos patrones arraigados que no ves cuando algo tan bonito está ahí. Te has acostumbrado al mal trato que no tienes los lentes puestos para ver cuando la gente no es como tu familia, que no te celebra la graduación como hace 10 años. Das muchas cosas por hechas pero aún así trabajas para mejorar. Tanto que también vas a empezar terapia de parejas con tu esposo, por eso es que te empiezas a dar cuenta de estas cosas. Sí, todavía te toma tiempo, pero hey, tienes 32 años y no sabías que ibas a llegar tan lejos. Tú tampoco sabías cómo celebrarte la graduación porque no sabías cómo carajos lo habías logrado. Parecía que la vida jugaba en tu contra. Te entiendo, te habías rendido hace un tiempo.

No te rindas más. Mira todo lo que vas a crecer en los próximos diez años. Believe, you haven't been happier.

24.7.25

Easier said than done.

El siguiente texto fue escrito en enero de 2020. Justo unos días después de haber empezado mi primer proceso de psicoterapia. Cuando tuve que alzar la mano, pedir ayuda. Cuando por primera vez Bulmaro iba a salvarme la vida, pero no por última vez tampoco.

Estoy en un limbo de no sentir nada cinco días y luego sentirlo todo en dos minutos. Ha sido fácil, ha sido difícil. Pienso en el dolor y no lo puedo sentir. Luego lo siento muy en el fondo de mi alma y no logro procesarlo.

Hace sólo dos meses estaba devastada, vuelta mierda. Y ahora mismo no logro recordarlo, no logro volver a ese lugar para ver cómo era que se sentía. Como si ya no pasara nada.

Volví a un lugar conocido que aún se siente extraño. Un lugar que juraba con mi vida que esta vez era nuevo. Pero resulta que no. Este lugar es el de siempre, al que he ido recurrentemente, al que mi cabeza me lleva de cuando en cuando y lo disfraza de reacciones de diferentes situaciones. Un lugar que me debería ser muy familiar y no logro configurar pero en el que increíblemente me siento cómoda.

Dios, no sé si me explico. Seguramente no.

No sé en qué momento me mentí y pensé que la depresión era algo del pasado. Algo superado y enterrado en el pasado de mi ser. Algo vivido por allá al otro lado del mundo y que no viaja tan lejos como yo y que no le gusta la nieve.

Aquí está y quién sabe cuánto tiempo quiera quedarse. No sé si quiera saber lo que es la primavera y cómo se siente el verano. De hecho, no sé si realmente ya lo sabe porque nunca se había ido. Viajó conmigo y siempre ha estado aquí. Y siempre lo va a estar porque es mi compañero fiel.

18.7.25

Hoy no quiero.

 Este blog nació porque tuve que cerrar mi primer blog. Desde su nacimiento, decidí que la canción de Julieta Venegas Hoy no quiero le daría su nombre. Está claro que así fue la decisión porque el dominio de este blog también tiene parte de esa letra (me encontraron muerta.blogspot)

Ahora en el 2025 vuelvo a este blog y reivindico ese nombre. Por allá en el 2012 ó 2013 lo cambié a Hoy sí quiero porque me comí el cuento del lenguaje positivo y no sé qué otras mamadas que eran parte de la narrativa de esos años y se me olvidó la esencia de este blog.

Hoy no quiero morir. Hoy no quiero que me encuentren muerta. De eso se trata este blog. Llevo muchos años, demasiado años, todos los años, si quieres, tratando de no morir, tratando con todas mis fuerzas de vivir esta vida porque si la vida no tiene sentido y el resultado final es morir, pues... Hoy no quiero, otro día por favor, hoy quiero quedarme aquí y descubrir algo nuevo de mí misma, del mundo. Déjame morir después. 

Vuelvo a este blog a mis 32 años porque ese divorcio hace 10 años con la depresión no duró mucho. Tal vez sí nos divorciamos pero teníamos propiedades a nuestro nombre y la sociedad no podía romperse. La depresión siguió aquí y se volvió más metódica, más sistemática. Decidió anunciarse y empezar a quedarse en cada octubre. Mi relación cambió con ella también porque era necesario integrarla. La depresión es una enfermedad y creo que no lo tenía claro hace tanto tiempo. Necesitaba darle la bienvenida a la compasión para tratarme diferente y ver estos momentos en los que la depresión despierta y se siente viva mientras yo siento que muero un poco.

Hoy no quiero es la reivindicación de ese sentimiento que tengo de no querer dejar esta enfermedad ganar. Le di la oportunidad a la vida de sorprenderme y cada día me sorprende desde el balcón en mi apartamento en el sudeste asiático tomándome un cafecito colombiano con mi esposo, con quien llevamos juntos 9 años. De estos 9 años, ya van 5 de terapia, con dos psicólogas y dos procesos muy diferentes. De este último proceso, reevaluamos la opción de empezar medicamento y ahora van 40 días de algo nuevo.

¿Cómo más te lo explico? HOY NO QUIERO. Sé que hay vida dentro de mi, aunque ésta comparta habitación con la depresión. Esta luz y esta oscuridad viven juntas, pero HOY NO QUIERO. Porque yo sé que al final voy a morir, todos lo sabemos (todos lo sabemos, ¿verdad?) así que no quiero que esta oscuridad me trague antes de tiempo.

No es justo.


9.11.21

Navidad

 De la serie: Lecciones de un viaje de sanación



The opposite of love is fear
I'm still trying to get
used to how the former feels
'Cause it feels so new
You think you know me
Wait 'til I open up to you


Le dije constantemente a la gente que me pretendía cuando tenía alrededor de 15 años en adelante, que a mí la navidad no me gustaba. Era un poco de todo: yo tenía que ir en contra de todo lo que al resto del mundo le gustaba, por ejemplo, era la edad para hacerlo. Si a los demás les gustaba esa fecha, pues a mí no. ¡Hola, mírame, soy diferente! Tambien porque tenía que establecer eso que me hacía yo, entonces decidí que la Navidad no hacía parte de mi personalidad. Pero en realidad era una fecha que detestaba y me costaba decirlo porque no entendía muy bien por qué. Se me era más fácil decir que era por la rebeldía adolescente.

Han pasado muchos años ya y la navidad no me llena de motivos para celebrar aún. Y cuando la adolescencia dejó de ser una excusa, no encontré motivos para odiarla. Solo la detestaba por ser.

O eso creía. La verdad es que la fecha es una ocasión para celebrar en familia y el problema no ha sido la navidad en sí - ha sido mi familia, all along. Mi familia que solo cumple con un requisito para ser familia: hay dos personas que hacen de padres (en este caso una mujer y un hombre, a quienes llamaremos Mamá y Papá), ellos tuvieron cuatro hijos (tres de ellos a quienes llamaremos Hermanos) y yo, otro miembro más en ese grupo. También hubo una Hermana, pero ella fue menor, y no participó en esta dinámica cuando yo era niña.

El concepto de familia ha sido para mí, por muchos años de mi vida, una vacía definición de roles impuestos. Mi papá es mi papá porque embarazó a mi mamá y le tocó quedarse. Ustedes dirán que no le tocó, pero sí porque entonces se habría ido, ¿no? Y a él le queda muy bien el papel de víctima, así que para la comodidad del jefe de la casa, vamos a decir que le tocó quedarse. A mi mamá le tocó ser mamá porque quedó embarazada, a mis hermanos les tocó nacer y a mi me tocó ser su hermana... Así más o menos. Por mucho tiempo eso ha sido familia. Nada más, nada menos.

Y aunque suene triste y depresivo, por fin es algo que puedo decir porque soy consciente de ello. Soy consciente que no tuve una base emocional estable al crecer, que aprendí a desconfiar, que aprendí a controlar para encontrar algo de seguridad y estabilidad, porque no me daban de eso en mi familia. Que rogué y pedí a gritos que me valoraran y me reconocieran y que en vez de alimentar mi autoestima, mi familia alimentó mis deseos suicidas. Ideas intrusivas que me dicen una y otra vez que no valgo nada y que no merezco amor.

La navidad es sinónimo de amor en familia. ¿Díganme cómo no iba a odiarla? Familia - Amor, son cosas que han sido ajenas a mí. Me llena de mucha tristeza aún escuchar a la gente a mi alrededor hablar de sus familias, de sus navidades, ver sus caras llenas de vida y felicidad cada vez que recuerdan esos momentos que se sienten únicos y especiales. Yo no hablo, llevo bastantes años en los que no hablo y no comparto mi vida. He notado lo depresiva y triste que es para los demás. Para mí misma. Todas las historias, todas las anécdotas que tengo llevan a un trauma o a una herida que está ahí latente. Una que parece normal porque al fin y al cabo era una realidad que viví hasta mis 20 años.

Me llena de tristeza y de sorpresa darme cuenta que todo lo que alguna vez tomé por normal no lo era. No lo es. Que no todas las navidades son tristes, que no en todas las navidades te quieres morir y desaparecer. Que las navidades no son una época de rencor y de dolor que hay que revivir hasta que cada víctima y victimarios lleve en su piel el tatuaje del dolor bien marcado, como al ganado que le tocó estar ahí, a merced de sus dueños. Que no es una época para agradecer esa marca como símbolo de pertenencia en ese grupo llamada Familia porque al final, era mejor estar mal acompañado que solo. O algo así.

Sé que dejé a mi familia hace ocho años ya, pero esa marca de ganado queda para siempre en la piel y solo puedo cubrir la cicatriz que deja. Una marca que me acompaña fielmente pero que espero no determine más mi ser. Parte de este viaje de sanación ha sido entender donde se dibujan las líneas, donde se marcan los límites. Donde está mi rol como hija, como hermana y donde están los roles de los otros actores en esa familia. Incluso, entender su rol dentro de esta dinámica familiar que no es la de Disney, ni la de Hollywood. Empezar a deconstruir un concepto que tenía de mí misma e incluso de una fecha tan importante culturalmente y que no determina quién soy, sino que es parte de mi experiencia y puede ser una historia más. Una que tal vez comparta, cuando sienta que quiera hablar cuando la gente comparta sus propias anécdotas de navidad y yo no sienta que las mías duelan.


27.9.20

octubre viene otra vez

Hace un año que sentía que se acercaba Octubre y la costumbre volvía en forma de depresión para esas fechas, no podía llegar a imaginarme la avalancha de cosas que iba a empezar a sentir y vivir internamente.

Fue en el verano que algo hizo click (o se desajustó y no hizo click, más bien). Estaba sobre la moto de pasajera en el tour de comida que empezaba en Hanoi, Vietnam. Venía de dos semanas intensas en Las Filipinas, terminando mi curso de TESOL online y por alguna razón todo parecía normal. Normal viajar por el mundo. Normal tomar un tren, un avión y pagar por estas cosas que me habrían tomado eternidades pagar con el sueldo de profesora en Colombia.

Estaba en esa moto, en el caos del tráfico vietnamita y no podía creerlo. Ahí fue que hizo (o no hizo) click ese algo que me hizo dar cuenta que nada, absolutamente NADA de lo que estaba pasando lo había soñado porque simplemente jamás me había dado el permiso de soñar. Soñar sonaba bonito, soñar era algo que le decían a uno que tenía que hacer de pequeños para cuando uno fuera grande, pero yo decidí dejar de soñar porque se me hacía que eso no era para mí y que era mejor vivir sin la decepción de tener sueños sin cumplir.

Empecé a llorar. Le atribuí el sentimiento a mi SPM porque también era la fecha. Y la verdad es que no. No era sólo eso. Desde ahí empecé a no sólo llorar sino a reflexionar en esos pequeños detalles a los que no le había prestado atención desde hacía unos buenos 4 años. 

Cuando empecé mi relación con el chico Calvin me entregué al pensamiento de disque aceptar todo lo que pasaba porque así tenía que ser. Nunca le pedí más a la vida, nunca me exigí más. Empezamos a vivir juntos con menos de 200 dólares al mes y eso era suficiente. Y sí, no voy a decir que no lo era. Esa fue la época en la que más aprendí sobre mí misma y siempre hablaré del inicio de mi independencia como uno de mis mayores logros porque me cambió para siempre. 

El problema estaba en que me daba pena pedirle a la vida más. Sí, estaba cómoda con 200 dólares. Estaba cómoda viviendo en una pieza en un inquilinato. Estaba cómoda porque en el fondo pensaba que podía ser peor y no lo era, entonces estaba bien. Poco a poco me fui conformando. Me conformé con el dinero, me conformé con mi relación, me conformé conmigo misma. No le exigí más a nadie, ni a él ni a mi misma. Poco a poco me fui perdiendo. 

Entonces vivía en negación. Me hice la pendeja, mejor dicho y por todo ese tiempo me conformé con la mediocridad, con la vida a medias que vivía. Siempre quise viajar por el mundo y sentía que eso era otro sueño que se iba a volver decepción. Dejé de soñar para no vivir frustada pero irónicamente al dejar de soñar ya empiezo a vivir en frustración. Así es.

Sobre esa moto, en menos de dos minutos lloré por no haberme permitido soñar, por haberme negado una vida que claramente sí podía vivir. Estaba ahí en medio del tráfico en fucking VIETNAM. Lloré demasiado en poco tiempo y le dí gracias a la vida por semejante oportunidad. Ahí mismo, sobre esa moto me prometí soñar de nuevo. Me prometí que el próximo viaje no iba a ser uno que planeara mi esposo por su cuenta como si me tuviera que incluir (no que lo haga, pero claramente no era yo quién proponía nada porque eso era soñar, sabes?), o un viaje que planearan nuestros amigos porque ellos sí tenían en su lista de sueños el sudeste asiático y ¡hey! ¿qué tal si ustedes también van?

No, esa vez sentí desde muy el fondo de mi ser que era hora de soñar.

Y señoras y señores, le dí la bienvenida a la depresión. Una depresión que ya estaba asomándose desde Colombia pero que fui callando. Una depresión que se manifestó en el trabajo pero que se volvió una anecdota laboral y no pasó de ahí. Una depresión que gritaba para poder salir y que yo ignoré pensando que todo estaba bien. Una depresión que sobre una moto me hizo reflexionar sobre los sueños que dejé de soñar.

Hace un año que sentía que se acercaba octubre también sentí que la tristeza venía a acompañarme porque la costumbre era más fuerte que la vida que palpitaba dentro de mí. 

Y ahora que se acerca octubre siento la tristeza asomándose una vez más porque la costumbre es fuerte pero ahora no tanto como la vida que palpita dentro de mí. Una vez más le doy la bienvenida porque cada vez que viene tengo algo que aprender. Me siento más fuerte mentalmente para aceptarla. Estoy en terapia, hablo con mi psicóloga y el confinamiento me ayudó demasiado a encontrarme conmigo misma. Estoy en medio del ruido y el caos del sudeste asiático nuevamente pero esta vez estoy centrada, puedo respirar y encontrarme dentro de mí fácilmente.

Será un octubre diferente. Así lo siento esta vez.

26.6.20

Resignificar el descanso

Era el 2011. Tenía 18 años y estaba en un proceso de reconocimiento, en un viaje interior. Uno costoso, uno que ahora es supremamente estigmatizado y criticado. Un viaje personal.

En ese viaje personal (o este, que continua) conocí a una chica que me gustaba mucho pero que entre coqueteo y coqueteo nos dabamos la oportunidad de hablar de cosas profundas, sobre la vida, nuestras vidas, la universidad, ser gays... Ella en algún punto notó lo ansiosa que vivía yo. Notó que incluso, en medio de un paro académico, en donde nuestras clases estaban paradas, no habían proyectos, ni trabajos que entregar, yo estaba en constante alerta.

Un día ella me dijo que me relajara y descansara, a lo cual yo le dije No. Ella en su total preocupación me preguntó: ¿y por qué no? Han pasado nueve años desde entonces y ese momento aún vive clavado en mí porque hasta el día de hoy no sé responder a esa pregunta. Sé que ese día titubeé, dí una respuesta incompleta, confusa, estúpida. Ella sugirió que me desconectara, que apagara el celular, que fuera a mi lugar favorito en la ciudad y me quedara allí, en silencio conmigo misma. Su sugerencia me dio pánico, me pareció horrible y peor aún, me pareció imposible.

Nueve años y varias sesiones de terapia me han demostrado que no sé descansar. Y sigo reviviendo ese momento en el que aquella chica me preguntó por qué no podía relajarme. ¿Por qué dije que no hace 9 años cuando no tenía ninguna responsabilidad seria, cuando aún no pagaba arriendo, no pagaba por mi alimento, cuando aún vivía con mis padres? ¿Por qué dije no cuando no trabajaba y no debía responderle a ningún jefe? ¿Por qué le dije que no incluso cuando nuestra universidad estaba en paro, no habían clases, no habían tareas?

La respuesta fue un simple y contundente no, que salió desde el fondo de mi ser. Irónicamente ahora mi tarea ha sido viajar hacia mi interior nuevamente y encontrar el por qué de ese No. Un viaje que inicialmente me devolvió a un estado de alerta para estar pendiente de mis recaidas, para estar pendiente de que la depresión no volviera y golpeara tan fuerte, para tener el control. Pero la pregunta vuelve... hey, ¿y por qué no simplemente descansas?

He decidido que me entrego al descanso y no al hacer para encontrar la respuesta. ¿Qué pasa si descanso y dejo la ansiedad por hacer cosas? ¿Qué pasa si sólo soy?

Vamos a ver cómo me va.


18.3.20

Pánico afuera, paz adentro.

Hay pánico pero no papel higiénico. Hay calma pero no cura.

Estos días son de desorden y nos demuestran lo mucho que nos gusta tener todo bajo control. Aunque sea el trabajo que odiamos, aunque sea la vida y la rutina que quisiéramos cambiar. Ahora hay quietud, no hay nada más y el mundo pareciera caerse en pedazos porque cambió tan pronto. Tan rápido y no nos dijeron cómo era que tocaba hacerlo estos días, meses, años tal vez?

El diagnóstico de la psicóloga no es prometedor y pareciera que en cualquier momento la bomba que tengo en mi cabeza va a explotar. ¿Me voy a matar? ¿Me voy a hacer daño o a alguien más? ¿Voy a golpear las paredes hasta romperme la mano? Bueno, eso entra en la categoría de hacerme daño.

Pareciera que el mundo entra en caos apenas nos piden calma y que nos demos unos días en casa. Entiendo que esto sea una pandemia, pero le agradezco desde el fondo de mi corazón y mi mente desbaratada que haya llegado. Por fin puedo descansar.

Tal vez muchos no estén de acuerdo conmigo, pero ahora mismo no me importa en absoluto. Que si no me iba a matar un virus, me iba a matar mi cabeza. Ahora hay silencio, demasiado silencio en casa... Y me siento en paz.

Apenas han sido tres días. Qué fácil es volver a respirar.

27.2.20

Severa depresión

Aquí estoy otra vez. Este lugar es muy familiar. Este lugar emocional se siente parecido, no es igual, pero se siente muy similar a otro. Duele, duele mucho. Luego deja de doler y todo vuelve a la normali... no. Otra vez duele, esta vez parece que duele más, muchísimo más. Es demasiado intenso. Vienen las lágrimas, ¿por qué son esta vez? ¿qué fue lo que pasó?

Nada. Pero de pronto va a pasar. Llora, prepárate para lo peor porque lo peor siempre está por llegar.

O tal vez no. Relájate, sólo fue un mal día. Tal vez llovió, tal vez estuvo opaco el día. Ya volverás a sentirte bien.

O tal vez sí. Sí era un día de sol, de mucha luz, de calor. Tal vez es que ya no lo sientes, tal vez ya no te das cuenta de la luz que hay, ni afuera ni adentro.

¿Qué te pasa? Si ya habías estado aquí, si te parece familiar este lugar, ¿por qué no haces lo de siempre y vuelves a lo normal?

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Pensé que una de mis peores crisis depresivas había sucedido hacia cinco años.
Pero resulta que creces y la depresión también madura contigo. Aprende contigo, de los errores, de los éxitos. Y está ahí, pendiente para cuando te vuelves a perder. Cuando vuelves a creer que hay algo normal y que la vida sigue una sola línea. Viene para despertarte.

Y ya me quiero despertar porque aunque este lugar parece familiar, no es cómodo y me duele más, no sé por qué. ¿Será porque había pensado que jamás daría un diagnóstico de depresión severa a estas alturas de la vida, con todo lo que ha pasado?

¿Qué pasa?