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1.6.17

Mi paso por Techo, parte 1.

Cuando Pez propuso la idea de escribir en nuestros blogs y empezamos a preguntarnos sobre lo que iríamos a escribir en común, ella habló sobre lo que fue Techo y la vida después de eso. (Techo: Un techo para mi país, organización sin ánimo de lucro que trabaja con comunidades vulnerables en varios países en latinoamérica, en los que estuvimos Luna, Pez y yo)

Si leyeron bien mi actualización se habrán dado cuenta que no escribí sobre mi paso por la organización, como si lo hubiese olvidado. Y sí, lo olvidé. Se me hizo curioso que algo tan importante no quedara guardado en esa actualización y me puse a pensar por qué. Por qué no escribiría sobre lo que significó para mí dos años y algo dentro de la organización y el haber trabajado desde un voluntariado con comunidades en Bogotá.

¿Por qué? No sé, no lo tengo claro, pero supongo que era porque se merecía su post completo y único. 
Empecemos.


Julio 2011: A Techo llegué cuando aún era UTPMP, en julio de 2011 (¿o junio?) y sin saber de la organización y por ayudar a Luna, fui a apoyar la Colecta Nacional de ese año en un punto al norte de Bogotá. Sí, Luna me arrastró esa vez y no, no me enamoré inmediatamente ni nada. Según un tipo en un carro que me dio $20 mil pesos, fueron mis ojos los que lo convencieron de donar y pues... sí, me vendí para reunir dinero jaja así que acepté lo que dijeran ese día con tal de recaudar lo que se quería para las construcciones que venían en agosto. (No supero lo de ese tipo, Luna, jajaja) En fin. Ahí no empezó todo, simplemente me inscribí para ser parte de la Colecta y ya.

Septiembre 2011: Estaba en la segunda fase de un taller de liderazgo y coaching que tomé en agosto y nos pedían trabajar en todas las áreas de nuestra vida, entre esas Comunidad. Como todos en ese grupo, entré en pánico porque no tenía idea cómo trabajar en esa área y me apoyé en uno de los tantos boletines que Techo empezó a enviar a mi correo desde mi inscripción a la colecta. Justo recibí uno en el que hablaban de una especie de venta de garaje o algo así en un barrio Altos del Pino al sur de la ciudad (muy al lado de Soacha, municipio vecino de Bogotá) y simplemente me decidí a ir un domingo porque "era la tarea". Di la vuelta más estúpida en Transmilenio y me aventuré una hora más en bus hasta llegar al dichoso barrio. Fui sola, no conocía a nadie pero me arriesgué a hacer la tarea completa. Allí hablé con mucha gente y muchos niños, me dieron almuerzo como para tres días (no miento) y compré unos aretes de esa feria hechos por alguien de la comunidad porque sí. Hablé con Diego, un estudiante de ingeniería de la U. Nacional y quien coordinaba el plan educación en el momento. Cuando le dije que estudiaba la licenciatura en lenguas me dijo sin dudar que necesitaban a alguien que supiera de pedagogía y lenguaje allá porque tenían varios casos que manejar y entre ingenieros, arquitectos y abogados no sabían cómo manejarlo. Todo ese domingo me enamoró de la comunidad y sin dudar le dije a Diego que sí, que contara conmigo el siguiente fin de semana.



Octubre 2011 a junio 2012: Empecé a asistir al plan Educación de Techo en Altos del Pino todos los sábados que me fue posible. Cada fin de semana salía más enamorada de los niños, de la gente, de la líder comunitaria (Nohora, aquí la pueden ver siendo ella) y de todo. No digo que todo fuera alegría. Muchas veces lloré por ver tanta indiferencia, tanto dolor, tanta violencia... pero sentía que debía hacer algo, por más pequeño que fuera. Sentí una responsabilidad grande por todos allá y aunque a mí misma me faltara el dinero para tomar los cuatro o cinco buses para llegar al barrio, no me importaba. Empezaron a surgir muchas ideas y Diego, uf, qué les digo, lo de pedagogo lo tiene en la sangre aunque lo suyo fuera la ingeniería también. Con él salieron muchas ideas para fortalecer el plan de educación y él me empoderó para creer en todo eso. Fue tan así que para febrero, cuando la universidad no lo dejó a él asistir con la misma frecuencia de antes, sin dudarlo me cedió a mí la coordinación del plan en el barrio. Empecé entonces a liderar el proyecto y a hacerme cargo, aunque no me lo creyera.


Asistimos incluso a pequeños eventos fuera del barrio, como el Mundialito que se organizaba para mitad de año. Ya ni recuerdo si ese año ganamos o no (seguro no, porque no recuerdo, jaja) pero sé que de gritar tanto por los niños, perdí la voz al día siguiente.


En ese barrio conocí gente extraordinaria y niños maravillosos, como Thalia, de esta foto. No eran historias sencillas. Por ejemplo ella, tenía 12 años y estaba en segundo de primaria. No sabía leer y aún le costaba reconocer ciertas letras. Era pilísima y hablaba mucho. La consentía mucho porque sentía tanto amor de su parte. No se imaginan. Y sobretodo uno quiere protegerlos de todo lo que se ve alrededor, de los embarazos desde los 13, de las violaciones, de los golpes... De alguna manera uno quiere hacer algo, como sea. No sólo hacer que lean y sumen bien.


Julio 2012 a Diciembre 2013: Las dos coordinadoras del plan educación general de todo Bogotá tuvieron que irse por la universidad (todos éramos niños en la universidad, unos ya terminando, otros empezando) y las vacantes quedaron abiertas. No sé cómo pero me animé un montón a postularme para coordinar todo el plan. Para quienes me conocen sabrán que mis problemas de autoestima no ayudan mucho y recuerdo que para la entrevista del plan lloré antes porque me sentí incapaz de hacerlo. Para sorpresa mía la entrevista era sólo una "formalidad" porque desde antes ya me habían elegido para quedarme con el cargo. Tampoco lo creí pero lo asumí. Traté de seguir subiendo a Altos del Pino pero no siempre lo pude hacer, el trabajo en la coordinación implicaba más cosas desde "oficina". Y desde ahí, sinceramente empecé a tener mis rayes con la gente de la organización. ¿Por qué?, porque Techo también era un club social y mucha gente iba para la foto, para hacer amigos y conseguir pareja. Así, sin más. Y mi co-coordinadora (que era nueva) iba también con esos planes. A veces discutíamos mucho porque nuestros ideales diferían mucho, o ella cuadraba cosas con otros planes sin consultar conmigo, simplemente porque andaba haciendo amigos. Y sí, así la cosa. Hasta correos y conversaciones incómodas tuve que leer desde el correo institucional que manejábamos. La pelea con ella a veces era muy seria. En fin, se fue ella a los 6 o 7 meses y empecé el trabajo con un biólogo de la Nacho. Camilo querido. Con él nos entendimos muy bien y aportó tanto. Desde la coordinación tuve muchas más ideas, cambiamos el plan un montón, hablamos con otros países para ver si podíamos hacer los cambios allá también. No entraré en detalles pero amé todo lo que pasó ahí, incluso todo lo que odié en su momento. (¡Y cómo no decir que conocí a Daniel allá!)

Para el segundo semestre del 2013 ya me había ido de la casa y sabía que para el 2014 se venía mi práctica pedagógica y monografía de grado así que me ausente un poco hasta que tuve que decirle adiós en diciembre a la organización. Eso sí lo escribí aquí.


Construcciones: Techo es reconocido por sus construcciones más que por los planes que maneja dentro de los barrios que interviene. Del tiempo que estuve allí sólo estuve en dos construcciones, y aprendí que me gusta martillar. Jaja. Aprendí también a dejar de lado muchísimos miedos (soñaba todo el tiempo que mataba a alguien con las herramientas) y sobretodo a dejar el cansancio físico para lograr un objetivo. Conocer las historias de las familias y hacer parte de un techo que los va a proteger al menos por un tiempo fue también significativo para mí.




 Hasta vencer el miedo a los espacios pequeños para no retrasar la construcción...

En fin, Techo marcó una parte de mi grandísima y hace parte de mí, de lo que soy ahora. Después de escribir tanto, ahora sí tengo claro el porqué no hablo tanto de ello y porque pareciera que no fuera importante. Sobre eso hablaré en la segunda parte de este post porque ya está muy largo y qué mamera.






13.12.15

Volver a ser niña.

He querido escribir en mi blog desde hace mucho y no sabía cómo. Mi mente jugaba con organizar cada palabra, organizar cada idea, hacerla clara, lógica y concisa para que se entendiera el sentimiento.Tanto he pensando en escribir que ya se cumplen seis meses de no escribir en el blog, como si no tuviera ni mierda que escribir. O peor aún, como si no me hiciera falta.

Me hace mucha falta escribir, y sobretodo leer. Creo que por eso no escribo, porque ya no leo, porque ya no me inspiran las letras. Creo que me he dado cuenta que las palabras limitan. Claro, son poderosas, poderosísimas digo yo, pero limitan. Como cuando te enamoras pero decir "I'm in love" no es suficiente, ninguna de esas letras de verdad puede contener lo que se siente en la panza, en el corazón, en la saliva y el aire al respirar.

Lo último que escribí es que me iba a graduar, y que gracias a eso podía quemar algunos demonios que no creen que puedo hacer cosas, que puedo lograrlas. (Si no se entendió así, ni modos). Me tatué antes del grado, como celebrando ese triunfo, porque el diploma puede quemarse, pero en mi piel puede quedar esa gaviota que me recuerda que puedo SER. Simplemente eso. También tuve la maravillosa idea de drogarme ocho días antes de graduarme con LSD y puedo decir que tuve una experiencia muy genial. Pude ver como la vida es un juego, nada es tan importante como parece, el grado era un paso más de tantos que voy dando si se me antoja. Vi cómo podía perdonar a quienes creí que me habían hecho daño, cómo podía vivir sin miedo, cómo podía dejar de etiquetarme como mujer, profesora, hija, maestra, porque nada de eso me hace y porque me pude dar cuenta que no soy nada, y que en la nada lo puedo ser todo.

Tal vez no se entienda, tantos años he leído sobre esto que nunca lo entendí de verdad hasta que lo sentí. Mi mente siempre estuvo diciéndome cómo debía sentirse, pero nada como el sentimiento real. Entré a trabajar en un colegio reconocido, muy nice, con niños de 6 a 7 años que me dicen miss y les encanta perseguirme en el parque, porque obvio me encanta jugar con ellos, aunque ahora no corra tanto como antes porque como más y me estoy engordando. ¡Qué felicidad!

También hice un taller que reforzó todo lo que había aprendido en mi viaje con L, y aunque sienta que las palabras no pueden contener todo lo que siento, sé que puedo describirlo como plenitud, gratitud y abundancia. El mundo sigue girando, la gente se sigue matando, y eso no me puede importar menos porque la vida es un juego, es un puto juego y sólo se necesita volver a ser niño para disfrutarlo. ¿Qué no había dicho eso el señor Jebús? A veces nos hacemos los pendejos para entender las religiones... vea, y que por eso se matan, eh.

Creo que he aprendido a abrazar mis miedos, vivirlos, sentirlos y pasarlos. Incluso espero pronto superar ese puto miedo que tengo de que mi hermana se suicide en unos años. Hay tanta basura con la que he cargado, ¡y apenas tengo 22 años!, creo que no es justo ni con este cuerpo que tengo. Escribo porque a veces quiero darle forma a todo este mar de sentimientos. A los pensamientos los dejo pasar, porque a veces no me sirven para nada, sólo para crearme más problemas, como cuando voy en bici pensando que me van a atropellar y por andar tan inmersa en los pensamientos se me olvida frenar o chingadas como esas.

Eso me recuerda que debo arreglar mi bici pronto, como regalo de navidad para ella y para mí.
No sé si me lean, si a alguien le importe, finalmente creo que "uno" se vuelve blogger para stalkear a otro bloggers y para escribir lo que se nos antoje, nos lean o no. Sé que quiero escribir más, sé que me hace mucha falta leer poemas y creerme poeta barata. Llegará en cualquier momento. Si se les atraviesa un libro de navidad como regalo, Lyds no se enojará.

Bye.


28.9.11

Cosas que me hacen el día: (6)

Borrar de mi lista de pendientes la exposición de fotografía de Ruven Afanador y
que una obra artística me llegue tan en el alma.


Sí, borrar cosas de mi lista me hace el día.

19.9.11

Cosas que me hacen el día: (5)

  1. Llorar de felicidad.
  2. Amar.
  3. Que me regalen abrazos y palabras hermosas.
  4. Recordarla a kilómetros de distancia y sentirla igual de cerca siempre.
  5. Meditar de verdad y respirar mejor.
  6. Que me digan Campanita. (Esto va para confieso que, jajaja)
  7. Salirme del clóset imaginario que a veces cargo conmigo.
  8. Ser sincera y, de una vez por todas, decir esas cosas que me había guardado por cobarde.
  9. Escuchar las canciones que me han dedicado en el último mes.
  10. Esto:  

7.8.11

Cosas que me hacen el día: (4)

  1. Estar en un parque por el simple placer de ver todo verde.
  2. Escuchar Josie de Blink 182 y pensar en mi novia, aunque esa canción no tenga nada que ver con ella.
  3. Hacer son/reír a alguien.
  4. Que mi gata me busque ronroneando, me encuentre y no pare de ronronear.
  5. Sonreír porque sí.
  6. No pelear con mi papá.
  7. Reír de verdad con una de mis mejores amigas.
  8. Ver mi episodio favorito de Los Simpsons.
  9. Reír con Calvin and Hobbes.
  10. Quedarme dormida al momento que mi cabeza toca la almohada.

18.7.11

Cosas que me hacen el día: (3)

Que uno de mis hermanos entre a mi cuarto y me diga: Le quiero dar un abrazo.

... y me abrace.




16.07.11

6.7.11

Cosas que me hacen el día: (2)

  1. Ponerme los audífonos y escuchar My Chemical Romance gritarme: Think happy thoughts!
  2. Abrazar a mi mamá cuando llega del trabajo y sentir los diferentes aromas con los que trabajó.
  3. Reír por estupideces.
  4. Hablar en inglés. Y que cuando me convenga, me entiendan.
  5. Escuchar la risa de Maga.
  6. Besar.
  7. Besar con ganas de que el beso sea más que un beso.
  8. Leer algún libro que tengo pendiente.
  9. Escuchar todos los CDs de Tegan and Sara.
  10. Llorar con un libro o una película.

18.6.11

Cosas que me hacen el día:

  1. Escuchar Armistice y Lisztomania.
  2. Quitarme los zapatos después de caminar mucho.
  3. Caminar mucho.
  4. Hablar chistoso con los retenedores.
  5. Empezar el día con una buena ducha.
  6. Encontrar mi primera Barbie y ver que le hice un corte butch. 
  7. Llegar a casa y encontrar mi cuarto organizado.
  8. Tomar té caliente.
  9. Dormir bajo las estrellitas de mi cuarto.
  10. Escuchar a Maga.