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30.4.26

Ángeles

Tuve que parar al lado del camino después de que mi zapato de ciclismo (el segundo del día) se desbaratara completamente y así tuviera que darle fin total a mi ruta de la mañana. La señora que vendía papas y yucas cocinadas que estaba ahí en esa parte del camino vio mi zapato y rápidamente saco un superglue para ayudar. A señas (porque no hablamos el idioma local) le dijimos que los zapatos ya estaban para botar. No había nada qué hacer. 

Llamamos un Tuk Tuk para poder irme a casa y mientras esperábamos, la señora me regaló papas. Porque sí. Y ahora después de una buena ducha, escribo este post comiéndome esas papas con una alegría que no podría describir. 



Yo crecí en un hogar que me enseño a desconfiar y a verle el lado negativo a todo. Lo he dicho mucho en este blog y no es una sorpresa. Creo que fue cuando conocí a la Maga que tuve mi primer encuentro con lo que yo llamo ángeles. Aquellas personas que de una u otra forma van y vienen para mostrarme que no todo es una bola de mierda. Así de sencillo. 

Recuerdo la primera vez que Maga me enseñó esto sin hacerlo explícito. Todavía no éramos novias pero claramente nos gustábamos mucho y una tarde en la que no sabíamos qué hacer pero sabíamos que queríamos pasarla juntas, caminamos alrededor de 8 kilómetros desde mi universidad hasta el centro de la ciudad. En un punto al final de nuestro recorrido un señor se acercó y nos dijo que mi maleta estaba abierta y que habían personas persiguiéndonos tratando de sacar cosas. Yo me asusté muchísimo y entré en modo desconfianza inmediatamente. Revisé con pánico a ver si alguien ya había robado algo (a ver, lo único valioso era mi billetera con dinero para regresar a casa) Obvio cerré mi maleta y quería salir huyendo de donde estábamos. Ya no me sentí segura. Ella, por otra parte, sonrió y dijo que éramos muy afortunadas de tener personas como ese señor, como mandadas por el universo para cuidarnos. 

What the fuck? ¿Que eres zorda o qué? Casi nos roban, casi morimos, casi... Ya pasaron 16 años de este episodio, así que no recuerdo sus palabras exactas pero ella argumentaba que el universo encontraba formas de cuidarnos, porque siempre hallaba la forma de mostrarnos su amor. Entiendo que una parte de mi mientras escribe esto ahora le cuesta interiorizarlo. Pero en esa época estaba TAN desesperada por un cambio en mi vida porque sabía que lo que traía de casa solo me hacía daño y me iba a matar eventualmente. Así que sí, lo que tú digas Maga, el universo nos ama, bla bla. 

Sin embargo, por más cursi que suene, ha sido ese tonto aprendizaje el que me ha ayudado a recuperar fuerzas cuando las necesito porque han habido muchos ángeles y han sido fácil de identificar una vez estoy abierta a aceptarlo. 

La primera que recuerdo que necesitaba este mensaje después de tantos años fue justo en Kazajistán. Era Abril de 2018 y ya estaba yo con la depresión recordándome que me había dado un pase para poder irme de Colombia y empezar mi vida en otro país pero que era inevitable su llegada entonces. Todo me parecía una mierda y lo que menos quería hacer era existir. Pero no sabía cómo expresar esto... En fin, que tomamos el tren de noche a Astana y nos fuimos acompañados con una señora (o Babushka). Yo no quería socializar, y obvio hacerlo también era difícil porque ella no hablaba inglés y nosotros mucho menos Ruso o Kazajo. Pero ella insistió y entre señas, y traducciones aquí y allá estuvimos "hablando" casi toda la noche. Nos hacía preguntas y se interesaba por nosotros al igual que nos contaba sobre su vida. Al caer la noche todos nos acostamos a dormir. Como era de esperarse, empecé a sentirme emocionalmente mal. La noche siempre se vuelve el escenario de pensamientos negativos e incómodos y yo sólo estaba forzando mi ser para lograr dormirme. Y de un momento sentí un alivio y un calor inexplicables. Resultó que la señora buscó más cobijas en el coche cama y me dio abrigo... tal vez como jamás en la vida mi propia abuela lo ha hecho. Fue un acto tan simple y tan cargado de significado, porque cuando un extraño puede hacerlo, siento que lo merezco. 

Tenía que pedirle una foto para recordarle.

Desde entonces he apreciado cada acto de amor por estos ángeles que se aparecen para recordarme que tal vez necesito quedarme y que me merezco el apoyo de otros. Que lo necesito. Como aquel hombre en un pueblo random de Kazajistán en el que me boté a llorar con mi bicicleta porque me sentía una mierda. Cuando este hombre se acercó a hablarme, lo hizo para recordarme que la vida valía la pena y tener a alguien haciendo esto en un inglés roto, en un ruso roto para que yo entienda, fue otro acto de amor que no pude ignorar. Ese 2018-2019 dio entrada al inicio de periodos depresivos fuertes que ya no pude contener por mí misma y que me llevaron a psicología por primera vez. 

La última vez que un Ángel se apareció fue en un vuelo de Corea del Sur a Camboya, regreso a casa, después de un fin de semana de intenso trabajo con estudiantes en un colegio de Seúl. Mi cerebro simplemente decidió que ese era el momento perfecto para recordarme lo inútil, lo basura, lo imbécil, lo ridícula que era y que tal vez lo único que merecía era morirme. Por primera vez me asusté por mi seguridad y esta vez la de otros, porque llevaba conmigo 15 estudiantes y lo único que podía pensar era que tenía que asegurarme que ellos llegaran a casa. Traté como pude de guardar las lágrimas y el dolor que estaba cargando ese día en el aeropuerto pero cada segundo me costaba más. Sólo pude soltar todo cuando por fin me sentí sola... tan sola como alguien se puede sentirse en un avión con otras 200 personas. El punto es que todos eran extraños y mis estudiantes no estaban cerca. Finalmente podía llorar lo que quería, entregarme al dolor sabiendo que no me iba a hacer daño (estaba encerrada) y que ya íbamos todos camino a casa. En algún punto entre tanto llorar por fin sentí sueño y bajé mi cabeza a la bandeja de comida. No sé cuánto tiempo pasó pero una vez más, apareció un ángel. La señora de mi derecha decidió arroparme, abrigarme y darme esa sensación de acompañamiento, tan simple y significativo. No pude llorar porque ya no tenía lágrimas, pero fue justo el acto de amor que necesitaba. Al finalizar el vuelo, la señora me abrazó y dijo algunas palabras en coreano. No tengo que saber el idioma para entender que estaba dándome el mayor aliento que un extraño podría darle a otro cuando lo ve en un momento de angustia como esa señora me tuvo que haber visto a mi. (Cabe resaltar que mostrar tantas emociones no está bien visto en las culturas asiáticas y los coreanos se ofenden e incomodan mucho con eso, lo que hizo este acto de amor muchísimo más significativo: esa señora me trató como me gustaría que mi propia madre me tratara)

Honestamente quisiera no necesitar tantos ángeles para sobrevivir, pero le agradezco a la vida por enviarlos cuando más los he necesitado. No entiendo como la vida me dio esta ridícula idea de ser una líder y también darme esta basura de salud mental que tengo para luego buscar la manera de hacer "lo mejor" con todo eso. Lo que hacen esos ángeles y la razón por la que tienen tanto impacto en mí es que me recuerdan que finalmente hay muchas que yo quiero hacer por gente que tal vez ni sabré su nombre. Hay muchas cosas que quiero hacer en educación y que personas tan random puedan ofrecer una mano me da una sensación de alivio. Ojalá lo pudiera explicar mejor. Finalmente hay tanto amor y cariño en todas partes y esperarlo de los lugares comunes (mi familia, por ejemplo) puede traer más dolor que cuando le doy la oportunidad al servicio que otra gente da incondicionalmente. 

13.1.26

Estaciones: to give myself a little bit of grace.

Verano - Otoño - Invierno - Primavera - Verano - Otoño - Invierno - Primavera

    Aprender sobre las estaciones cuando eres pequeña y vives en un país tropical es interesante. Bueno, también si no tienes los recursos para viajar y estar en un país con temperaturas y climas diferentes al tuyo. Si combinamos esos requisitos, la experiencia de aprender sobre estaciones es interesante. 

    A esa edad para mi se trataba sobre "imaginar" que hay lugares con nieve, que hay lugares donde no hay calor. También imaginar que no hay flores, que no hay hojas verdes en la copa de los árboles. Que todo parece muerto. No, de hecho cuando eres pequeña y estás en primaria nadie te dice que las cosas parecen muertas. Eso es algo que interpretas tú luego.

Continuamos. 

    Aprender sobre estaciones es interesante porque se vuelve un ejercicio de la mente, para imaginar. Que te digan una y mil veces qué es la nieve no es lo mismo a imaginártela, a saboreártela si es que de verdad es como agua congelada pero raspada como en los raspados que venden afuera de la escuela. ¿Será así de simple la nieve? Y qué locura es pensar que hay lugares donde, después del invierno, la naturaleza vuelve a florecer. ¿Cómo que vuelve a florecer? ¿Acaso no hay flores todo el año? ¿Acaso hay que esperar hasta una fecha en especial para ver florecer el mundo? Pero si mi barrio vive lleno de flores todo el tiempo [creo]

    También aprendes que lo más común es que estas estaciones, estos ciclos naturales duren alrededor de tres meses. ¿Cómo? ¿Un día del verano se sienten 40 grados de calor y al día siguiente se caen las hojas de los árboles porque llegó el otoño? ¿Cómo sabe la naturaleza la fecha exacta en la que tiene que cambiar de estación?

    Aprender sobre estaciones es muy interesante porque te reta a imaginarte un mundo que para ti no existe pero que te dicen que hay, que es real. Cuando creces y tienes la oportunidad de experimentar las estaciones el aprendizaje se consolida.

    Experimentar estaciones es único y más si eres adulto y es tu primera vez. Para mi, viajar a Rusia y ver la nieve por primera vez caer no se acercó en nada a la expectativa que tenía de la nieve, sin embargo no dejó de sorprenderme. Vivir en Kazajistán y ver la nieve derretirse y congelarse una y otra vez durante el invierno me hizo entender que el invierno no es un blanco perfecto como en las fotos. Sentir temperaturas por debajo de los 0 grados desde Octubre hasta Abril no fue lo que me enseñaron - esos son seis meses, no tres.

Verano - Otoño - Invierno - Primavera - Verano - Otoño - Invierno - Primavera

    Ahora aquí estoy, años después de todos estos aprendizajes y de estas experiencias pensando en un posible ciclo de mi propia mente que, como la naturaleza, ha decidido que cada tanto ha de dejar de suplir a los árboles con sol, y que para conservarse deberá de dejar caer sus hojas y parecer muerto, aunque por dentro no lo esté. Para que pueda conservar su energía y volver con fuerza unos meses después y pueda florecer y alegrar la vida de aquellos que están ahí y siempre creen que tienes flores floreciendo todo el año porque estás sonriendo casi siempre, ¿no?

    Experimentar estas estaciones en mi mente ha sido único, pero esta vez no porque sea algo que tenga que imaginarme y que me cueste imaginar. Es único porque a mi nadie me enseñó que estas estaciones mentales existían para mí, que como en Kazajistán, el invierno de la depresión sería tan largo que la posibilidad de una primavera parecería imposible. Porque nadie me dijo que no era "normal" que el otoño de mi mente podía llegar de golpe y tornar las hojas color melocotón en menos de una semana.

    Aprender sobre mis estaciones y mis ciclos sí ha sido interesante pero también un proceso doloroso. No sé qué sentir cuando las nuevas flores florecen. No sé cómo cuidarlas y no hacerles daño. No sé si el invierno es por siempre inevitable y lo peor, no sé si seguirán los ciclos trayéndome el verano. Tengo miedo como nunca antes pero quiero darme a little bit of grace. Hay algo bello en verme como un ente que es parte de esta naturaleza y estos ciclos. Me hace sentir menos rota.


31.7.25

Diez años

Es 30 de julio de 2015 y te estás graduando de la universidad. Eres oficialmente licenciada en Humanidades y lenguas extranjeras. Hace dos meses atrás celebraste tatuándote por primera vez. Pero, hey, no va a ser la última. Diez años después ya vas a tener 6 tatuajes. Te lo voy a contar, que soy tú pero diez años después.

Voy a empezar por tu grado y el hecho de que no hayas querido invitar a tu papá. Todavía entiendo tu pensar, todavía lo comparto. Tu estúpido novio hizo más por siquiera alimentarte y mantenerte viva que tu propio papá y creías que él se merecía esa invitación. Pero ir a la universidad y graduarte (algo que ninguno de tus padres pudo hacer) es un logro que los sanaba a ellos también. Hay mucho sacrificio detrás, en esa generación y la anterior para que tú puedas tener una carrera universitaria y vivir de ello. No se trataba de reconocerles a ellos lo que hicieron por ti y la universidad (porque muy bien sabes que todo lo hiciste tú, hasta pagarte los semestres y becarte) Graduarte es sin duda TU logro, pero tener una generación de hijos profesionales que no van a pasar hambre y escasez es su logro. 

Siento mucho que la gente de tu vida en ese momento (incluyendo al mismísimo estúpido novio ese) no le hayan dado el valor y la importancia que significaba este logro en tu vida y que una vez más te hicieron sentir que era cualquier cosa que cualquiera hubiera podido hacer fácilmente. (Por ejemplo, te cuento que tu hermana menor está estudiando la misma carrera que tú pero en otra universidad QUE TÚ LE ESTÁS PAGANDO porque ella no pudo entrar a la universidad pública, porque NO, los cupos de la U. pública no los regalan, TE LOS GANAS, y graduarse a exactamente los 10 semestres como tú lo hiciste sólo lo hicieron tú y otras dos compañeras del cohorte que entró a primer semestre en 2010)

Fue una mierda que la gente de tu vida ese día actuara como si no hubiera pasado nada grande y que la excusa de siempre (muy sutil, por cierto) fuera que no había plata para celebrar. Lo siento. Ojalá no hubieras sentido eso ese día. Quiero que sepas algo desde ya - el valor, el amor, no se mide en dinero. Quien te quiere te lo va a demostrar con actos, no regalos, con gestos, no objetos. Va a ser una lección muy difícil de entender, porque vienes de una familia de escasez, que cree que le falta algo, todo el puto tiempo, pero es una lección que llegará a tu vida cuando estés lista, que es de hecho muchos años después de haberte casado. Ay, sí. Te casas, pero espera que me adelanté dos años. Seguimos en el 2015.

Vas a saber esto muy pronto, obviamente pues lo estás planeando, pero sí fue muy bueno que te hayas regalado un viaje a la ciudad que más querías, sola. Sí, es verdad que estuviste con tu ex (en todos los sentidos de la palabra) pero necesitabas verla y saber que debías dejarla ir. Tu obsesión por amores que no pueden ser, o amores que tienen que esperar puede alimentar un futuro inexistente y alejarte del presente (como fue el que no te das cuenta de los millones de RED FLAGS en tu relación en ese momento) El viaje no sólo significó una celebración por una meta alcanzada. El valor que tiene este viaje te centra en la prioridad de tu vida - tú. El día de tu viaje, una persona en tu familia va a morir y sientes que te obligan a quedarte a su funeral. Es la primera vez (de tantas ya) que le vas a decir a tu familia que no. Que sólo las personas que importan merecen tu tiempo, merecen que detengas tu vida por ir a celebrar la de ellos. Ya eres la oveja negra de la familia, no hay diferencia alguna y lo sabes. Te felicito por eso.

Vas a buscar trabajo por lo alto porque sabes que todo el sacrificio en tu universidad no era por migajas de salario en un colegio cualquiera. Porque estuviste tan cerca de renunciar a esta profesión cuando te tocaron las prácticas pedagógicas y tuviste que redireccionar tu visión. Tenías muy claro que ibas a ser la mejor profesora que pudieras ser, pero no por poco. No sin valorarte. La cosa aquí es que tú todavía no sabes que estás en busca de eso - valor y reconocimiento. Pero me alegra tanto saber que lo hiciste, así no supieras por qué. Entras a trabajar en septiembre y es un buen trabajo. Un colegio ridículo de dueños ridículos pero es tu primer trabajo y te abre un espacio a un mundo que no sabías podía ser tuyo también. No sabes cuánto te mereces eso y más. Eres tan del putas, que te dan la coordinación de tu sección en el segundo año. No tienes idea que eso es importante y empieza a marcar algo que la gente ve en tí que todavía te cuesta tanto ver. Vas a trabajar allí hasta junio de 2017 porque te preparas para irte del país. 

Pero otra vez me adelanté. El trabajo no sólo te da dinero que antes no tenías disponible. También te da opciones de pensarte un futuro (que no es fácil, no sabes pensar en el futuro) Por ejemplo, todavía no lo sabes, pero tienes un trastorno depresivo que te acompaña constantemente y justo al entrar a este nuevo trabajo empiezan a aparecer los síntomas otra vez. Curiosamente aquí piensas que algo está mal en tu vida (SI TU RELACIÓN CON ESE ESTUPIDO) y empiezas a buscar cambios. Cambio - tu palabra favorita. Y en medio de esos cambios suceden muchas cosas con una carga energética tan fuerte que no queda nada más que agradecerte por haber impulsado todo eso. Primero, quieres cambios en tu relación y pides más, y pides una pareja que te dé la relación que tú quieres. Le pides al universo con un pajazo mental de que eso va a ser a tu actual pareja se vuelva así. Thank god it didn't work that way. La vida va a hacer que la persona que quiere y puede darte la relación que tú quieres entre a trabajar contigo. Le vas a conocer en mayo de 2016.

También le pides al universo por más cosas que te hagan sentir vida, como viajar en bicicleta como lo hiciste a final de año 2015. Y te cuento que ese ha sido uno de los deseos más importantes de tu vida, porque la bicicleta va a ser un instrumento importantísimo en tu vida y te vas a sentir siempre muy viva sobre ella. Ese deseo de viajar en bici (por más ridículo y suicida que haya sido ese primer viaje) te va a hacer algo que JAMÁS habrías soñado. Hoy, diez años después, te puedo decir que has viajado en bicicleta por Kazajistán, Tailandia, Camboya, Malasia, Vietnam... y que tienes todavía varios viajes en planes para este y el próximo año. No tienes una sino dos bicicletas y tu esposo viaja contigo y puede que ahora ame el ciclismo incluso más que tú.

Como te dije, en tu trabajo vas a conocer a quien es tu esposo hoy y el camino a casarte con él no es nada fácil. La estúpida relación abierta de tu estúpido ex (que también decía que era poliamorosa porque él ni sabía y no quería comprometerse, básicamente) te da la oportunidad de aventurarte con tu esposo. Pasan por mucha, pero mucha mierda y por alguna razón ustedes insisten porque creen que es algo especial (bueno, siguen casados, o sea que sí tenían razón) pero él es quien se va a Kazajistán. Claro, te duele el corazón pero también te abre los ojos. Créeme, sin él, no ves todas las RED FLAGS que hay en tu relación con el estúpido de tu ex. Terminan esa relación y te vas a vivir SOLA. Cuando creías y te había hecho creer que no podías, te vas SOLA y vives los mejores 8 meses en soledad. Es raro porque es como si estuvieras soltera, pero no lo estás. Estás en una relación a distancia con quien es tu esposo porque él ya está en Kazajistán. Y tú te vas a vivir con él en octubre de 2017. 

Antes de viajar afuera del país construyes una relación mejor con tu papá. Tal vez la relación que tanto querías y le pedías al universo poder construir. Es bonita y te puedo decir que valió la pena vivirla, porque al menos tienes el recuerdo de algo que pudo ser mientras él lo permitió, mientras él hacia su lovebombing porque le convenía y estaba orgulloso de ti, pero no por tus logros, sino porque tú eres una extensión de él y lo que tú haces, él se lo atribuye a sí mismo. Mira, te lo digo porque al menos lo intentaste, de verdad te diste la oportunidad de tener una relación con tu papá y no vas a morir con esa duda. Luego en el 2020 vas a aprender que él tiene rasgos narcisistas y que mucho, pero mucho del dolor que cargas a cuestas es un dolor que él te enseño a vivir. Una autoestima que él se encargó de dañar, pero ojo, nunca destruir porque tú tienes los pedazos aún y te puedes reconstruir de a poco después. Entiendes que todo el ruido que hay en tu cabeza es parte de haber sido criada por un padre como él, que aunque ausente, te dañó lo suficiente para dejar su marca. En medio de tu proceso terapéutico vas aprender a distinguir su dolor de tu dolor. Entiendes mejor tu trauma e incluso, entiendes el suyo. Jamás vas a verlo a él tan vulnerable como ahora. Y en medio de navegar tu dolor, hasta te diagnostican Trastorno Límite de la personalidad y por un tiempo a ti y a tu psicóloga les suena ese diagnóstico porque te describe tan perfecto. Pero luego vas a descubrir que ese no es tu diagnóstico, que hay una cosa en inglés CPTSD que te describe muchísimo mejor y que de pronto, tal vez hay otro diagnóstico. No te puedo contar más porque ni yo misma, en el 2025 tengo la respuesta. Volvamos al 2017.

Vives en Kazajistán del 2017 al 2020. Estar tan lejos de todo te hace ocuparte mucho de ti misma por fin, y le prestas más atención a la depresión. Te toca ir a terapia porque finalmente te das cuenta que no puedes sola, que no deberías pasar por esto sola. Y estás en una relación que no es tóxica, que te abre un espacio sano. Un espacio que te incomoda mucho porque no sabías que se podía vivir con tanta paz. Solo estando afuera te das cuenta de lo caótica que es en realidad tu familia y con cuanta ansiedad han vivido todos. Te das cuenta de tu propia ansiedad. Es un trabajo muy duro, pero te da muchísimos aprendizajes que te van a cambiar la vida. Ahí mismo te das cuenta por qué tu graduación es tan importante. Porque la persona que estaba estudiando, la persona que vivía en un cuarto en medio de una depresión y ansiedad, y sacaba su carrera universitaria por delante, si fuera otro humano tal vez no lo hubiera logrado. No te das cuenta, pero empiezas a entender que los niveles de resiliencia que manejas son absurdos. Te merecías más reconocimiento pero sobre todo viniendo de ti misma. La terapia te va ayudar con eso. 

Viviendo en Kazajistán tienes la oportunidad de viajar por el mundo. Conoces Tailandia (primera visita de tantas! y aprendes a bucear alli!), Rusia (vas al fucking Mundial del 2018) Türkiye, Paises Bajos, Curacao, Cuba, Hong Kong, Filipinas, Vietnam (donde se dio otro quiebre importante), Camboya, Francia (lloras como una idiota en París porque te das cuenta que creías que jamás ibas a ir) y al volver a Colombia de visita, tu esposo oficialmente te pide matrimonio. Será la historia que siempre le contarán a los amigos que hacen por el mundo.

Te vas de Kazajistán en agosto del 2020 porque hay una pandemia y estás cansada de vivir allá. Oh sí, HAY UNA PANDEMIA, pero ese fenómeno es mundial así que no tengo que contar mucho aquí. Te vienes al sudeste asiático porque en el verano que fuiste se abre la opción de volver y vivir en el trópico. Empezaste a vivir acá en el 2020 y aunque habías empezado en un rol muy pequeño en el nuevo trabajo porque la depresión te pegó muy duro, luego empiezas a pedir más espacio, empiezas a pedir más. A veces, así no quieras, parece que insistes en dar más, ser más, pedir más. Y vuelves a entender por qué las posiciones de liderazgo te han llamado toda la vida. Por qué sin que nadie te lo pidiera tú te animaste a ser la coordinadora de educación para Bogotá en UTPMP, o por qué sin que tú lo pidieras, en tu trabajo de colegio internacional te piden asumir cargos de liderazgo porque te quieren ahí y en un equipo de 8 personas eres la única latina. Claro, esto no viene con flores, pues así como en Colombia y esa pequeña coordinación que te dio una crisis que ojalá alguien te hubiera podido acompañar, también acá te dan crisis. Luego vas a aprender que cuando asumes tu poder se despierta un trauma en ti y te da miedo, y te congelas, y no quieres continuar. Perdón, pero todavía no sé decirte cómo superar esto. Tal vez porque hasta tan hace poco te has dado cuenta de este patrón que hasta ahora estamos aprendiendo de ello. 

Y entre las cosas que creíste que no podías cambiar estaba el de tu gata, que tu ex mató un año atrás. Claro, ese evento tan traumático no lo vas a cambiar, pero la idea de que no mereces mascotas porque aún te culpabas de que EL tomara la decisión de matar a tu gata, esa idea es una a la que le vas a poder decir adiós. Es un honor decirte que desde el 2021, justamente en tu cumpleaños, tu esposo te regala no uno, sino dos gatos. Te dan el amor gatuno más hermoso y te dijeron desde el primer día que no era tu culpa. Ellos, incluyendo a tu esposo, te han ayudado a sanar esa herida con mucho, pero mucho amor peludito. De hecho, uno de tus nuevos tatuajes son ellos dos, junto a las huellitas de Tabby, que vivirá en tu recuerdo por siempre pero por la enseñanza que te dejó. 

Cuando las cosas parecen estar bien te das el espacio de seguir escarbando y trabajando en lo que está mal, y allá en el 2024 en una presentación que quisiste dar sobre bisexualidad te das cuenta que una gran herida en tu identidad es nunca haber salido oficialmente del clóset como bisexual, porque le restaste importancia a este aspecto tan importante de tu ser. Así que el día de tu presentación sales del closet como mujer bisexual y te aventuras a presentarte no sólo una sino dos veces y empiezas a vivir una vida muchísima más auténtica. Incluso tus estudiantes saben que eres bisexual. Les brindas un espacio seguro a ellos también. Aprendes, aunque te dé miedo a darle espacios seguros a otros porque no sabes lo que es tener uno. Digo, no sabes en el 2015, pero lo vas a ver más claro en el 2025.

En este nuevo país, trabajo y familia, tienes nuevas oportunidades. Conoces Malasia, Luxemburgo, Bélgica, un poquito de Alemania, Emiratos Arabes e Indonesia, otra vez Países Bajos y Francia (sí, otra vez!) y empiezan los viajes en bicicleta que te mencioné antes. Estás en un trabajo que también te brinda la oportunidad de viajar y conoces The Hague y Seoul. Pero en ese último viaje te da uno de los peores ataques de ansiedad, los pensamientos suicidas (a los que ya les prestas atención para trabajarlos) se vuelven incontrolables. Todavía estás superando ese episodio y estás empezando un medicamento por primera vez a ver si estos episodios cíclicos no son tan dañinos. Sigues demostrando mucha resiliencia, créeme. Tal vez esto es algo que no quieres leer y saber que pasa, pero estás trabajando muchísimo por esto.

Tienes un esposo amoroso que te brinda un espacio seguro para ser y vivir estos momentos. Y sí, lastimosamente esto no es algo que descubres instantáneamente y valoras. Hay todavía tantos patrones arraigados que no ves cuando algo tan bonito está ahí. Te has acostumbrado al mal trato que no tienes los lentes puestos para ver cuando la gente no es como tu familia, que no te celebra la graduación como hace 10 años. Das muchas cosas por hechas pero aún así trabajas para mejorar. Tanto que también vas a empezar terapia de parejas con tu esposo, por eso es que te empiezas a dar cuenta de estas cosas. Sí, todavía te toma tiempo, pero hey, tienes 32 años y no sabías que ibas a llegar tan lejos. Tú tampoco sabías cómo celebrarte la graduación porque no sabías cómo carajos lo habías logrado. Parecía que la vida jugaba en tu contra. Te entiendo, te habías rendido hace un tiempo.

No te rindas más. Mira todo lo que vas a crecer en los próximos diez años. Believe, you haven't been happier.

8.8.20

Positivo para Covid-19

 Está claro que para final de este año, todos vamos a tener a un familiar, un amigo, un conocido afectado por el nuevo coronavirus. Si usted todavía no lo tiene, le doy la bienvenida. Dí positivo para Covid-19.

Teníamos que planear cómo conseguir las visas de trabajo para nuestro nuevo destino. Desde febrero teníamos trabajo nuevo pero el nuevo coronavirus estaba logrando lo que esta generación y la enterior no había visto. SE PARÓ TODO, y desde entonces no sabíamos qué ibamos a hacer. Sólo sabíamos que nuestros nuevos empleadores nos esperaban en Agosto y que entendían la situación. Nunca cancelaron los contratos, nunca se detuvieron. Sabían que de alguna u otra manera, sus nuevos profesores llegarían. 

Era junio y todavía todo parecía cerrado, las opciones se veían reducidas o simplemente no se veían. Pero en un día todo cambió y nos enteramos que otra mujer necesitaba salir de aquí también hacia el mismo colegio al que ibamos. En menos de tres días ella consigue los contactos para poder procesar la visa de manera remota, simplemente enviando nuestros pasaportes, y tomamos la decisión de hacer el envio juntos.

Había una nueva luz. Se acababa junio y la mejor opción era viajar a la ciudad más grande del país y procesar todo desde allí. No quedarnos en el pueblo en el que vivíamos en el momento justo en que el presidente anunciaba una nueva cuarentena que empezaría el 5 de julio y del que desconociamos los detalles. ¿Habrán vuelos nacionales, internacionales? ¿Podremos salir a montar bici? ¿Estarán todos los negocios cerrados de nuevo? ¿Sólo farmacias y supermercados abiertos? ¿Toque de queda? ¿Quéeee por el amor de dios, quéeee?

Tenía mucho miedo de emprender este viaje, sobretodo porque sabíamos que desde que los vuelos internacionales empezaron, muchos países y aerolíneas en general pedían un certificado negativo del covid-19 y que ir a la ciudad con más casos de contagio era un peligro de por sí. Pero estos miedos quedaron reducidos a nada cuando un día golpean a la puerta de nuestro apartamento y dos enfermeras con trajes de bioseguridad entran y nos piden que nos tomemos un PCR gratis por "prevención" para luego enterarnos que en realidad sólo testeaban gratis a residentes de edificios en donde ya se conocían casos positivos y sólo debían confirmar cuántos más habían allí... Creemos claro, que estos resultados fueron negativos porque no volvimos a saber nada de esa prueba, nadie llegó a casa a ponernos en cuarentena ni a encerrarnos con candado y sabrá Dios qué más (porque pasó con muchas otras personas)

En fin, huirle al virus ya no era una opción porque si no lo estás buscando tú, él llega a ti. Así que con esta información decidimos emprender el viaje. Y entendiendo que venía una nueva cuarentena, todo parecía contrareloj para poder salir del pueblo en el que vivimos 4-3 años. Empezó la semana de empacarlo todo y salir. Estuve bajo mucha presión y estrés, lo normal en una mudanza, ¿verdad? y además tuve una infección cutánea en la espalda que no me dejaba dormir así que estuve afectada tanto emocional como físicamente en la última semana de junio asegurándome que la mudanza se diera, y llegaramos bien a la nueva ciudad...

Nos vimos con nuestros amigos sudafricanos un par de veces, sabiendo que era nuestra despedida. Cenamos en su casa, montamos bicicleta otro día y almorzamos el último. Nuestra amiga se queja de algún dolor de algo y me da miedo que sea el virus, pero ella dice que tal vez es el vino que tomamos el día de la cena. Sí, tal vez es eso. Dejemos la paranoia, por Dios...

Salimos el 4 de julio y llegamos el domingo 5 a Almaty en horas de la madrugada. Estamos cansados de una semana de estrés y decidimos no movemos en todo el día. No queremos hacer nada, nos duele el cuerpo (claro, estuvimos tres días en el suelo empacando una vida entera...) estamos nerviosos porque no sabemos cómo sea el proceso de la visa, etc. No es nada más, nos decimos. Sólo nos vemos con nuestra nueva amiga para hacer el envio de los pasaportes y esperar a que lleguen con la visa.

Yo decido retomar mi rutina de ejercicios el lunes 6 de julio, como venía haciendo en mi casa. Lunes, miércoles y viernes de ejercicio y martes y jueves de yoga. 

No puedo. 15 minutos de ejercicio me quitan el aire de los pulmones. Me duele hasta el alma, no puedo hacer ejercicio, mucho menos estirar siquiera. Me asusto. Maldita sea, ¿será un sintoma de este coronavirus? ¿será que simplemente estoy muy cansada? ¿será la diferencia de altitud entre las ciudades? Quiero creer todo, menos que estoy enferma. Excepto que lo estoy. Lo estamos. Mi esposo y yo presentamos sintomas de gripa. Nuestros amigos sudafricanos reportan que también están enfermos, tienen fiebre. Empieza el miedo. Esto es el virus, todos nos enfermamos...

Tal vez dos días después no puedo sentir sabores. La comida no sabe a nada, mi perfume no huele a nada, el acondicionador que huele delicioso y se siente en toda la ducha ahora... ahora no huele a nada tampoco. Se me va el olfato y el gusto. A mí esposo no. Y recurro a él para que me diga a que sabe todo, a que huele todo. Me asusto. No quiero salir y si salimos, no quiero quitarme el tapabocas ni para cuando tomo algo. Desinfecto todo más de la cuenta. Tengo miedo de estar enferma y peor, de enfermar a otros. Pero mi cabeza crea fantasías y quiere creer que siempre he perdido el olfato y el gusto cuando me da gripa, ¿en serio? no puedo recordar la última vez... no puedo... 

Viene otra amiga a pasar sus vacaciones con nosotros. Basicamente todos estamos de vacaciones aquí, encerrados. Ella había presentado sintomas de alguna u otra manera después de otra visita así que existe la sospecha de que todos (los sudafricanos, la australiana y los colombianos) estuvieramos ya contagiados con el coronavirus. Pero, ¿cómo saberlo?... Los sintomas más obvios son los míos, no todos pierden el olfato y el gusto... pero no todos lo aceptan, nadie dice nada, nadie quiere decirlo en voz alta, es la verdad.

Poco a poco recupero los sentidos. Me toma un buen tiempo, y mi amiga australiana siempre me pregunta porque ella, en su mente, va haciendo un seguimiento y un registro. Luego vienen nuestros amigos sudafricanos porque ya por fin su vuelo de repatriación va a salir y es desde esta ciudad. ¡Qué alegría, ya podrán volver a su hogar! Pero se les nota los nervios, tienen que tomarse la prueba del virus y no dejan de preguntar por nuestros sintomas, por fechas, por todo. Pero su prueba sale negativa y después de tanto estrés y de rogarle a sus respectivas embajadas logran salir de regreso a casa.

Ahora faltamos nosotros. En menos de una semana sale nuestro vuelo también y mientras la visita de ellos, llegan nuestras visas. ¡Estamos listos! Excepto que es finales de julio y las aerolíneas y los gobiernos cambian todo el tiempo sus regulaciones. No, ahora no podemos salir, el vuelo está restringido solo para ciudadanos coreanos. Vuelve el estrés, cambiar vuelos, buscar una ruta que cuadre con los tiempos de entrega del test PCR, que cuadre entre ellos, que implique pocas horas, etc.

Y dos días después tenemos una nueva ruta, nos enteramos de una nueva regulación y sabemos que debemos ir sólo a una clínica coreana autorizada a tomar la prueba. Bueno, entre todo lo malo pasa algo bueno y  nos preparamos para ir el martes. Falta tan poco, ya casi.

Excepto que no. Nuestros amigos sudafricanos, nuestra nueva amiga local, mi esposo y más adelante nuestra amiga australiana testean negativo. Excepto yo. Positivo para COVID-19.

¿Qué sigue en esta historia? No lo sé. Van dos vuelos cancelados. Vamos a nuestra tercera compra de tiquetes. ¿Y yo? Totalmente agotada. Mi mayor miedo era este y se manifestó. ¿Qué puedo decir? Tengo muchos miedos. ¿Contagié a alguien? Estaba tan preocupada por contagiarme que fui muy cuidadosa y quiero creer que todo lo que hice para protegerme a mi misma haya sido suficiente para haber protegido a los demás de mi. Y sí, no dejo de pensar que pude haber hecho más. Que debí creerme desde un inicio que estaba enferma, que ya es un síntoma covid el perder esos sentidos. Que debí tantas, tantísimas cosas.

Hoy me siento mejor. Hoy escribo esto sin llorar, sin juzgarme, sin odiarme como si todo, absolutamente todo fuera mi culpa. Todos mis amigos están bien, yo estoy bien. Desde el 20 de julio retomé mi rutina de ejercicios y me sentí bien. Monté bicicleta en montaña y mis pulmones respondieron de maravilla. Estoy viva y si no entiendo que eso es lo más importante de este 2020, estoy jodida. 

Tengo una red de ayuda y apoyo. Tengo a mi psicóloga y me quedo con lo que me dijo en la última sesión después de enterarnos de todo esto: "te tienes a ti misma, te cuidas y te estás dando el valor y la importancia que te mereces o si no no hubieras pedido esta cita conmigo hoy"

Estoy viva y pronto será negativo. 

6.3.19

030319

Cumplí años el domingo. Recordé que hace 6 años también cumplí un domingo y fue totalmente una miseria y que me dije a mi misma que el peor día para cumplir años era ese - un domingo.

Ahora al otro lado del mundo tengo, claro, una idea totalmente diferente. Y no es porque cambiara de coordinadas y con ello las percepciones o ideas que tengo de la vida. De hecho creo que ya no tengo muchas ideas.

Sé que soy una culicagada de 26 años ahora pero me siento cansada de intentar, siquiera de intentar probar que puedo tener la razón. Que mis ideas están bien. ¿Por qué sólo mis ideas? Nah, no se puede con eso. Somos tantos, pero tantos seres humanos que ya sé que ninguno está en lo correcto. Lo mejor es pensar que todos estamos "mal" y que tenemos mucho por aprender cada día. Mirar cada día con humildad y dormir sintiendo que falta mucho pero hoy, gracias a Dios, al universo o a la energía cósmica tuvimos la oportunidad de saber una gota más del océano de ideas que este mundo tiene. De crecer y evolucionar.

Así que no, no tengo muchas ideas, sólo una y pienso quedarme con ella hasta que algo nuevo venga y me sorprenda. Porque esa es la clave también. Dejarse sorprender. Planear, saber para donde queremos ir pero no sufrir cuando la vida tiene otro plan. La vida sabe más que nosotros sobre lo que necesitamos.

Por esto estoy en Asia y no en Europa, por ejemplo. Por eso es que ahora mismo me siento deprimida y aburrida con este puto invierno de 6 meses y al mismo tiempo me sorprende y me alegra saber que ahora mis cumpleaños tienen muchos plus y muchos minus. Hay nieve, por ejemplo. Y a diferencia de hace 6 años, no puedo salir en bicicleta a celebrar. Estoy sin mi familia, pero esta vez todos se reunen en torno a mi, a celebrar un año más de vida vía skype y no a ignorarme... como hace 6 años.

La vida cambia, todo el puto tiempo (perdón, es que sin el puto no suena tan chévere) y cambia porque nosotros cambiamos constantemente. Y es maravilloso. Creo que lo olvidamos, creo que nos dejamos llenar de la energía de quienes no quieren cambiar, no sé.

Creo que cambiamos porque todo el tiempo estamos creando esto. Y tal vez nos amargamos porque se nos olvida. Y no quiero olvidar. Este es mi deseo de cumpleaños: deseo recordar que este momento, este segundo ha sido creado por mi. Si no me gusta, tengo la ventaja de cambiarlo, si me gusta, perfecto, un abrazo para mi y seguimos.

Hacerme responsable de este cuerpo, de esta mente, de mí y dejar de quejarme porque afuera sigue haciendo un puto frío aburridor. ¡NO MÁS! Afuera hace mucho frío porque yo quería venir aquí y creé este momento. ¿No me gusta? Lo cambio. De alguna manera. No me voy a ir del país (tengo un nuevo contrato, yay!) entonces, puedo cambiar mi percepción de esta nieve que cae, que se derrite y se vuelve a congelar.

Me decía mi hermano hace unos años: "Va al cielo llorando"... y qué pésima costumbre la mía, porque todavía lloro, a veces...

En 20 días salgo para Hong Kong a disfrutar de temperaturas por encima de los 20°, en serio, ¿qué más quiero, eh?


7.2.19

Pavlodar, segunda parte.

Un año y cuatro meses. Eso llevo viviendo aquí. Un año y cuatro meses cargados de viajes, experiencias, aprendizajes que habría creído inconcebibles si no fuera porque lo he vivido.



Empezaré por los primeros meses. El sentirme aún de viaje, como si aún no entendiera que este lugar no es un pueblo al que vengo de visita, sino al que vengo a quedarme a vivir por who knows how much longer. Los primeros meses todo parece un cuento, todo parece un sueño, todo parece una mentira. Una muy bella. Sin duda alguna seguía con la idea de que en algún momento me iban a despertar e iba a estar en Bogotá, al lado de mi mamá o algo así.

Conseguí trabajo a la semana de haber llegado aquí, en un instituto de estudio que aceptó pagarme por horas y por un buen precio. Básicamente empecé a ganar más que en Colombia por menos horas de trabajo. Fue totalmente independiente e incluso, fue tanto el desorden del instituto y sus clases que me ofrecí a organizarles un currículo para todos los níveles. Para Enero ya lo tenía montado y estábamos listos para ejecutarlo. Mis jefes estaban encantadísimos conmigo y me preguntaron por qué me ofrecía a ayudarlos, si mi intención era llegar a Colombia e implementar algo así o qué. Sinceramente lo hice porque podía y punto. Porque no soportaba el desorden en el que daban las clases y la mediocridad de algunas de mis colegas.

Pero antes de eso empezó una idea. Llegaban nuestras primeras vacaciones -winter break, y no sabíamos a donde ir. (Btw, esquiamos por primera veeeeeez) Finalmente el Sr. Ariza se animó por Tailandia y de paso ir a bucear allá. Y debo decirlo así porque así fue. Él se animó, él decidió, él quería. ¿Yo? Estando aquí me di cuenta que cualquier cosa que yo hubiera soñado había quedado en el olvido. Me di cuenta que cerré la puerta de los deseos y dejé de pensar en ellos.



Estando al otro lado del mundo me di cuenta que no tenía sueños porque una parte de mi se había resignado a no creer en ellos y mucho menos a creer que podían hacerse realidad. Y sé que Ariza notó esa actitud porque la idea de Tailandia no se me podía hacer más ajena. No miraba tiquetes aéreos, no miraba hoteles, no sabía ni cómo empezar. Me sentía una idiota completa y me horrorizaba la idea de decepcionarlo. Él tuvo una mejor idea y dejó los planes en mis manos. Me encargó de ellos para poder hacerlos míos, y a pesar del berrinche que hice y dejar al descubierto mis inseguridades, lo organicé.



Viajamos a Bangkok, donde comimos comida exotica y él se intoxicó, donde vimos Star Wars juntos por primera vez en el cine y tuvimos que levantarnos para el himno nacional!!, donde visitamos un chingo de templos budistas y caminamos y nos estafó cuanto taxista se atravesaba en nuestro camino. Fuimos a Chiang Mai y visitamos un santuario de elefantes donde les dimos de comer y pasamos la tarde con ellos, viéndolos ser en su habitat. Fuimos a Koh Tao y buceamos, muriéndome yo del susto en las clases pero luego amándolo desde  la primera inmersión. Descubrí que el mar es el mejor lugar para aprender a solar el control. Y ahí le dijimos adiós al 2017 y celebrabábamos la llegada del 2018 que nos encontraba juntos, por fin. Bailamos y cantamos hasta el amanecer y disfrutamos del hotel al que decidimos llamarle nuestra luna de miel, porque si no tuvimos boda, al menos íbamos a tener una luna de miel del putas!



Decidí empezar el 2018 pensando que todo lo que estaba sucediendo ya no era un sueño y que no me iba a despertar en Bogotá. Decidí aceptar de una vez por todas que todo es real y que no me está pasando a mí, sino que yo lo estoy generando, ahora de la mano de mi esposo. Me cansé de pensar que todo era una coincidencia y que las cosas sólo pasaban, los sueños se hacían solos realidad y ya.

Koh Nang Yuan

En algún momento lo escribí aquí, cómo me costó aceptar que me habían otorgado la beca en la universidad A MI, no por rifa ni por coincidencia, sino porque lo merecía. Porque mis esfuerzos habían generado ese resultado. Y no fue sino hasta finales del 2015 (dos años después) que lo vine a entender. La vida me había dado esa oportunidad a mí porque era para mí y punto. Lo mismo tuve que interiorizar al vivir aquí. Jamás, ni en mis más locos sueños habría imaginado viajar a Asia y MUCHO MENOS vivir ahí. Y heme aquí, en Asia central, viviendo y aprendido ruso. Русский !

Así que si la vida, cuando le pedí cambios (una vez más) decidió darme ese trabajo en ese colegio (cuando claramente no me iban a aceptar pero OH sorpresa, una profesora de inglés decidió renunciar justo ese mismo día) y la vida decidió darle trabajo a mi futuro esposo ahí, tres meses después y reunirnos en eventos fuera de lo común para que en menos de dos meses nos enamoráramos y la puerta de Kazajistán se abriera (que inicialmente rechacé porque hello darkness my old friend) pero que se volviera a abrir a los dos meses y esta vez dijera que sí... no, sería ridículo seguir pensando que TODO ES UNA MERA COINCIDENCIA Y YA.


Así que el 2018 empezó con ese tono más realista y me dio un poder que no sabía que podía tener. Por eso me decidí a planear un currículo para el lugar donde estaba trabajando y me decidí a llevar a cabo las clases como veía era la mejor opción. Las ideas resonaron y a ellos les gustó, pero a mitad de camino se quedaron atrás y yo necesitaba seguir moviéndome. Para finales de marzo me ofrecieron ser la coordinadora de inglés general del instituto a lo cual dije que sí, pero dijeron que hablaríamos después... dicha conversación nunca llegó. Para finales de marzo el hastío del inverno se vuelve insoportable y ya estaba aburrida en el encierro de la casa. Extrañaba salir en bicicleta más que nunca, extrañaba incluso la rutina de un trabajo con horario fijo. Necesitaba retarme, necesitaba hacer algo y perdí el entusiasmo en mi trabajo. Me aburrí.

Llegó disque la primavera, disfrazada de un invierno menos fuerte. La vida vuelve a hacerse más tolerable con la idea de que en algún momento la temperatura volverá a ser positiva y que la bicicleta que compramos en abril la iba a poder usar. Comí carne de caballo en Nauryz (que debería celebrarse en marzo, pero es aún muy frío y algunos lo celebran en abril) Llegó Mayo. Montamos bici y sentí un nuevo respirar. Me di cuenta que la vida en estaciones es una experiencia única y que le da un toque de novedad a la rutina de todo un año. Uno no es el mismo cada tres o cuatro meses, definitivamente. La vida se reinventa incluso con la ropa que uno empieza a ponerse.  Llegó mayo con una especialización virtual (TESOL) y me animé mucho más. Volví a querer mi trabajo, por lo menos lo que estaba haciendo, no el lugar. Y finalmente llegó Junio con el verano. Participé en la primera semana del Summer Camp en donde trabaja mi esposo y me ofrecí a ayudarles, de donde salió luego una propuesta de trabajo, una entrevista y un empleo fijo en un colegio internacional.

Y así termino la segunda parte. Hablaré del verano, que fue otra experiencia única, después.

21.11.18

Ервакыт, 2018

Hace dos años, tal vez tres, estaba frente al espejo del baño en el colegio donde trabajaba. Estaba maquillándome porque mi jefe no aceptaba que yo no sólo no me maquillara, sino que no fuera al salón de belleza todas las semanas para arreglarme el cabello. Porque claro, mi cabello crespo no podía ser otra cosa que la falta de aseo y arreglo de mi parte. No podía ser resultado de la genética que decidió que heredara estos crespos de mis abuelos.

Eso no era lo que quería decir.

Estaba frente a ese espejo y me pregunté que demonios estaba haciendo ahí, en ese trabajo. Y sobretodo, qué carajos estaba haciendo trabajando en un colegio, si odié tanto el mío. Había pensado jamás volver a él a que me dijeran lo que "tenía que hacer", a que me dijeran lo que "estaba bien y lo que estaba mal", según ellos.

No recuerdo si fue ahí mismo o más adelante que encontré la respuesta a esa pregunta. Yo estaba atrapada en un colegio por gusto. Porque así lo había decidido. No creo que logre jamás cambiar este sistema educativo. Lo que sí sé es que decidí estar aquí para quienes se sintieron como yo me sentí en algún momento, de estudiante.

Esa idea de ser profesora para cambiar el sistema en algún momento lo viví. Pero fue una utopía total. Cuantos más semestres en la universidad iban pasando, más iba entendiendo lo jodido, lo macabro, lo cochino que es este mundo. Y lo sucio que puede llegar a ser la educación, porque sigue siendo un negocio que beneficia a unos tantos.

Y en ese beneficiar a unos y no a otros es que a veces veo que quienes pagan todos los platos rotos de las malas decisiones, malas administraciones y demás, son los estudiantes. A quienes se supone, deberíamos ofrecerles nuestro mejor servicio educativo.

Ahora estoy aquí, frente a este computador sin saber qué pasó el sábado con uno de mis estudiantes. Erba o como suena cuando lo mencionan: Yerba. Fue la única manera en la que pude aprenderme su nombre, porque tiene esa ы rusa que no he podido pronunciar bien. Erba era mi estudiante de inglés del grupo 12 A. Estuve en algunas clases de inglés y en las de apoyo para su examen de IELTS. Desde el inicio noté su bajo nivel en el idioma y desde el inicio lo molesté, con cariño para que se acostumbrara a que le iba a exigir más. Y sí, desde el inicio supe que no iba a tener el mejor resultado, pero que al menos íbamos a intentar mejorar el que tenía entonces.

Lo que no nos esperábamos es que decidiera hacer copia el día del examen, el sábado. Claro, las personas encargadas del examen lo atraparon y anularon todo. TODO. Y no sólo es que no vaya a recibir un resultado ni un certificado de su nivel de inglés. Se trata de no poder siquiera intentarlo  y si de casualidad estaba en sus planes el aplicar a universidades internacionales que exigen el IELTS... bueno, es que me duele seguir.

Ahora mismo se está decidiendo qué va a ser de él. Me siento impotente, me siento frustrada, pero sobretodo me siento emputada. Así. Impotente porque su decisión de hacer copia es sólo suya y tengo más que claro que es algo que él tendrá que aprender a aceptar y ahí yo no puedo hacer nada más. Haberla cagado de esa manera en un colegio donde les encanta señalar a los demás cuando son los otros los que se equivocan (and god forbid it doesn't happen to us). Frustrada porque fue tan poco el tiempo que compartí con él, que habría deseado poder ayudarlo más. Poder escucharlo cuando veía en su cara todas las dudas y todas las inseguridades con las que cargaba. Yo sólo le ofrecí una sonrisa y unas pocas palabras, porque entendía que era difícil para él comunicarse conmigo (la barrera del idioma que él aún no domina, una cultura machista en donde él no tiene permitido decir que algo le está quedando grande y que necesitaba ayuda, urgente). Y emputada porque el colegio y sus profesores son los encargados de promover esa cultura de la copia, para favorecerse a sí mismos. Porque tarde que temprano algún estudiante iba a ser pillado (porque jamás durante los simulacros los detuvieron). Porque permitieron que él, con todos sus miedos y sus inseguridades fuera entre todos el que pagara los platos rotos. Él, sólo porque es otro y no yo. 

Siento todas estas cosas y más ahora mismo frente a este computador porque no he visto a mi estudiante desde la última clase. Porque no sé si su castigo incluye no volver al colegio, no terminar su bachillerato o qué. Entiendo más que nadie como sus miedos pudieron haber sido más grandes que el sentido común, pero cómo me duele que nadie haya hecho algo para evitarlo. ¿Qué no hice yo para evitarlo? En el post anterior hablé sobre el apoyo que los estudiantes necesitan. Estoy aquí, haciendo un reconteo de los pocos momentos en los que pude brindarle una mano. Los muy pocos. Y como ahora, en donde siento que todos le están dando la espalda (porque ellos también hacen trampa en muchos otros exámenes y es más fácil condenar al de afuera que al de adentro), me pregunto si puedo hacer algo. No para evitarlo, porque su examen ya está más que anulado. Hacer algo para que esos miedos e inseguridades que reconocí en él no se alboroten más con este error que cometió, con las palabras que debe estar recibiendo ahora mismo, juzgándolo después de no haberlo apoyado antes. 

10.6.18

Pavlodar, primera parte

Me debo esta historia, más que nada a mí porque parte de crear este blog (hace ya 9 años) para desahogarme, también lo hice para recordar. Anyway.

Abrieron la puerta 40 del SVO y me sentaba en el avión que en menos de 5 horas me llevaría a otro país, al que iba a vivir por los próximos... bueno, ya van 7 meses. Abrieron las puertas y tuve el asiento junto a la ventana. Al inicio, como era de esperarse me habló un ruso (en ruso) y no entendí nada. Luego, él muy amablemente preguntó en inglés si no le había entendido, a lo que dije: Obvio no, con una sonrisa. Él se rió y preguntó mi nombre y la pregunta que no dejo de escuchar aquí: Where are you from? Y ahí la reacción a mi respuesta: Oh, Pablo Escobar?

Aquí hago un paréntesis para señalar que estaba preparada para esas reacciones, ya la internet me había entrenado pues la mayoría de colombianos (por no decir todos) en el extranjero se tienen que aguantar un comentario al respecto. Al inicio uno se puede acostumbrar, pero luego simplemente se vuelve molesto porque la idea de la gente es que AMAMOS a Escobar y que es un orgullo para nosotros que alguien de afuera lo conozca, como si fuera nuestro héroe nacional. Claro, se ha vuelto molesto y a veces opto con mi poco ruso tratar de explicar que él no fue una gran persona para el país y que tenemos más gente que nos representa. Les hablo de Shakira, James Rodríguez y hay gente que incluso nos habla de El Pibe Valderrama porque lo recuerdan de algún lado. Ahora, con estas vergonzosas elecciones presidenciales en Colombia ya no me podría importar menos que la gente sepa de Colombia por las películas de Narcos y de Escobar, porque eso al parecer es lo que nos gusta, nos encanta que nos represente la muerte, las drogas, la injusticia social. Mark my words if Duque wins next week. Así que si gana Porky, no hay ni por qué avergonzarme ahora de Escobar, porque esa va a ser justamente la gente que nos representará hasta que no cambiemos a nuestros dirigentes. Cierro paréntesis.

El hombre que habló inicialmente conmigo era efectivamente ruso, profesor de una universidad en Astana que viajaba de regreso a su trabajo. Me preguntó la razón de mi visita y dejó de hablar un poco. Notó que estaba nerviosa y buscaba hacer comentarios graciosos para hacerme reír. Y le agradezco por eso pues el viaje fue horrible. La otra persona que se sentó a mi lado viajaba por negocios a Kazajistán y aunque no habló mucho con nosotros también estuvo muy pendiente de mí. Fueron muy amables (además que creo que fue muy obvio mi cambio de ánimo). Cuando el avión despegó empecé a sentir un horrible dolor de estomágo (somatizando, ando) y a lo mejor estuve pálida todo el vuelo pues ellos no dejaban de preguntarme si quería más té, si necesitaba agua, si necesitaba algo más. Al final uno de ellos entendió que eran los nervios y me dijo: Everything's ok, don't worry.

Llegué a Astana a las 5 am y como dijo una de las chicas en migración que me recibió: you are like a rockstar. Esa sensación aún no se ha ido pues a este país olvidado por Dios (guiño, guiño Lezzoh) no llegan muchos extranjeros, mucho menos gente de latinoamerica (bueno, exagero, a esta región del país). El vuelo a Pavlodar salía a las 10 am así que sólo me quedaba tratar de dormir y llegar presentable a Pavlodar.

Estaba nerviosa pero en mejor estado que en el avión desde Moscú. No sabía como iba a recibir al Sr. Ariza, no sabía que le iba a decir, no sabía nada. Fue mejor. El aeropuerto es pequeño así que no fue nada difícil vernos cuando entré. Nos vimos y no quedaba nada más que un abrazo, de esos eternos que queríamos y un beso cargado de nervios. Nuestro primer beso como esposos.

Después de eso pasé a conocer el que sería mi apartamento, la que sería mi casa por estos meses (y el próximo año). Conocí el colegio donde trabaja él (que me recibió con la primera nevada del año) y con muchas personas amables que querían conocerme. Conocí a uno de los responsables de que mis documentos no estuvieran bien para la visa y desde ese día siguió teniendo el descaro de dejar todo para última hora (como el documento esencial para vivir aquí que se formaliza en la policía de migración y que sólo él podía hacer)



La emoción de estar junto al Sr. Ariza y comenzar una nueva vida pudo mucho más que los nervios, los miedos y la ansiedad. Y desde ahí se han escrito diferentes ideas, pensamientos y caminos para ambos, juntos y como individuos.

Y de eso hablaré en la segunda parte.