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8.8.20

Positivo para Covid-19

 Está claro que para final de este año, todos vamos a tener a un familiar, un amigo, un conocido afectado por el nuevo coronavirus. Si usted todavía no lo tiene, le doy la bienvenida. Dí positivo para Covid-19.

Teníamos que planear cómo conseguir las visas de trabajo para nuestro nuevo destino. Desde febrero teníamos trabajo nuevo pero el nuevo coronavirus estaba logrando lo que esta generación y la enterior no había visto. SE PARÓ TODO, y desde entonces no sabíamos qué ibamos a hacer. Sólo sabíamos que nuestros nuevos empleadores nos esperaban en Agosto y que entendían la situación. Nunca cancelaron los contratos, nunca se detuvieron. Sabían que de alguna u otra manera, sus nuevos profesores llegarían. 

Era junio y todavía todo parecía cerrado, las opciones se veían reducidas o simplemente no se veían. Pero en un día todo cambió y nos enteramos que otra mujer necesitaba salir de aquí también hacia el mismo colegio al que ibamos. En menos de tres días ella consigue los contactos para poder procesar la visa de manera remota, simplemente enviando nuestros pasaportes, y tomamos la decisión de hacer el envio juntos.

Había una nueva luz. Se acababa junio y la mejor opción era viajar a la ciudad más grande del país y procesar todo desde allí. No quedarnos en el pueblo en el que vivíamos en el momento justo en que el presidente anunciaba una nueva cuarentena que empezaría el 5 de julio y del que desconociamos los detalles. ¿Habrán vuelos nacionales, internacionales? ¿Podremos salir a montar bici? ¿Estarán todos los negocios cerrados de nuevo? ¿Sólo farmacias y supermercados abiertos? ¿Toque de queda? ¿Quéeee por el amor de dios, quéeee?

Tenía mucho miedo de emprender este viaje, sobretodo porque sabíamos que desde que los vuelos internacionales empezaron, muchos países y aerolíneas en general pedían un certificado negativo del covid-19 y que ir a la ciudad con más casos de contagio era un peligro de por sí. Pero estos miedos quedaron reducidos a nada cuando un día golpean a la puerta de nuestro apartamento y dos enfermeras con trajes de bioseguridad entran y nos piden que nos tomemos un PCR gratis por "prevención" para luego enterarnos que en realidad sólo testeaban gratis a residentes de edificios en donde ya se conocían casos positivos y sólo debían confirmar cuántos más habían allí... Creemos claro, que estos resultados fueron negativos porque no volvimos a saber nada de esa prueba, nadie llegó a casa a ponernos en cuarentena ni a encerrarnos con candado y sabrá Dios qué más (porque pasó con muchas otras personas)

En fin, huirle al virus ya no era una opción porque si no lo estás buscando tú, él llega a ti. Así que con esta información decidimos emprender el viaje. Y entendiendo que venía una nueva cuarentena, todo parecía contrareloj para poder salir del pueblo en el que vivimos 4-3 años. Empezó la semana de empacarlo todo y salir. Estuve bajo mucha presión y estrés, lo normal en una mudanza, ¿verdad? y además tuve una infección cutánea en la espalda que no me dejaba dormir así que estuve afectada tanto emocional como físicamente en la última semana de junio asegurándome que la mudanza se diera, y llegaramos bien a la nueva ciudad...

Nos vimos con nuestros amigos sudafricanos un par de veces, sabiendo que era nuestra despedida. Cenamos en su casa, montamos bicicleta otro día y almorzamos el último. Nuestra amiga se queja de algún dolor de algo y me da miedo que sea el virus, pero ella dice que tal vez es el vino que tomamos el día de la cena. Sí, tal vez es eso. Dejemos la paranoia, por Dios...

Salimos el 4 de julio y llegamos el domingo 5 a Almaty en horas de la madrugada. Estamos cansados de una semana de estrés y decidimos no movemos en todo el día. No queremos hacer nada, nos duele el cuerpo (claro, estuvimos tres días en el suelo empacando una vida entera...) estamos nerviosos porque no sabemos cómo sea el proceso de la visa, etc. No es nada más, nos decimos. Sólo nos vemos con nuestra nueva amiga para hacer el envio de los pasaportes y esperar a que lleguen con la visa.

Yo decido retomar mi rutina de ejercicios el lunes 6 de julio, como venía haciendo en mi casa. Lunes, miércoles y viernes de ejercicio y martes y jueves de yoga. 

No puedo. 15 minutos de ejercicio me quitan el aire de los pulmones. Me duele hasta el alma, no puedo hacer ejercicio, mucho menos estirar siquiera. Me asusto. Maldita sea, ¿será un sintoma de este coronavirus? ¿será que simplemente estoy muy cansada? ¿será la diferencia de altitud entre las ciudades? Quiero creer todo, menos que estoy enferma. Excepto que lo estoy. Lo estamos. Mi esposo y yo presentamos sintomas de gripa. Nuestros amigos sudafricanos reportan que también están enfermos, tienen fiebre. Empieza el miedo. Esto es el virus, todos nos enfermamos...

Tal vez dos días después no puedo sentir sabores. La comida no sabe a nada, mi perfume no huele a nada, el acondicionador que huele delicioso y se siente en toda la ducha ahora... ahora no huele a nada tampoco. Se me va el olfato y el gusto. A mí esposo no. Y recurro a él para que me diga a que sabe todo, a que huele todo. Me asusto. No quiero salir y si salimos, no quiero quitarme el tapabocas ni para cuando tomo algo. Desinfecto todo más de la cuenta. Tengo miedo de estar enferma y peor, de enfermar a otros. Pero mi cabeza crea fantasías y quiere creer que siempre he perdido el olfato y el gusto cuando me da gripa, ¿en serio? no puedo recordar la última vez... no puedo... 

Viene otra amiga a pasar sus vacaciones con nosotros. Basicamente todos estamos de vacaciones aquí, encerrados. Ella había presentado sintomas de alguna u otra manera después de otra visita así que existe la sospecha de que todos (los sudafricanos, la australiana y los colombianos) estuvieramos ya contagiados con el coronavirus. Pero, ¿cómo saberlo?... Los sintomas más obvios son los míos, no todos pierden el olfato y el gusto... pero no todos lo aceptan, nadie dice nada, nadie quiere decirlo en voz alta, es la verdad.

Poco a poco recupero los sentidos. Me toma un buen tiempo, y mi amiga australiana siempre me pregunta porque ella, en su mente, va haciendo un seguimiento y un registro. Luego vienen nuestros amigos sudafricanos porque ya por fin su vuelo de repatriación va a salir y es desde esta ciudad. ¡Qué alegría, ya podrán volver a su hogar! Pero se les nota los nervios, tienen que tomarse la prueba del virus y no dejan de preguntar por nuestros sintomas, por fechas, por todo. Pero su prueba sale negativa y después de tanto estrés y de rogarle a sus respectivas embajadas logran salir de regreso a casa.

Ahora faltamos nosotros. En menos de una semana sale nuestro vuelo también y mientras la visita de ellos, llegan nuestras visas. ¡Estamos listos! Excepto que es finales de julio y las aerolíneas y los gobiernos cambian todo el tiempo sus regulaciones. No, ahora no podemos salir, el vuelo está restringido solo para ciudadanos coreanos. Vuelve el estrés, cambiar vuelos, buscar una ruta que cuadre con los tiempos de entrega del test PCR, que cuadre entre ellos, que implique pocas horas, etc.

Y dos días después tenemos una nueva ruta, nos enteramos de una nueva regulación y sabemos que debemos ir sólo a una clínica coreana autorizada a tomar la prueba. Bueno, entre todo lo malo pasa algo bueno y  nos preparamos para ir el martes. Falta tan poco, ya casi.

Excepto que no. Nuestros amigos sudafricanos, nuestra nueva amiga local, mi esposo y más adelante nuestra amiga australiana testean negativo. Excepto yo. Positivo para COVID-19.

¿Qué sigue en esta historia? No lo sé. Van dos vuelos cancelados. Vamos a nuestra tercera compra de tiquetes. ¿Y yo? Totalmente agotada. Mi mayor miedo era este y se manifestó. ¿Qué puedo decir? Tengo muchos miedos. ¿Contagié a alguien? Estaba tan preocupada por contagiarme que fui muy cuidadosa y quiero creer que todo lo que hice para protegerme a mi misma haya sido suficiente para haber protegido a los demás de mi. Y sí, no dejo de pensar que pude haber hecho más. Que debí creerme desde un inicio que estaba enferma, que ya es un síntoma covid el perder esos sentidos. Que debí tantas, tantísimas cosas.

Hoy me siento mejor. Hoy escribo esto sin llorar, sin juzgarme, sin odiarme como si todo, absolutamente todo fuera mi culpa. Todos mis amigos están bien, yo estoy bien. Desde el 20 de julio retomé mi rutina de ejercicios y me sentí bien. Monté bicicleta en montaña y mis pulmones respondieron de maravilla. Estoy viva y si no entiendo que eso es lo más importante de este 2020, estoy jodida. 

Tengo una red de ayuda y apoyo. Tengo a mi psicóloga y me quedo con lo que me dijo en la última sesión después de enterarnos de todo esto: "te tienes a ti misma, te cuidas y te estás dando el valor y la importancia que te mereces o si no no hubieras pedido esta cita conmigo hoy"

Estoy viva y pronto será negativo

26.6.20

Resignificar el descanso

Era el 2011. Tenía 18 años y estaba en un proceso de reconocimiento, en un viaje interior. Uno costoso, uno que ahora es supremamente estigmatizado y criticado. Un viaje personal.

En ese viaje personal (o este, que continua) conocí a una chica que me gustaba mucho pero que entre coqueteo y coqueteo nos dabamos la oportunidad de hablar de cosas profundas, sobre la vida, nuestras vidas, la universidad, ser gays... Ella en algún punto notó lo ansiosa que vivía yo. Notó que incluso, en medio de un paro académico, en donde nuestras clases estaban paradas, no habían proyectos, ni trabajos que entregar, yo estaba en constante alerta.

Un día ella me dijo que me relajara y descansara, a lo cual yo le dije No. Ella en su total preocupación me preguntó: ¿y por qué no? Han pasado nueve años desde entonces y ese momento aún vive clavado en mí porque hasta el día de hoy no sé responder a esa pregunta. Sé que ese día titubeé, dí una respuesta incompleta, confusa, estúpida. Ella sugirió que me desconectara, que apagara el celular, que fuera a mi lugar favorito en la ciudad y me quedara allí, en silencio conmigo misma. Su sugerencia me dio pánico, me pareció horrible y peor aún, me pareció imposible.

Nueve años y varias sesiones de terapia me han demostrado que no sé descansar. Y sigo reviviendo ese momento en el que aquella chica me preguntó por qué no podía relajarme. ¿Por qué dije que no hace 9 años cuando no tenía ninguna responsabilidad seria, cuando aún no pagaba arriendo, no pagaba por mi alimento, cuando aún vivía con mis padres? ¿Por qué dije no cuando no trabajaba y no debía responderle a ningún jefe? ¿Por qué le dije que no incluso cuando nuestra universidad estaba en paro, no habían clases, no habían tareas?

La respuesta fue un simple y contundente no, que salió desde el fondo de mi ser. Irónicamente ahora mi tarea ha sido viajar hacia mi interior nuevamente y encontrar el por qué de ese No. Un viaje que inicialmente me devolvió a un estado de alerta para estar pendiente de mis recaidas, para estar pendiente de que la depresión no volviera y golpeara tan fuerte, para tener el control. Pero la pregunta vuelve... hey, ¿y por qué no simplemente descansas?

He decidido que me entrego al descanso y no al hacer para encontrar la respuesta. ¿Qué pasa si descanso y dejo la ansiedad por hacer cosas? ¿Qué pasa si sólo soy?

Vamos a ver cómo me va.


27.2.20

Severa depresión

Aquí estoy otra vez. Este lugar es muy familiar. Este lugar emocional se siente parecido, no es igual, pero se siente muy similar a otro. Duele, duele mucho. Luego deja de doler y todo vuelve a la normali... no. Otra vez duele, esta vez parece que duele más, muchísimo más. Es demasiado intenso. Vienen las lágrimas, ¿por qué son esta vez? ¿qué fue lo que pasó?

Nada. Pero de pronto va a pasar. Llora, prepárate para lo peor porque lo peor siempre está por llegar.

O tal vez no. Relájate, sólo fue un mal día. Tal vez llovió, tal vez estuvo opaco el día. Ya volverás a sentirte bien.

O tal vez sí. Sí era un día de sol, de mucha luz, de calor. Tal vez es que ya no lo sientes, tal vez ya no te das cuenta de la luz que hay, ni afuera ni adentro.

¿Qué te pasa? Si ya habías estado aquí, si te parece familiar este lugar, ¿por qué no haces lo de siempre y vuelves a lo normal?

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Pensé que una de mis peores crisis depresivas había sucedido hacia cinco años.
Pero resulta que creces y la depresión también madura contigo. Aprende contigo, de los errores, de los éxitos. Y está ahí, pendiente para cuando te vuelves a perder. Cuando vuelves a creer que hay algo normal y que la vida sigue una sola línea. Viene para despertarte.

Y ya me quiero despertar porque aunque este lugar parece familiar, no es cómodo y me duele más, no sé por qué. ¿Será porque había pensado que jamás daría un diagnóstico de depresión severa a estas alturas de la vida, con todo lo que ha pasado?

¿Qué pasa?

7.2.19

Pavlodar, segunda parte.

Un año y cuatro meses. Eso llevo viviendo aquí. Un año y cuatro meses cargados de viajes, experiencias, aprendizajes que habría creído inconcebibles si no fuera porque lo he vivido.



Empezaré por los primeros meses. El sentirme aún de viaje, como si aún no entendiera que este lugar no es un pueblo al que vengo de visita, sino al que vengo a quedarme a vivir por who knows how much longer. Los primeros meses todo parece un cuento, todo parece un sueño, todo parece una mentira. Una muy bella. Sin duda alguna seguía con la idea de que en algún momento me iban a despertar e iba a estar en Bogotá, al lado de mi mamá o algo así.

Conseguí trabajo a la semana de haber llegado aquí, en un instituto de estudio que aceptó pagarme por horas y por un buen precio. Básicamente empecé a ganar más que en Colombia por menos horas de trabajo. Fue totalmente independiente e incluso, fue tanto el desorden del instituto y sus clases que me ofrecí a organizarles un currículo para todos los níveles. Para Enero ya lo tenía montado y estábamos listos para ejecutarlo. Mis jefes estaban encantadísimos conmigo y me preguntaron por qué me ofrecía a ayudarlos, si mi intención era llegar a Colombia e implementar algo así o qué. Sinceramente lo hice porque podía y punto. Porque no soportaba el desorden en el que daban las clases y la mediocridad de algunas de mis colegas.

Pero antes de eso empezó una idea. Llegaban nuestras primeras vacaciones -winter break, y no sabíamos a donde ir. (Btw, esquiamos por primera veeeeeez) Finalmente el Sr. Ariza se animó por Tailandia y de paso ir a bucear allá. Y debo decirlo así porque así fue. Él se animó, él decidió, él quería. ¿Yo? Estando aquí me di cuenta que cualquier cosa que yo hubiera soñado había quedado en el olvido. Me di cuenta que cerré la puerta de los deseos y dejé de pensar en ellos.



Estando al otro lado del mundo me di cuenta que no tenía sueños porque una parte de mi se había resignado a no creer en ellos y mucho menos a creer que podían hacerse realidad. Y sé que Ariza notó esa actitud porque la idea de Tailandia no se me podía hacer más ajena. No miraba tiquetes aéreos, no miraba hoteles, no sabía ni cómo empezar. Me sentía una idiota completa y me horrorizaba la idea de decepcionarlo. Él tuvo una mejor idea y dejó los planes en mis manos. Me encargó de ellos para poder hacerlos míos, y a pesar del berrinche que hice y dejar al descubierto mis inseguridades, lo organicé.



Viajamos a Bangkok, donde comimos comida exotica y él se intoxicó, donde vimos Star Wars juntos por primera vez en el cine y tuvimos que levantarnos para el himno nacional!!, donde visitamos un chingo de templos budistas y caminamos y nos estafó cuanto taxista se atravesaba en nuestro camino. Fuimos a Chiang Mai y visitamos un santuario de elefantes donde les dimos de comer y pasamos la tarde con ellos, viéndolos ser en su habitat. Fuimos a Koh Tao y buceamos, muriéndome yo del susto en las clases pero luego amándolo desde  la primera inmersión. Descubrí que el mar es el mejor lugar para aprender a solar el control. Y ahí le dijimos adiós al 2017 y celebrabábamos la llegada del 2018 que nos encontraba juntos, por fin. Bailamos y cantamos hasta el amanecer y disfrutamos del hotel al que decidimos llamarle nuestra luna de miel, porque si no tuvimos boda, al menos íbamos a tener una luna de miel del putas!



Decidí empezar el 2018 pensando que todo lo que estaba sucediendo ya no era un sueño y que no me iba a despertar en Bogotá. Decidí aceptar de una vez por todas que todo es real y que no me está pasando a mí, sino que yo lo estoy generando, ahora de la mano de mi esposo. Me cansé de pensar que todo era una coincidencia y que las cosas sólo pasaban, los sueños se hacían solos realidad y ya.

Koh Nang Yuan

En algún momento lo escribí aquí, cómo me costó aceptar que me habían otorgado la beca en la universidad A MI, no por rifa ni por coincidencia, sino porque lo merecía. Porque mis esfuerzos habían generado ese resultado. Y no fue sino hasta finales del 2015 (dos años después) que lo vine a entender. La vida me había dado esa oportunidad a mí porque era para mí y punto. Lo mismo tuve que interiorizar al vivir aquí. Jamás, ni en mis más locos sueños habría imaginado viajar a Asia y MUCHO MENOS vivir ahí. Y heme aquí, en Asia central, viviendo y aprendido ruso. Русский !

Así que si la vida, cuando le pedí cambios (una vez más) decidió darme ese trabajo en ese colegio (cuando claramente no me iban a aceptar pero OH sorpresa, una profesora de inglés decidió renunciar justo ese mismo día) y la vida decidió darle trabajo a mi futuro esposo ahí, tres meses después y reunirnos en eventos fuera de lo común para que en menos de dos meses nos enamoráramos y la puerta de Kazajistán se abriera (que inicialmente rechacé porque hello darkness my old friend) pero que se volviera a abrir a los dos meses y esta vez dijera que sí... no, sería ridículo seguir pensando que TODO ES UNA MERA COINCIDENCIA Y YA.


Así que el 2018 empezó con ese tono más realista y me dio un poder que no sabía que podía tener. Por eso me decidí a planear un currículo para el lugar donde estaba trabajando y me decidí a llevar a cabo las clases como veía era la mejor opción. Las ideas resonaron y a ellos les gustó, pero a mitad de camino se quedaron atrás y yo necesitaba seguir moviéndome. Para finales de marzo me ofrecieron ser la coordinadora de inglés general del instituto a lo cual dije que sí, pero dijeron que hablaríamos después... dicha conversación nunca llegó. Para finales de marzo el hastío del inverno se vuelve insoportable y ya estaba aburrida en el encierro de la casa. Extrañaba salir en bicicleta más que nunca, extrañaba incluso la rutina de un trabajo con horario fijo. Necesitaba retarme, necesitaba hacer algo y perdí el entusiasmo en mi trabajo. Me aburrí.

Llegó disque la primavera, disfrazada de un invierno menos fuerte. La vida vuelve a hacerse más tolerable con la idea de que en algún momento la temperatura volverá a ser positiva y que la bicicleta que compramos en abril la iba a poder usar. Comí carne de caballo en Nauryz (que debería celebrarse en marzo, pero es aún muy frío y algunos lo celebran en abril) Llegó Mayo. Montamos bici y sentí un nuevo respirar. Me di cuenta que la vida en estaciones es una experiencia única y que le da un toque de novedad a la rutina de todo un año. Uno no es el mismo cada tres o cuatro meses, definitivamente. La vida se reinventa incluso con la ropa que uno empieza a ponerse.  Llegó mayo con una especialización virtual (TESOL) y me animé mucho más. Volví a querer mi trabajo, por lo menos lo que estaba haciendo, no el lugar. Y finalmente llegó Junio con el verano. Participé en la primera semana del Summer Camp en donde trabaja mi esposo y me ofrecí a ayudarles, de donde salió luego una propuesta de trabajo, una entrevista y un empleo fijo en un colegio internacional.

Y así termino la segunda parte. Hablaré del verano, que fue otra experiencia única, después.

25.11.18

Emotional

Esa es la palabra para describir esta experiencia: EMOCIONAL.

Hoy desperté más sensible que de costumbre. Llevo tres meses trabajando en mi nuevo trabajo y la energía que siento desde entonces es indescriptible. Me encanta. A veces odio todo lo que hacen mis colegas, odio el colegio, pero no mi trabajo y no a mis estudiantes. No lo que YO hago.

Por eso sé que valió la pena dejarlo todo allá en Colombia. ¿Que me vine detrás de un hombre? ¡Seguro! Y no lo cambio por nada. Una de las mejores decisiones de mi vida. No sólo he crecido como persona, también he crecido profesional y amorosamente, si se me permite decirlo.

Pero no deja de ser emocional. No deja de sentirse el vacío de casa. No dejo de sentirme homesick solo porque estoy bien acá.

Extraño a mis amigas  y amigos. Extraño tomar café y cerveza, cócteles o comer un helado mientras caminábamos por la ciudad contándonos la vida y el día a día. Compartiendo una y mil historias. Extraño caminar, simplemente eso.

Extraño los domingos de bicicleta, madrugar a las 5 am sólo para montar por horas y horas, llegar a la casa tarde el domingo, tomar una ducha y quedarme en la cama toda la tarde-noche.

Extraño a mi familia. Extraño las visitas, las estupideces dichas y hechas. Extraño lo incómodo, los silencios y los malentendidos.

Extraño tantas cosas que simplemente no voy ni quiero enumerar aquí. Porque este vacío seguramente no se me va a quitar sólo por escribirlo, como un conejito en la garganta que necesita salir.

Escribo esto porque no sé qué más hacer. Este vacío está desde hace mucho y cada día se disfraza de muchos colores y sé que cada día encuentro una manera más para lidiar con él, porque si alguien me pregunta que si me devuelvo allá le diré que no. No quiero. No ahora.

Estoy haciendo lo que me gusta y me están pagando un chingo por hacerlo. Me apasiona lo que hago y aprendo muchísimo haciéndolo. Tengo ahora tantos proyectos en mente que sé que Colombia no me puede ofrecer porque escogí uno de los trabajos menos valorados allá: ser profesora.

Así que no. No vuelvo a Colombia. Así que aprendo y desaprendo a cubrir este vacío que se agranda con cada semana que pasa. ¡Benditas vacaciones que se acercan! Son una recarga de energía inmesa, para seguir. Para no rendirse, para seguir viviendo esta experiencia al otro lado del mundo, aunque sea tan emocional. Benditas vacaciones porque voy a volver a ver a mi familia.

Necesito empezar el 2019 con todo su amor y energía.


18.9.17

Bogotá mejor para nadie.

Este año ha sido muy especial para mi miedo. Me he tenido que dar de a golpes con él y decirle que no joda y que por primera vez soy yo la que manda, no él. Y no ha sido fácil porque el hijo de puta sabe defenderse y yo no soy muy buena dando golpes.

Pero parece que él encontró una única manera de calar en algo, en algún lugar que creí imposible y ahora cada día me sorprende más. El miedo se apoderó de mi ciudad y de mis ganas de vivir en ella. Cuando escribí mi bici y yo lo hice con ese sabor de sentir cómo iba venciendo el miedo de todos por querer andar en dos ruedas en esta ciudad, a la hora que fuera, en la calle que fuera y sola. Ahora no puedo, no quiero, no me atrevo.

Jamás llegué a imaginar que el miedo buscaría colarse en mi ciudad y dañarme los momentos en ella. En ocho meses van dos bicicletas robadas y la seguridad de rodar tranquila aquí. Me han robado la seguridad y a la gente que me rodea. Ahora son ellos los que me dicen que mejor me cuide, que mejor no salga y yo los escucho y les hago caso. Finalmente también tengo miedo.

Ahora, había prometido hacer un post resentido, porque con el robo que le hicieron a mi hermano la semana pasada no aguanté más el caos interno en el que estoy. Odio a Bogotá en este momento pero siento enormemente cómo la voy a extrañar, con lo mierda y todo que es ahora. Pero la rabia se fue porque cuando veo a Bogotá desde el Cerro de Monserrate no puedo dejar de agradecerle por criarme, por hacerme lo que soy. Porque fue justo por su caos de mierda que decidí utilizar bicicleta y me aventuré a ganarle al miedo en dos ruedas. Y eso por lo menos no me lo ha quitado. Sólo ya no tengo bicicleta para andar y no cuento con el tiempo, pero sé que desde donde esté volveré a rodar porque este amor por la bici es para siempre.

Así como mi amor por Bogotá, porque eso soy, una rola más, jodida porque vengo también de familia santandereana, porque la ciudad me moldeó como pudo y aceleró mi crecimiento, empujó mi control y rabia al máximo. Pero a veces no dejo de pensar que justamente me voy de Bogotá para desaprender y conocerme en otro ambiente. Finalmente no soy solo una cosa. Nunca lo seré. El cambio es la única constante en la vida y así como pensé que jamás sentiría miedo de rodar en esta ciudad, de pronto este caos que cargo por dentro porque Bogotá me lo cultivó durante todos estos años ya no van a ser una etiqueta más y será bello, una vez más, descubrirme, cambiar, transformarme.

Te odio y te amo tanto Bogotá. Es ridículo.

Ahora que lo pienso, también quería decir aquí que no pude terminar el post sobre Techo porque justo después de eso mataron a Facha. Y esa muerte me marcó porque no sólo no entiendo cómo hay seres que pueden arrebatarle la vida a cualquiera (y justo a semejante ser humano que era él) sino porque lo sentí tan cerca, sentí que podía ser yo quien saliera a tomar un taxi una noche cualquiera y no volviera jamás a mi casa. Así también me fue robando la seguridad Bogotá, cuando le fue quitando la vida a la gente que vale la pena tener cerca, vivita y coleando. 

10.6.17

Y no fue lo peor que podía pasar.

Me robaron la bici el 3 de mayo y no fue lo peor que podía pasar.


He estado pensando en escribir un post sobre lo que esta ciudad lleva produciéndome desde este año, y con lo del robo de mi bici creo que me he venido inspirando más. Pero hoy no. Hoy no hablaré de eso.

Me robaron la bici porque sí. Porque no tenía el seguro adecuado, porque debí guardarla en un parqueadero bajo techo, porque no debí salir ese día. Porque sí. Y no fue lo peor que podía pasar. Justamente ha sido por la bici que me he aventurado a vencer muchos miedos. Lo dije aquí cuando hablé de mi bici y yo, o cuando hicimos esa travesía suicida hace ya casi dos años.

He sentido este año muchísimo miedo, no sé si más de lo que acostumbraba todo el tiempo o qué, pero sé que lo he sentido mucho. Ahora bien, cómo lo siento es totalmente diferente. Estaba pensando en quien era hace 10 años, tenía 14, faltaba poco para graduarme del colegio y sentía que lo peor estaba por venir. Le he tenido mucho miedo al futuro, siempre. No sé dónde lo aprendí, no sé por qué lo aprendí, pero así me configuraron y recuerdo que el pensar en ese vacío que vendría después del colegio me aterraba.

Si alguien me hubiese dicho que ese después iba a ser la mejor etapa so far de mi vida, no le habría creído, el pelear con mis miedos no me dejaba creerlo. Pero resultó que sí, que lo mejor que podía pasar era salir del colegio, dejar tanto drama y tanta depresión al lado y empezar a salir de la burbuja en la que vivía. Conocer la gente que conocí, incluso comer la mierda que comí junto a esas personas y surgir, una vez más del fondo.

He sentido muchísimo miedo y tengo un stack de miedos guardados que ni te imaginas. Hace casi dos años hice un taller y nos pidieron escribir nuestros miedos. Me bloquée al inicio, me dije: a ver, no seas ridícula, si transpiras miedo ¿ahora no vas a poder hacer una lista de tres miedos?... Salieron como 20 incluyendo el miedo a perder mi trabajo y que me robaran la bicicleta. Y a las arañas, ese fue el primero que escribí. Y fue justo lo que pasó este año: los miedos están, a veces son tan insoportables y se vuelven tan tangibles. A veces me tienen a medianoche llorando, con el corazón en la mano y miles de preguntas sin responder. A veces simplemente no sé, pero se sienten caminar en la piel, arañando y buscando una manera de romper el alma.

Este año sé que he sentido muchísimo miedo pero sé que el cómo se siente ha sido diferente. Y la bici me lo demostró, una bobada como esa me movió y creo que desde entonces los miedos andan revoloteando por todas partes, peor que antes porque ahora no hay manera de bajarme. Sí, me robaron la bicicleta y lo primero que me pregunté fue: ¿Y ahora qué? Ya está, ya se cumplió un miedo, ya se hizo realidad ¿y ahora qué?... Y gente, nada pasó. El mundo no se acabó, no morí. Lloré, claro, después de sentir que esa semana ya estaba una mierda como para añadirle más cosas así. Me resigné, claro. Pero gente, no pasó nada más. El peor escenario era quedar sin bici y así fue. Ya no estaba y punto.

Desde entonces llevo haciéndome la misma pregunta con cada miedo que me da: ¿qué es lo peor que puede pasar? y por fin hay un vacío grande, sin un miedo amontonándose encima de otro. Por primera vez siento que lo peor de todo lo que puede pasar es que... simplemente no pase. Que la vida no sea, que yo no me mueva, que me quede inmóvil al lado del camino.


Dani me envió esta imagen en marzo y no dejé de pensar que efectivamente no tenemos miedo, sino que lo somos. Somos ese miedo que nos come o somos esas ganas de aprender de ese miedo. Y espero que la vida en algún momento me cambie la visión que tengo del miedo como me ha cambiado en muchas cosas. Porque sigo creyendo que soy un enredo de crespos y miedos que nunca dejará de sentirlos y vivirlos. Sólo sé que por ahora está bien, más que bien porque de algún modo vivirlos y aceptarlos me van a llevar a algún lugar. Where I'm supposed to be. Y creo que lucharlos y negarlos sólo me van a detener. Tal vez no se cumplan todos mis sueños, y tal vez no tenga todo lo que quiero, pero quiero confiar que cada decisión que tome, con o sin miedo, me va a llevar a donde debo estar y a vivir lo que tengo que vivir.


25.2.17

Once in a while.

Hace poco alguien nuevo me dijo que no había conocido a alguien tan feliz como yo. A alguien que tan fácilmente le transmitiera esa alegría y que eso veía en mí: pura alegría.

Me emociona escuchar ese tipo de cosas sobre mí y a la vez me asusta. Digo, ¿será que lo estoy fingiendo? Y sé que no soy yo quién hace esa pregunta, es una parte, esa ridícula y estúpida parte que quiere estar triste, deprimida, aburrida. Esa que de vez en cuando tengo que invitar a pasar, a hacer visita para que pase rápido, sin tocar mucho por aquí o por allá, para que no deje manchas.

Cuando me deprimía en el colegio sentía esas ganas ardiendo dentro de mí, esas absurdas ganas de estar triste, como si eso fuera lo único que podía ser. Y a veces se sienten de nuevo, a veces se siente como tanta felicidad le choca a esa parte y busca entrar y sabotear y dañar. A veces quisiera no sentirme tan sola y saber que alguien más siente lo mismo, que se siente igual, que "a todos nos pasa once in a while" pero no sé si es que la gente se lo calla, la gente anda muy dormida y ni reconoce su alegría o su tristeza o es que simplemente estoy jodida.

12.10.12

Carta abierta a "mi" ginecóloga:


Antes de iniciar, señora Valderrama, quiero que sepa que esta carta es abierta pues creo que si por el camino de este blog aparece una ginecóloga o una futura, espero que tome nota de lo que aquí estaré escribiendo.

Dado que mi citología fue un poco traumática gracias a usted y por seguir disque el sabio consejo del doctor ese que me atendió en enero y me pidió casi escandalizado que debía practicarme uno de esos procedimientos, hago ahora público mi descontento. Descontento por cierto, que demoré en demostrar no porque lo olvidase, sino porque pensé que con el tiempo se me olvidaría aquella experiencia, pero ahora veo, y dado que se supone que el viernes pasado* debí ir por los resultados que no recogí por purísima pereza, volví a recordar y nuevamente como si apenas hubiese salido de ese consultorio con esas horribles ganas de llorar y salir corriendo.

Señora y público en general, quiero que sepa que realmente era mi primera citología, que no le mentí al decirle que era una cuasi virgen y que me metan cosas no es que sea mi plato preferido viniendo de una mujer con cara de rabia y una bata azul aburrido. Créame, y se lo juro con biblia en mano aunque no crea nada de lo escrito allí, que no tenía ni idea de lo que era ese procedimiento y que por idiota tomé pensando que me serviría para otras cosas. También le soy sincera al decirle que aunque sé que de ahora en adelante se supone que debo hacer dicho procedimiento anualmente, seguramente ésta fue mi primera y última vez. Para ello, prometo ser muchísimo más cuidadosa con mi parte íntima y así evitarme otra citología. Confirmaré con los resultados que estoy bien y siempre lo estuve. Y si ha de ser necesario, falsificaré resultados cuando me venga en gana (aunque yo sepa, nunca piden pruebas de citologías en trabajos o algo así)

Quiero que sepa que soy consciente del riesgo en el que me pongo, por aquello de enfermedades y demás, y quiero que el público también en general no se escandalise y piense que practicarse una cosa d’esas es lo peor. Entiendo y tengo clarísimo que es un procedimiento necesario para la salud femenina, pero por mi parte, mis piernas quedan cerradas para ustedes. Sí, también para el público general. Además, tal vez ustedes si atinen a una cita con una buena persona.

También quiero que sepa que amo todo mi cuerpo, señora. Lo amo porque es mío, y es mío porque lo amo, aunque suene clichosudo. Amo mis senos porque no son grandes y molestos, ni muuy pequeños que no se ven. Son míos y son hechos a mi medida, como siempre he dicho. Quiero que entienda que me vale verga que se caían algún día por efectos de la gravedad y que si bien eso suceda o no, allá ellos, que ni tan pesados son como para que se caigan feo. Entienda que no utilizo bra porque me encanta la libertad de estar sin él, porque no hay bra perfecto para mis senos bonitos y que no me gustan porque para mí, son muy incómodos. Señora, es problema suyo si usted tiene los senos grandes y le incomodan, pues a mi no. ¿Ve que son bonitos? A mi no me asuste con que se van a caer y que por eso tengo que utilizar bra. Y no crea que porque le digo que son pequeños y no necesitan bra entonces soy una malagradecida con lo que “el señor” me dio. Ya muy claro dejé en renglones superiores que adoro mis senos, señora, y créame, no sólo yo estoy agradecida con ellos, muchas gracias. No vuelva a pensar ni a expresar cosas que ni he dicho.

Por último, no sea tan hija de puta. Mi experiencia en el consultorio fue 90% traumática gracias a su actitud de culo. Y perdonará usted mis palabras soeces pero ya he esperado bastantes meses para decirlas, decírselas. Su actitud fue de lo peor que he podido ver en atención al cliente, y eso que he tenido pésimos tratos en bancos y puestos de comida rápida, y con eso le digo todo. Señora, si a usted no le gusta su trabajo o nada de lo que hace, ¿acaso es mi culpa, yo la puse en esas, la obligue a trabajar allí? Es cierto que yo pedí la cita, pero no fue con usted, señora, el destino nos unió por algo, pero no porque yo quisiera, eso se lo aseguro.

No espero ninguna respuesta de usted, pero sí espero una mejor atención para las futuras pacientes que tendrá en sus manos, literalmente. Espero por favor que si  todo esto se trata de odio a su trabajo y a todo lo que hace, renuncié a él y a todo, se vaya a vivir al campo y cultive papas. La vida en el campo es bien bonita, señora. Pero si al contrario, todo se dio porque le caí mal, señora, le juro que apenas la vea, saldré corriendo en dirección contraria y le evitaré volverme a ver y no para complacerla, sino porque usted me da miedo. Miedo, le digo. Así que por su salud mental y la mía, no nos volveremos a ver.
Gracias por la atención prestada.

* Escrito en agosto algo.

26.12.11

Año 11, 12 meses. Parte 2

Y mi cabeza que empezaba a sabotearse cada detallito de la vida, o que, a cualquier costo, me recordara cómo eran las cosas y funcionaban para mí. De botarme esmalte y hasta el mundo encima, sentirme perdida y entrar en el shock del cambio que me propuse en el año. Que el mundo y su ruido se detuvieran una vez más a mis espaldas al querer regalarle mis palabras y que unas de ella me alegraran la existencia. Que el cielo de tenerla me parecía fantasía. Que las luces de mi cuarto iluminaran nuestros rostros y que por primera vez pudiera cuidarle el sueño. De tomar vino caliente y enamorarme un poco más. Un, deux, trois y nos vemos después. Darle la bienvenida al color rojo en mi cabeza y tener de esos días mágicos porque sí. Adiós Abril.

De sentir que me vendía, que dejaba de ser yo cada jueves y desesperarme con tanta hipocresía, que cada lectura nueva me erizara la piel y que mis ganas de psicología golpearan cada vez más fuerte en la ventana. Que sentirlo tan lejos me regalara más oxígeno en cada respiración y que me demostrara que no hay cosa que no pueda hacer sola. Sentir lo que no es venderme con las personas que quiero, aunque nunca me entiendan y crean que juego a no ser apoyo y prefieran alejarse. De perderme sola, perderme en letras, recorrer historias y más historias y que la literatura empiece a tatuarse en mí. Adiós Mayo.

De regalarme un buen final, de extrañarla un chingo, tomar cocktails y seguir extrañándola, necesitándola a mi lado, como si no pudiera respirar sin ella. Como sentir miedo por ello. Sentir miedo por todo y olvidar muchas cosas, de jugar y sentirme la peor persona del mundo, de ocultarme frente al mundo que grita por mí y golpearme por no ser capaz de dar la cara, de esconderme porque no me creo nada de lo que soy capaz de hacer. Que sea fuertemente influenciable y que se me olvide hasta el apellido. Que prefiera perderme en juegos sin sentido, conversaciones absurdas y de vez en cuando sonreír de verdad. Refugiarme en la fugaz lectura de Harry Potter, dejarme llevar por un mundo que no existe y embriagarme con él. De no dormir, de pasar derecho, de sentir que las cuatro de la mañana lo es todo para mí. Que la sigo extrañando y que lo único que puedo explotar con eso es mi creatividad. Que alejarme y embriagarme por una noche se convierte en el plan de una vida, por lo menos por unas horas y que me haya saboteado la felicidad de manera tan grande, y claro de también hacer descubrimientos sobre mí misma, porque sí, cada día es un aprendizaje, aunque de golpes tenga que aprender. De seguir saboteándome, de decorar mi cuarto y sentir que el piso es el mejor lugar para estar, porque mi lugar está abajo y no arriba. De justificarme todas las peores cosas de mí y no arrepentirme, por primera vez en mi vida. Adiós Junio.

De fumar, porque sí, porque no, y porque me quiero joder. De mover la cabeza y gritar como nunca. De bailar, de sentirme conectada por primera vez y reír como loca. De conversaciones sinceras y momentos de locura. De confesiones a media noche que no quiero saber y de películas que me hacen llorar como nunca. De extrañarla, de sentir un peso absurdo, de querer ignorar y una vez más sentir miedo. De revelaciones que incomodan en vez de emocionar y de esperarla, teniéndola tan cerca. De leer Cortázar porque no hay nada mejor que hacer y que Potter todavía me embruje. De enamorarme un poco más, con condiciones tal vez. De sentir que Edith Piaf me canta sobre el 14 de julio y que no hay nadie por quien me cambiaría. De hablar en inglés y ser madreada en español, sólo por amar. Amar como nunca. De sentirte cerca aunque estés lejos y de seguir esperando. De recibir abrazos inesperados y empezar conversaciones importantes en mi vida. De unirme con mi hermano y tenerlo como el angelito de mi vida. De llorar con películas esperadas e inesperadas. De sentir que vuelvo a "la normalidad" y me preparo para comenzar algo nuevo... sin saber que así sería totalmente. Adiós Julio. 

15.12.11

Año 11, 12 meses, parte 1.

Aclaro que esto lo hago porque quiero. Já, obvio, es mi blog.

El año empezó con no haber visto Batman. No, no lo ví, el chocolate sabía (y sabe) mejor. Con una conversación que se dañó y mis inexistentes ganas de dormir. Tomada hasta la media noche y besos deseados. Visitas inesperadas, compra de boletas, noticias que quería y no quería escuchar. Mi hermana enfermándose de nuevo y yo peleando con mi papá. Lágrimas que no quería ver y me movieron. Despedida inesperada y funeral. Ver un dibujo y llorar, en otros brazos. Confesiones  y descubrimiento de sentimientos que, a lo mejor, también habían salido de la ciudad con ella. Recibir cartas que hacían comer rosas cuanto más las leía. Sinceridad que luego fue pateada por el miedo, por el apego, por... no sé aún qué. Adiós Enero.

Luego descubrir que las cosas no cambiarían, y si lo hacía, igual no me iba a importar porque si una llamada hacía más que una visita de 5 horas, estaba condenada a ser feliz en otro lado. Y sí, alejarme porque no podía con eso. Ser yo, aunque fuera lejos. Tomar, aunque no debía y escribir algo que se me salió de las manos. Dejarme llevar por la nada, tener que saldar cuentas que no debía saldar, porque no me correspondía y creer que estaba cargo de todo. Llamadas, sinceridad y el sabor amargo de la distancia. Poemas y más sinceridad, despedidas con besos que saben a un Hasta Siempre y luego sentir un compromiso inexistente. Adiós Febrero.

Necesidad. Ganas de gritar, de ser, de... lo que sea. Concierto, momentos y cumpleaños. Que el estómago se expresara con mariposas cada vez que recibía una llamada y pronunciar una palabra que nunca pensé, diría. Caminar y caminar porque la soledad te lo pedía y quedarte en casa pensando y pensando. Salir para confirmar que lo eres todo cuando quisieras ser su nada, cuando en tu cabeza no hay nadie más. Y que pam, ese día sea tu todo, por fin, aunque esté a un millón de pasos de distancia. Comer queso para seguir pensando y hablar de la nada con quien sea. Comer pie y seguir la rutina, ahora con documento que dice: eres mayor de edad y eres arrestable. Fotos que se tomaron y todavía preguntas qué te hicieron para que fueran enviadas con todas esas palabras que tanto me gusta decir. Celebrar un cumpleaños a distancia y amar cada día más el volleyball. Inventarte la pijama del pasado y creerte el cuento de la docencia. Sentir el cambio en tu pecho, en tu mente, en todo, sentir un shock y mucho miedo. Aplazarlo todo por falta de ganas, de impulsos, porque el papel de víctima era mejor. Adiós Marzo.

1.8.11

Muérete.

Pensar que voy a salir corriendo, llorando y abrazando a mi papá es una idea que no se me va a salir de la cabeza tan fácil, pero es que a veces me dan como ganitas de matarlo, y aunque la idea de que cuando él muera toda esa magnífica biblioteca que construyó en su vida de lector ansioso me queda a mí no me anima en absoluto porque sobretodo, prefiero a mi papá vivo. Vivo y feliz. Y mierda, que tengo ganas de golpear a mi hermano por sus ideas tan bonitas que me ha metido en la cabeza pero que me ... no sé, damn it.

¿No odian cuando son como yo, que tienen la solución en las manos pero les da miedo?

Niñita miedosa, a tí es a la que debo matar. 

26.6.11

La poesía me está consumiendo todo. Y ojalá, ojalá esto fuera una queja, una queja con letras grandes, una queja con lágrimas, con desolación y desesperación. Ojalá lo fuera, porque quejarme es muy fácil para mí, aceptar que estoy siendo consumida y no me importa, no lo es tanto.


Porque la narración se me está acabando (o está en stand-by, como muchas cosas importantes en mi vida y que por eso no tengo nada interesante que narrar).


Porque le pedí al universo sentir, sentir todo, sin restricciones, sin fichas que llenar, planillas ni filas interminables.
Pedí enamorarme, enamorar, sentir, vivir, amar, sonreír.


Pedí entender todo, todo, todo.
Porque a veces no me cabe la idea de los enamorados que se lamentan de su estado.
No me cabe la idea de desear no amar.
De no desear.
De no mimar y consentir.
Y con lágrimas en los ojos y mi corazón en la mano pedí amar una vez más.
Prometí no quejarme, prometí no reclamar nada, prometí simplemente amar
y aceptar que llegase como fuese.


Y llegó, así sin más.
Llegó y me dejó en la sexta nube
cuarta fila de atrás.
Y me da miedo caerme
sola


Y llegó, así sin más
Llegó y me convirtió
las calles en poesía
los pasos en versos
Y me da miedo
no tener otra narrativa
en la que esté ella


Y es que ni en inglés lo puedo decir
porque prometí amar
pero no prometí no guardar
no poder decir que je suis tombée amoureuse de toi
no vaya a ser que así se vaya todo
y es que más que decirlo
prefiero sentirlo


algún día lo sabrás
y más que saberlo
lo sentirás.

19:05 - 26.03.11

12.4.11

(3) Confieso que:

  • Le fuí infiel a dos de mis parejas. Con y sin arrepentimientos.
  • Me da pena hablarle a mi prima gay. ¬¬'
  • Me siento tonta la mayor parte del tiempo, sin embargo estoy abierta al aprendizaje.
  • Tengo un playlist sexoso.
  • Me gusta el adjetivo sexoso y el verbo sexar. Jajaja.
  • Uno de los momentos más incómodos de mi vida los pasé en un hotel escuchando a mi -entonces- mejor amiga y a su novia teniendo sexo. Pinches estúpidaaaaaaaaaaaaaaaaas.
  • Uno de los momentos más memorables de mi vida los pasé en un hotel con mi -entonces- mejor amiga y su novia mientras hablabamos de la vida.
  • Me encantan los huesos de la cadera. M e  e n c a n t a n . 
  • Quisiera no aceptar que el 23.11.08 marcó una parte de mi vida.
  • A veces no puedo ocultar mi parte homosexual y se me salen comentarios tipo: "Sí, por eso salgo con mujeres..."
  • Me pregunto qué diría Freud de mí. Todo el tiempo, todo el tiempo.
  • Mi universidad me está deprimiendo. La gente en ella, más que todo, claro.
  • Me gustaría que vendieran pastillas de inteligencia y madurez. Me hago farmacéutica.
  • Quiero ver un show de Dita Von Tesse.
  • Tatuarme una Pin-Up sigue en mi lista de cosas por hacer.
  • Deseo otra(s) tarde(s) con vos, escuchándote recitar un poema.
  • Tengo miedo.
  • Me gusta andar sin bra.
  • Tengo una cosa rara con los desodorantes Axe, y ya tengo uno en mi poder. 
  • La palabra 'Celibato' me acuerda de Maga. Lo siento u_u
  • Y 'Tetas' a Anul. (olvidé saludarlas la última vez que te ví, prometo hacerlo next time)
  • Me gusta alguien que no debería gustarme porque... porque no, y ya.
  • Las luces navideñas en mi cuarto a la medianoche tienen un poder relajante en mí.
  • Me da rabia que me imiten.
  • Estoy terminando esta lista para evitar hacer algo... pero ni recuerdo qué es. (Well played, brain)
  • Me daba miedo gustarle a mi amiga. Sí, en pasado. Let's see next week.
  • No puedo decir que te quiero y me da pena decir lo que sigue, je ne sais pas pourquoi.
  • Me niego a publicar el último escrito que hice para el blog. 
  • A veces me asalta la pregunta: ¿y si lloro en una clase de yoga?... *risaestúpida*
  • A esta lista le faltan más cosas...

-Lista armada desde el 11.03.11-

3.3.11

Estoy cumpliendo 8 años, no 18.

"Exactos 11 años, entregando pastel de mi sexto cumpleaños a los invitados de mi fiesta, me di cuenta que al año siguiente sería mi cumpleaños número 7. (...) Cuando era menor, siempre le tuve terror a cumplir años, por el simple miedo de crecer. Y ahora que soy "grande", me doy cuenta que ese miedo no era infundado, no era cosa de niña chiquita. Crecer apesta. Apesta demasiado. Pero ¿qué puedes hacer?... Por mi parte, a veces trato de seguir siendo la misma niña que fui alguna vez y definitivamente, es jodido. Ni siquiera tengo trabajo, ni soy mayor de edad y ya tengo deudas"
Escrito en el otro blog el 03.03.10 

Ya hace un año, UN AÑO que escribí sobre mi cumpleaños número 6 y sobre mi pensamiento y terror de cumplir 7.

Es como cuando estaba en primero de primaria y no quería pasar a segundo, porque eso de dividir se veía muy difícil. Y aún lo es, a quién engaño. Sigo siendo esa niña de seis años que le tocó crecer a las malas pero que le gustó. Todo a veces me da miedo y no quiero hacerlo, no quiero crecer, pero eso de no aprender y dejar que la vida passes me by, me aterra más.

También ya hace un buen tiempo que escribí sobre las ventajas y desventajas de ser mayor de edad. Sólo recuerdo eso de tatuarme e ir a conciertos para mayores de edad. Y no recuerdo y/o se me ocurre algo más.
Sólo sé que por otro año, llevar mi b-day girl t-shirt no va a ser posible, y sólo porque no la tengo y no quiero embriagarme hasta la perdición en la salida que planeaba para mis 18. Sé también que vieja no me estoy volviendo, me estoy muriendo, eso sí, pero ¿vieja vieja?. Tengo los genes de mi papá tan en mí, que llegaré a los 30 años como mi hermana y pareceré una quinceañera. (Muy así es la cosa, si todavía me ponen trece años, TRECE, por el amor a Jebús)

Lo único de lo que de veras me arrepiento es de no haber hecho algo contra la ley. Ahora si me pongo de chistosa a hacerlo... no, no quiero ni pensarlo. ¡Quería delinquir! Jajaja, lo confieso, pero ya qué, aprenderé mejor a hacerlo sin ser descubierta ;) ... Y esta semana que desperté con el ánimo alborotado y me recuerdan  esas cosas que uno de 'mayor de edad' tiene que sacar... Ajdkfjskldufisf.

Y ya, este post no es nada cohesivo, he dicho, pero se supone que es sobre hoy, sobre mi cumpleaños, sobre mí siendo mayor de edad. No adulta responsable, que eso ni mis hermanos, de casi 28, lo son. (Oiga, mis hermanos están viejos :O, me acuerdo cuando eran más pequeños y antes, cuando eran chéeeeveres xD)

Jajaja, en serio, este post va perdiendo el sentido cada vez más y más. Mis ideas no cuadran esta semana, tengo la emoción a todo lo que da (les cuento que estoy escribiendo esto el primero de marzo porque sé que mañana dos no escribiré nada y el tres no llegaré a mi casa a escribir un post, lo programaré que es diferente)

Y como escribí en el post del año pasado: "Mi actitud negativa tiene que acabar, aunque el mundo se me venga encima, no está de más pensar que con el mundo abajo, YO ESTARÉ ARRIBA" Así que espero tener un nuevo año de vida cargado de sonrisas y actitud positiva (en tu cara Jorge Duque Linares), que pueda por fin, realizar ese cambio que he querido desde Julio del año pasado. Poder por fin confiar más y llorar menos. Amar sin miedo, conocer sin juzgar y odiar sin... digo, odiar no, eso no. Poder enloquecerme sin medida, sorprenderme cada día más y vivir 25 horas del día.



Y créanme, eso de adulta seria no es lo mío. Seguiré con mis locuras, porque así me quiero y porque el mundo allá afuera, con miedo al cambio, me está aburriendo y si quiero cambiarlo debo ser yo quien empiece a llenarlo de color.


¡Ay! y ya, feliz cumpleaños para mí. Que sigas así de juiciosa, que cumplas muchos más y esas cosas. 

Gracias, mortales.

28.2.11

Se acerca el fin del mundo.

Creo que el peor evento que le puede suceder a esta familia no es entrar en bancarrota o algo por el estilo.
El peor evento es que yo cumpla los 18 años.

Sí, porque esa crespa, chiquitica y revoltosa va a cumplir años esta semana y se va a "volver" adulta. Y como no hay personas que me conozcan más que mi familia, ellos pueden decir bajo juramento que yo sacaré esa rebeldía que tengo por dentro y que haré más locuras de las que ya hago. Porque claro, todo lo que yo hago es pura y simple rebeldía. Rebeldía sin causa.

Lo peor que le puede pasar a esta familia es que yo me enloquezca de bar en bar, de "antro" en "antro", consuma, a lo mejor, más drogas de las que ya consumo. ¿Se imaginan si se enteraran que lo que más me gusta es el té de hierbas? Dios nos salve.

Lo peor es que sin miedo y más grosera que nunca, me revele contra mis padres, los escupa si es necesario y me vaya de la casa. Porque claro, eso es lo que más deseo en este mundo. Salir de mi santuario a ese planeta que a veces me hace vomitar.

La oveja negra de la casa va a ser mayor de edad para hacer lo que se le dé la gana. Como si antes no lo hubiese hecho. Pero claro, quién va a pensar que entre mis planes esté el estudio, el deporte y una que otra salida a cine o a hacerle compañía a quienes quiero. Yo sólo quiero seguir emborrachándome cada fin de semana y enamorándome de toda mujer que encuentro por ahí, no más para ir en contra de lo que es "normal".

Seguro y me revelo contra mi familia, porque ellos, más que nadie, saben que eso es lo que he querido toda la vida, y no se me ocurriría otra cosa que esperar hasta los 18 para hacerlo.

Y ya, me cansé de tanto sarcasmo. Ojalá mi papá y mis hermanos leyeran esto y entendieran. Pero a quién engaño, no lo entenderán, y a lo mejor cuando cumpla años, me echen de la casa para evitar tanta rebeldía.

Aush.
Y es que si mi papá cumple lo que me dijo hace algunos meses, me he de morir. Oui, j'ai peur.

Y un aplauso para mi hermano, que escucha La Sonora Matancera. 
Oh, qué tiempos, señores, qué tiempos.

29.1.11

"Conjugo el verbo Amar en pretérito indefinido, y no me gusta, pero no sé si conjugarlo en pretérito definido o si podré, una vez más, conjugarlo en presente, para tí".

21.1.11

Pas question!


Que ese 'Don't change her, Medellín' Post-it sirva de algo, por favor.


Hoy el mensaje fue el mismo, venía de dos personas con algo de experiencia en el asunto.
Una amiga y su ex novia.
Un amigo y su familia  en el cuento de la policía.
Sí, ambos diciéndome que ella va a cambiar.

Pinche Medellín,  ¿que te piensas llevar a todas las personas que quiero y cambiarlas?

Bueno, ¿por qué voy a asumir que así va a ser?
¿Por qué perder la esperanza?
Es lo último que se pierde, ¿no?
Dame razones para no perderla.

11.1.11

It's not enough to sit down and wait for fun to rain ♪

Si hay algo que me cansa bastante de mí es esperar.


Esperar a ver qué pasa, esperar a ver qué dice, esperar otro día, 
esperar a ver si puedo, esperar si me llegan las ganas.

La procrastinación es jodida, y te lo digo yo que la llevo a cuestas desde que tengo memoria. Pero no más, en serio que no. Es verdaderamente cansón esperar "hasta mañana" para empezar a hacer las cosas, y entiendo perfectamente que para algunas cosas uno sí debe esperar, ¿pero qué pasa con esas cosas que mismo puedes empezar a hacer desde ya?


¿Acaso nos da miedo?

Pinche miedo, tú si no te sales, ¿verdad?


Y que prometo leer lo que quiero leer y hacer lo que quiero hacer.