18.8.26

Otra vez lo hice.

 Lo hice. Otra vez lo hice. Maldita sea. 

Estando en Indonesia este pasado mes de julio se cumplieron 200 días de estar tomando este estabilizador y cuando terminé uno de estos tarritos y llegó la hora de botarlo no pude. Fuck, otra vez. Iba a guardar el estúpido tarro, llevarlo en mi maleta y traerlo de regreso a mi casa. ¿Por qué, para qué?

Caí en cuenta que en mi regreso a Camboya me iba a encontrar con todos los tarros que había guardado en uno de los cajones donde, bueno, guardo cosas random. Sé que tengo un tarrito extra para cuando salgo a montar bici, pero no necesito 10 extra, estoy segura de eso.

Este comportamiento me recuerda dos cosas: a) en mi primera evaluación psicológica salió que tenía rasgos de trastorno obsesivo compulsivo y b) que mi psiquiatra aconsejó tener otra evaluación psicológica y de eso no se volvió a decir nada. 

Empecemos por esto: tengo claro que al día de hoy (el borrador de este post) es día 219 de tomar estas pastillas. ¿Por qué? ¿A quién le importa? Tal vez quiero sentir la diferencia, tal vez quiero volver en el tiempo y revisar la efectividad del medicamento. QUÉ SÉ YO.

Pero, de pronto no debería decir nada acerca de esta obsesión por guardar tarros y muchísimo menos acerca de los pensamientos obsesivos que tengo porque no quiero más medicamentos. Y por supuesto, no quiero guardar más basura.

(Valga aclarar que llegué a Camboya, tomé la foto y boté los tarros.)

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