3.3.12

3. La otra


Se murió porque ella quiso;
no la mató Dios
ni el Destino.
Volvió una tarde a su casa
y dijo con voz eléctrica,
por teléfono, a su sombra:
«¡Quiero morirme,
pero sin estar en la cama,
ni que venga el médico,
ni nada! ¡Tú cállate!»
¡Qué silbidos de venenos
candidatos se sentían!
Las pistolas en bandadas
cruzaban sobre alas negras
 por delante del balcón.
Daban miedo los collares
de tanto que se estrecharon.
Pero no. Morirse quería ella.
Se murió a las cuatro y media
del gran reloj de la sala,
a las cuatro y veinticinco
de su reloj de pulsera.
 Nadie lo notó. Su traje
seguía lleno de ella,
en pie, sobre sus zapatos,
hasta las sonrisas frescas
arriba en los labios. Todos
la vieron ir y venir,
como siempre.
No se le mudó la voz,
hacía la misma vida
de siempre.
Cumplió diecinueve años
en marzo siguiente: «Está
más hermosa cada día»,
dijeron en ediciones
especiales los periódicos.
La heredera sombra cómplice
 prueba rosa, azul o negra,
en playas, nieves y alfombras,
los engaños prolongaba.

Pedro Salinas. (1931) En: Fábula y Signo


Nada es casualidad, y por alguna razón tuve que hacer una exposición sobre el señor Salinas, por alguna razón soy tan jodidamente curiosa y no me aguanté leer sólo un libro de poesía de él y me encontré con este poema que, por todito lo que ha pasado en estos últimos meses, fuck, coincide con esa pequeña muerte que tuve en Septiembre (y que no quise escribir en los post de Año 11, 12 meses) la única diferencia es que, ni mi sombra ni yo hemos muerto (porque soy hasta bien teórica y algunas teorías literarias no me dejarían por ahí, sin sombra, ni siquiera el psicoanálisis) Mi sombra está, pero ya no es protagonista, y mi mundo adquiere colores y deja de ser tan blanco y negro.

Feliz cumpleaños # nueve a mí :)


3 comentarios:

  1. Y eso último a pura voluntad?

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  2. ¡Me encantó!!!

    y usted señorita.. es una preciosidad
    Muchos besos!!

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