Se cumplen cinco años de la muerte de Tabby. Del asesinato. Me duele, pero le pongo esa palabra porque eso fue y eso sentí. Con ella murieron muchas cosas más. Demasiadas que en su momento no quise ver, quise ignorar.
Y cuando se cumplen los aniversarios miro atrás con dolor. Todavía con dolor. Aunque una vez más lo quiera ignorar, lo quiera dejar de ver, el dolor está ahí, muy dentro y se despierta porque quiere salir, necesita estar afuera.
Al año, tu muerte no la sentí tanto porque todavía estaba en negación. Negaba por completo toda la manipulación en la que estaba envuelta. Todas las mentiras, toda la soledad y el aislamiento en el que estaba. Ese año simplemente no honré tu muerte con mi vida. Yo seguía muerta... o estaba muriendo, lentamente.
Y sin más, la vida que aún latía en mi me pidió salir, me pidió cambiar. Al siguiente año lloraba tu muerte una vez más y lloraba el vuelo internacional que supuestamente le ponía punto final a mi historia con el Sr Ariza. Lloraba el darme cuenta que me estaba dejando matar, dejando mis sueños, mi poder a un lado. Llorando porque no era feliz y mi falta de acción me quitaba todo lo que yo quería. Te había arrebatado a ti y ahora creía, me quitaba a un hombre que resonaba con esa vida dentro de mí.
Después, al siguiente año no me quedaba más que llorar por tu ausencia y por querer compartir contigo una nueva etapa de mi vida. Una nueva vida, de hecho. Romper las mentiras, la manipulación y el odio. Por fin honrar tu vida y agradecerte, porque con aquel dolor había aprendido que necesitaba despertar.
Siguen los años y dentro de mi hay dolor. Mucho dolor. Y me doy cuenta que no es por lo que es, sino por lo que pudo ser. Todavía no perdono. No ME perdono haberte dejado matar. HABERME DEJADO HERIR.
Pero hoy, este año me doy cuenta que ese dolor, esas heridas y todos esos años que pasaron son los mismos que ahora me dejan en este lugar tan bello en mi vida. En este momento en donde me amo, me respeto y tengo a mi lado alguien que me ama y me respeta igual. Tengo una familia amorosa la cual siempre quise tener. Tengo un trabajo retador y unos estudiantes que me alegran (y enojan) el día.
Mi vida no es la misma desde tu muerte, Tabby. Y si acepto que esa historia fue la única posible (porque es la que vivo ahora) entonces posiblemente no habrá más dolor en los años por vivir. Habrá aceptación, el dolor dejará de alojarse dentro de mí y habrá alegría porque la muerte no es el fin, sino el inicio de algo bello. Y tú, cosita hermosa viniste a enseñármelo con una cicatriz grande en el alma, para que jamás, jamás en mi vida lo vuelva a olvidar.
Gracias.
7.10.19
Gracias.
13.3.19
update
Celebré mi cumpleaños este fin de semana en Astaná, la capital. Y fue una locura. No tuve un momento de revelación como el año pasado, ni hubo nadie en el bar al que fuimos esperando a decirme lo que tenía que escuchar. Creo que todo lo que pasó me dio la oportunidad para reflexionar.
Hoy desperté pensando que por fuera de mi círculo familiar, nadie más celebró por mí. Y está súper bien. Dejar de pensar que las cosas deberían ser de una sola manera es muy sano. Siempre hay sorpresas y no decepciones.
Durante este fin de semana pasé del sentirme sumamente deprimida (sigo culpando el invierno) a estar en éxtasis y felicidad total. Sí, seguro fueron los litros de alcohol que hubo, why not? Definitivamente cualquier excusa para estar bien es válida.
Y en cierta forma refuerza lo que llevo pensando hace mucho (y sintiendo): no vine a otra cosa sino a ser feliz. Por ejemplo, hace muchos años, durante mi dieta vegetariana + momento económico crítico, optaba por comer poco (para pagar menos). Y aún así en muchas ocasiones no tuve que pagar por mi comida, la gente a mi alrededor me invitaba. Y es algo que sigue, no importa en este momento cuanto dinero tengo en mi cuenta bancaria (que ni yo puedo creerlo), la gente le encanta pagar por mí... ¡y a mí también me encanta!
Es como si la vida me dijera que el dinero nunca va a ser una excusa para ser feliz. Va a faltar o va a sobrar, pero jamás se mete en el camino de mi felicidad.
Después de escribir para cumpleaños aquí, no pensé que faltara algo más por agregar, pero este fin de semana fue único. Tener en mi mesa a una griega, australiana, un jordano, dos sudafricanos, seis colombianos, un inglés-egipcio y una alemana que como excusa para estar utilizan mi cumpleaños es simplemente genial.
Colombianos, sudafricanos y australiana. El combo.
Hoy desperté pensando que por fuera de mi círculo familiar, nadie más celebró por mí. Y está súper bien. Dejar de pensar que las cosas deberían ser de una sola manera es muy sano. Siempre hay sorpresas y no decepciones.
Durante este fin de semana pasé del sentirme sumamente deprimida (sigo culpando el invierno) a estar en éxtasis y felicidad total. Sí, seguro fueron los litros de alcohol que hubo, why not? Definitivamente cualquier excusa para estar bien es válida.
Y en cierta forma refuerza lo que llevo pensando hace mucho (y sintiendo): no vine a otra cosa sino a ser feliz. Por ejemplo, hace muchos años, durante mi dieta vegetariana + momento económico crítico, optaba por comer poco (para pagar menos). Y aún así en muchas ocasiones no tuve que pagar por mi comida, la gente a mi alrededor me invitaba. Y es algo que sigue, no importa en este momento cuanto dinero tengo en mi cuenta bancaria (que ni yo puedo creerlo), la gente le encanta pagar por mí... ¡y a mí también me encanta!
Una de las tantas rondas de shots que quise pagar y no dejaron.
Es como si la vida me dijera que el dinero nunca va a ser una excusa para ser feliz. Va a faltar o va a sobrar, pero jamás se mete en el camino de mi felicidad.
YMCA
Y así quiero seguir: con la mente en alto y la certeza de que no hay otra cosa que ser, sino ser feliz.
Se empaquetó como:
al otro lado del mundo,
C'est la vie
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