3.2.11

En la oscuridad no se puede leer.

No tenía sueño.
Estaba decidido a acostarse en su cama aunque sus párpados no le pesaran en absoluto.
Su cama lo llamaba hoy para pensar, no para dormir.

Se acostó entonces, siguiendo su rutina nocturna como de costumbre, sin embargo hoy su destino no era el mundo de los sueños, hoy era el de la imaginación. Cerró pues sus ojos, casi apretándolos, como si de esa manera activara la fórmula mágica en su cabeza para empezar a crear escenarios. No necesitaba esforzarse tanto, y lo sabía pues actores ya tenía.

Se veía y la veía. Sí, a ella.
Le atormentaba el hecho de imaginarla en una cama. -Esta no era la escena que quería para hoy- se decía así mismo varias veces, pero su cabeza no hacía nada para impedirle seguir viendo aquella cama desconocida para él e incluso para ella.

Atormentado aún por ese pensamiento decidió pensar en sí mismo, caracterizarse, pensar sólo en él y no en ella. Pensaba entonces que él quería complacer -maldita cabeza- gruñó por un segundo. Una extraña sensación lo envolvió -quiero complacerla porque es ella quien lo pide- le dijo a esa gran oscuridad en su cuarto. Y así era. Las manos de ella, un poco inquietas, jugaban con el cabello de él, su cuello, su espalda, sus piernas. Aun con ese jean negro y camiseta blanca que impedian su paso, aquellas manos seguían jugando, pidiendo algo que la boca de ella  no podía decir por pena. Pena, aquello que él sentía también era pena. Se avergonzaba de sólo pensar que quería cumplir todos sus deseos, y recordó que fue ella quien despertó esas ganas en él con aquellas miradas en su casa. Esos ojos que ella habría deseado que se volvieran gritos pidiéndole movimientos. Él entendió ese día, pero la pena ganó. Ahora, bajo el poder de la imaginación, no veía por qué tendría que negarse esta oportunidad.

Esta vez ya no eran ojos los que viajaban por su espalda, eran las manos de ella. Él simplemente se detenía a sentir y a seguirla besando -¿por qué no?- le preguntó esta vez a la noche. La besaba sin pedirle nada, mas bien era un 'recibiendo todo'. Ella decía más de lo que habría deseado con sus manos y sus labios. Su lengua, que se paseaba entre los labios de él, le decía algo que él ahora no entendía. -Maldita sea, es mi noche, es mi cabeza, es mi imaginación, ¿y aún así no sé qué quiere ella? ¿No puedo inventalo siquiera?- pensó desesperado.

Su cabeza dio un vuelco al igual que él, que ahora se encontraba sobre ella -pero, ¿c-cómo?- y de inmediato las manos que intentaban quitarle la camiseta blanca le hicieron olvidar su pregunta. Por un momento sintió que los segundos eran más largos. En busca de sensaciones más fuertes, fijó su atención en el cuarto donde se encontraban. Era blanco, y aunque este color antes le hiciera pensar en hielo, en aquel momento no podía dejar de sentir calor. Era un blanco cálido que los envolvía a ambos en pequeños jadeos. Se fijó con más atención en las piernas de ella. En la forma como se estiraban, como se recogían a veces. De nuevo en sus manos que no sabían dónde apoyarse y que a veces querían esconderse en los bolsillos traseros de él. Se fijó en sí y en lo incómodo que se veía. Tenía una posición muy torpe, estaba realmente incómodo y no quería incomodarla a ella. Adoptó, al parecer, la primera posición que encontró y así se quedó. Sus manos, como las de ella, no sabían dónde ubicarse. Se fijó en todas esas palabras que salían del cuerpo de ella y que él no podía leer. Quería complacerla como ella quería, pero la pena lo retenía y le había quitado aquello que a los 4 años aprendió a hacer: leer.

Abrió los ojos como si aquello le sirviera para comprender las palabras y se dio cuenta que las nueve de la mañana ya marcaba el reloj de su mesita de noche.

-¿Lo soñé?- le preguntó, esta vez, a la luz en su cuarto.

3 comentarios:

  1. Mis mayores deseos para que no halla sido solo un sueño! jajajajaja. Un besote

    ResponderEliminar
  2. Anónimo9/2/11 13:13

    Para él no debería ser tan importante saber si fue un sueño o no, es tan solo un deseo, un inquietante deseo que, por ese día, jugó con su mente...

    ResponderEliminar
  3. Annie Natt.: Gracias por esos deseos (: Para él fue un sueño, para mí no. ;)

    Anónimo: Tiene razón, no debería serle importante el que haya o no sido un sueño. La cosa es que con su imaginación habría podido ir más lejos, tal vez. El sueño, tomándolo literal como esos sueños que soñamos, no podía ser manejado por él. Su imaginación no hizo mucho ahí. Su deseo, sí.

    Gracias por pasar

    ResponderEliminar

Su comentario es muy importante para nosotros, por favor déjelo después de estos puntos: