10.6.17

Y no fue lo peor que podía pasar.

Me robaron la bici el 3 de mayo y no fue lo peor que podía pasar.


He estado pensando en escribir un post sobre lo que esta ciudad lleva produciéndome desde este año, y con lo del robo de mi bici creo que me he venido inspirando más. Pero hoy no. Hoy no hablaré de eso.

Me robaron la bici porque sí. Porque no tenía el seguro adecuado, porque debí guardarla en un parqueadero bajo techo, porque no debí salir ese día. Porque sí. Y no fue lo peor que podía pasar. Justamente ha sido por la bici que me he aventurado a vencer muchos miedos. Lo dije aquí cuando hablé de mi bici y yo, o cuando hicimos esa travesía suicida hace ya casi dos años.

He sentido este año muchísimo miedo, no sé si más de lo que acostumbraba todo el tiempo o qué, pero sé que lo he sentido mucho. Ahora bien, cómo lo siento es totalmente diferente. Estaba pensando en quien era hace 10 años, tenía 14, faltaba poco para graduarme del colegio y sentía que lo peor estaba por venir. Le he tenido mucho miedo al futuro, siempre. No sé dónde lo aprendí, no sé por qué lo aprendí, pero así me configuraron y recuerdo que el pensar en ese vacío que vendría después del colegio me aterraba.

Si alguien me hubiese dicho que ese después iba a ser la mejor etapa so far de mi vida, no le habría creído, el pelear con mis miedos no me dejaba creerlo. Pero resultó que sí, que lo mejor que podía pasar era salir del colegio, dejar tanto drama y tanta depresión al lado y empezar a salir de la burbuja en la que vivía. Conocer la gente que conocí, incluso comer la mierda que comí junto a esas personas y surgir, una vez más del fondo.

He sentido muchísimo miedo y tengo un stack de miedos guardados que ni te imaginas. Hace casi dos años hice un taller y nos pidieron escribir nuestros miedos. Me bloquée al inicio, me dije: a ver, no seas ridícula, si transpiras miedo ¿ahora no vas a poder hacer una lista de tres miedos?... Salieron como 20 incluyendo el miedo a perder mi trabajo y que me robaran la bicicleta. Y a las arañas, ese fue el primero que escribí. Y fue justo lo que pasó este año: los miedos están, a veces son tan insoportables y se vuelven tan tangibles. A veces me tienen a medianoche llorando, con el corazón en la mano y miles de preguntas sin responder. A veces simplemente no sé, pero se sienten caminar en la piel, arañando y buscando una manera de romper el alma.

Este año sé que he sentido muchísimo miedo pero sé que el cómo se siente ha sido diferente. Y la bici me lo demostró, una bobada como esa me movió y creo que desde entonces los miedos andan revoloteando por todas partes, peor que antes porque ahora no hay manera de bajarme. Sí, me robaron la bicicleta y lo primero que me pregunté fue: ¿Y ahora qué? Ya está, ya se cumplió un miedo, ya se hizo realidad ¿y ahora qué?... Y gente, nada pasó. El mundo no se acabó, no morí. Lloré, claro, después de sentir que esa semana ya estaba una mierda como para añadirle más cosas así. Me resigné, claro. Pero gente, no pasó nada más. El peor escenario era quedar sin bici y así fue. Ya no estaba y punto.

Desde entonces llevo haciéndome la misma pregunta con cada miedo que me da: ¿qué es lo peor que puede pasar? y por fin hay un vacío grande, sin un miedo amontonándose encima de otro. Por primera vez siento que lo peor de todo lo que puede pasar es que... simplemente no pase. Que la vida no sea, que yo no me mueva, que me quede inmóvil al lado del camino.


Dani me envió esta imagen en marzo y no dejé de pensar que efectivamente no tenemos miedo, sino que lo somos. Somos ese miedo que nos come o somos esas ganas de aprender de ese miedo. Y espero que la vida en algún momento me cambie la visión que tengo del miedo como me ha cambiado en muchas cosas. Porque sigo creyendo que soy un enredo de crespos y miedos que nunca dejará de sentirlos y vivirlos. Sólo sé que por ahora está bien, más que bien porque de algún modo vivirlos y aceptarlos me van a llevar a algún lugar. Where I'm supposed to be. Y creo que lucharlos y negarlos sólo me van a detener. Tal vez no se cumplan todos mis sueños, y tal vez no tenga todo lo que quiero, pero quiero confiar que cada decisión que tome, con o sin miedo, me va a llevar a donde debo estar y a vivir lo que tengo que vivir.


3 comentarios:

  1. ¿Cómo dice esa frase? No hay que esperar a que pase la lluvia, sino aprender a bailar bajo ella, creo. Siento que es algo así con los miedos...tambien comparto contigo eso de tener como 20 miedos de diferentes tamaños y sabores.

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  2. a mí me dan miedo los perros grandes desde que uno atacó a Pepis en la calle. pero el miedo constante como que no logro entenderlo. tal vez voy por la vida esperando lo mejor.

    tu post de la travesía suicida ha sido de mis favoritos. gracias Lyds, por publicar tus cosas y dejarme conocerte. leyendo esa historia casi casi la viví yo misma.

    un día estaba vagando por blogger y me econtré con el blog de chico calvin. esa es otra historia que ha estado presente a lo largo de los años en mi mente. ¿qué raro, no? conozco cosas muy tuyas pero al mismo tiempo no te conozco.

    ... mis comentarios tan poco coherentes. bueno.

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    1. Wow, pero tiene de todo tu comentario. Gracias por dejarlo, escribirlo, leerme. (:

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