10.11.17

Bogotá - Moscú

Ya va ser un mes desde que salí de Colombia, sin ninguna expectativa porque de verdad quería digerir todo completico, como llegara, como viniera sin pensar en cómo debía ser o cómo me debía sentir.

Pensé que iba a ser más traumático el viaje de 16 horas de Panamá hasta Estambul, pero mientras se pueda dormir así sea incómodo el tiempo pasa volando (¿literal?). Creo que alcancé a ver dos películas (Mi Villano Favorito 3 y Snoopy) y lo del tiempo sí que fue muy curioso. En la pantalla salía la hora local de Panamá (que viene siendo la misma de Colombia), las horas restantes del vuelo y la hora local en Estambul. Creo que ahí tuve un primer choque, porque cruzando el Atlántico ya era de noche, ya el cielo estaba oscuro (y no puedo decir a qué horas porque ya estaba muerta del sueño, no había dormido la noche anterior) pero la pantalla seguía diciendo que era de día en Panamá. Y es que uno se roba tiempo en esos viajes, y me robé muchas horas y de la nada te van sirviendo la cena (¿pero no es hora del almuerzo ya?) y te van apagando las luces y "hasta mañana". Luego despiertas en medio de la noche (porque igual, escuchas todos los ruidos del avión, de la gente que no duerme, las luces que se prenden, cuando llaman a la azafata, cuando... lo que sea) y te das cuenta que ya estás sobre Europa y empiezas a ver luces abajo tuyo... wow. Y qué decir que era luna llena en ese momento y esa era la luz que llegaba a la ventana. Bellísimo. Tuve que decirme mil veces que era verdad porque necesitaba sentirlo real, dejar de sentir que era mentira o que era un sueño.



Después amaneció y el cielo tenía un color morado muy bonito y te sigues preguntando si es un sueño, te sirven el desayuno y ya nada sabe a casa, absolutamente nada e intentas hacerte la idea pero sigues sin poder hacerlo... es un viaje largo y la cabeza está adolorida, o dormida, o mareada, o todo al tiempo y no te decides qué sentir primero.


Hora local Estambul: nueve de la mañana y no sé cuántos minutos. Desde el avión donde estoy mientras va aterrizando se puede checar la puerta para el siguiente vuelo que me va a llevar a Moscú.  Confirmo que es el 310 y me tatúo ese número en la mente para no perderme, para preguntar, para lo que sea. Ansiosa por tener alguna señal de WiFi y decirle a mi familia (aunque ya fuera de noche para ellos) que ya había llegado a Turquía y que todo estaba bien, por ahora. No pude comunicarme con nadie, en la puerta 310 nadie nos esperaba (me topé con un grupo de colombianos con los que veníamos del mismo viaje y también iban a Moscú, al parecer a estudiar por un año) y tuvimos que checar nuevamente y confirmar con un poco de miedo que era en realidad la puerta 205 y que tocaba subir después de haber perdido ya mucho tiempo buscando el 310. Abordé el avión con el corazón en la mano y... caí en un sueño horrible. El cansancio empezó a cobrarme las horas robadas, prestadas, malgastadas y aunque hice todo lo humanamente posible para ver el Mar Negro que estaba debajo mío mis ojos no dejaban de cerrarse.

Tres horas después ya estaba aterrizando en Moscú. Dos de la tarde, hora local. Pensaba que en Colombia ya iban a hacer las 6 am del jueves, o sea que se iban a completar 24hrs desde que había salido de casa. Y en esos terminos el viaje se hace un poquito soportable porque ¿qué es un día viajando? Nada, ¿no? Eso es Bogotá hasta la costa en carretera... La diferencia es que ya eran las 2 de la tarde del jueves, se sintió el frío de otoño apenas aterrizamos y el ruso ya empezó a entrar oficialmente por mis oídos. Acostúmbrate Lyds, esto es lo que vas a escuchar por mucho tiempo de aquí en adelante.

Por fin tuve Wifi mientras caminaba y caminaba... y seguía caminando buscando el Passport Control y preparándome para la "supuesta entrevista" que me harían sobre mi razón para estar entrando a Rusia. Traté de enviar un audio decente a mi familia diciéndoles que ya había aterrizado y la garganta dio la primera señal de cansancio. Casi no puedo hablar (llevaba entonces casi un día sin hablar de verdad... uff ya empiezo a extrañar a mi gente) y mi voz suena a tarro. Los del Passport se demoran un chingo y medio con los colombianos que van delante mío pero no dicen nada, no preguntan y sólo hacen firmar un papel. El colombiano que está detrás mío me cuenta que va a estudiar y que tiene afán porque si no llega antes de las 5 a la universidad no tendrá donde dormir en la noche. Me pregunta por qué estoy ahí y le digo que aún me faltan unas horas de vuelo. Sólo estoy de paso por Moscú para sacar la visa e irme a vivir con mi esposo.

Uy, y ahí sí siento que es real. Es la primera vez que le explico a un desconocido en el extranjero el porqué estoy ahí. Y fue al único al que tuve que decirle pues la señora del Passport control sólo me pide quitarme las gafas (con señas) y me pide firmar mi Migration Card para dejarme entrar a Rusia. Diez minutos después (tal vez 15) ya estoy afuera comprando una Sim Card para poder hablar en Moscú y empezar el que sería mi primer día de 12 que estuve allá. 


27.10.17

Magia.

Anoche, por primera vez después de dormir muchas horas en la tarde no pude dormir en la noche. No inmediatamente, claro está.

Pero no me molestó porque por primera vez, él se quedó profundamente dormido entre mis brazos. Y qué bien que estaba despierta para ese momento. No me lo perdí.

Esto es magia. Nada más.