11.9.11

Con ache.

En el año 2OO6, cuando estaba en noveno, tenía clase de danzas los martes de 8:30 a 10:00 am. (Sí, soy una freak) En fin, que de las horas de esa clase, mi queridísima maestra sacaba unos treinta minutos para sermonearme a mí, y solamente a mí para "enseñarme" lo que es la Humildad.

Fueron martes y martes seguidos en donde ya todas mis compañeras estaban acostumbradas a que yo recibiera tan jugosa clase de humildad. Nunca aprendí. Ni pinche idea que era lo que esa señora me quería decir. Si yo me movía a la derecha y hacía el paso mal me decía que fuera humilde. Si hacía los giros bien, me decía que fuera humilde. Incluso algún día estando en el patio del colegio me sermoneó frente a todas las niñas que salían a descanso. Ese día no hubo nadie más humilde en el colegio que ella, y estoy segura que así lo creyó.

Es una lastima que desde entonces una maestra quisiera enseñarme tan valiosa lección, y sólo hasta ahora me vengo a enterar qué es: Ser humilde, aceptar que no tienes la razón (y Jebús quiera que nunca la tenga), aceptar que no todas te las sabes y que aún hay un chingo de cosas por aprender cada día. Lastimosamente mi profesora era muy incoherente y con su ejemplo de vida nunca iba yo a aprender. Y claro, era jodidamente fácil reconocer mi falta de humildad cuando la señora también la transpiraba. "El ladrón juzga por su condición", dicen por ahí.

Ojalá, después de tanto tiempo, mi profesora también haya aprendido su lección. Yo sí, y no la cambio por nada.

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