17.8.11

Calor.

Maldita sea, maldita todas las veces que sea necesario. Maldito calor el que hace, que no me pueden dar el maldito café como lo quiero ni seguirme la corriente en algún proyecto porque parece muy estúpido, nada factible y... yo no sé qué más babosadas dijeron. Maldita sea que no soporto este calor de la nada, pero maldita sea que no vuelvo a salir en medio de tantos escalofríos, como si cada palabra pronunciada en mi contra hubiese sido un chorro de agua de alguna manguera que llevaba toda la maldita madrugada afuera, recogiendo frío. Maldita sea que todo me duele y yo no tengo nada entonces no sé qué es lo que duele.

Y salgo a despejar las ideas pero cada carro en cada semáforo me habla, ¿maldita sea, cómo hacen eso?, y siento mucho frío, aunque el pleno sol de mediodía me golpee la frente como nunca y me joda el día. Y luego el calor, porque el frío de las palabras va desapareciendo, pero maldito calor infernal. Ahora son las ideas, esas estúpidas ideas que se cocinan en este gran horno que tiene mi nombre y mis manos, mis piernas y mis malditos lunares. Y ahora llueve, afuera y en mi cabeza. Y ahora todo me jode y no sé contar hasta diez.

Maldita sea.


[No soy yo, sólo me corto los dedos tratando de escribir en primera persona]

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