11.12.25

160 días.


Ridículo. No sé por qué lo hice. Todavía no lo entiendo y tal vez jamás voy a recordar la razón detrás de este absurdo. 

En algún momento de julio decidí guardar el blíster de mi medicamento. Tal vez a manera de representación visual de lo que va por mi cuerpo cada día. No creo que haya sido más que eso, y no creo que tuviera más trascendencia. ¿A quién le importa, finalmente?

Lo ridículo fue obsesionarme. Asegurarme que iban a estar conmigo. He viajado a diferentes ciudades y a otros países y he guardado los malditos blísters. Básicamente, he guardado y viajado con basura. ¿Será posible que crea que lo que estoy tomando también es basura?

Si fuera tan simple, lo hubiera dejado ya. Pero llegué al día 160 con esta basura y tampoco la dejé. En total conté blísters para 446 pastillas. Tal vez la idea de que después de 500 pastillas me sentiría diferente y me sentiría bien me hacen doler más la cabeza. Acumulé basura por 160 días y una esperanza inútil de recuperarme. 

Volver a sentir la depresión, y peor aún, sentirla tan incontrolable, tan errática, tan ajena fue tal vez peor que sentirla como la he venido sintiendo en los últimos 10 años. Desear volver al pasado y sentir el dolor que siento, como siempre lo he sentido ha sido la fantasía más ridícula de este año. Bueno, esa y otras tantas que no quiero ni pensar. Me duele mucho la cabeza de pensar. 


Can't wait for it to start again next year! Seasonal depression but make it tropical.

23.10.25

Mis versiones.

 De la serie: Lecciones de un viaje de sanación.



Este ejercicio de leerme a través del blog trajo muchos recuerdos pero al mismo tiempo dudas. Sentí que estaba leyendo el diario de una vieja amiga, de la cual sabía todas sus historias. A veces no puedo creer que éstas son mis historias. Ésta ha sido mi vida. Y ha sido solo una. 

Pero aquí estoy, escribiendo desde el sudeste asiático, un lugar al que jamás pensé iba a venir, muchísimo menos un lugar en el que iba a vivir. En agosto se cumplen 5 años de aterrizar aquí y sólo esa versión de mi se me hace lejana. Como que La Lyds que llegó aquí ya no está. O que han sido más de 5 años, más como 5 décadas o algo así.

De las cosas más bonitas que me ha dejado la terapia es darme cuenta que cualquier versión de mi que yo vea: la que vivió con sus papás, la que vivió con su novio inmaduro, la que vivió sola en un cuarto pequeñito, cualquiera de esas Lyds han siempre, siempre estado para sí misma. Han sido años de trabajar en mi depresión y lo más concreto ha sido eso: que cuando creo que no tengo a nadie, siempre me he tenido a mí. Me he cuidado y me he llevado a lugares sin estar muy segura que puedo, pero simplemente haciéndolo. 

A veces me pregunto con qué seguridad la versión de mi en esos momentos toma las decisiones que toma. ¿Y por qué, cómo sabe cuidarse? ¿cómo pudo saberlo? Por ejemplo, cuando me fui de la casa y estaba terminando mi universidad, tuve muchos ataques de ansiedad sobre terminar mi carrera y la monografía (ataques que nunca supe eran de ansiedad en esa época, sólo sabía que así me sentía y esa era yo) En esa época mi comida era lo que sobrara de los almuerzos de mi novio y recuerdo mucho que varias veces la comida se sentía dañada, como vieja. Pero era lo único que había de comer y nosotros ni teníamos el dinero para hacer mercado ni yo tenía la disposición de cocinar (esa versión que no cocina todavía sobrevive en mi, pero me casé con un hombre que cocina... esta versión sabe escoger parejas) En fin, que en esa época era fácil caer en la trampa de graduarme de la universidad y trabajar en cualquier lado por cualquier salario. No teníamos mucho y no teníamos por qué decirle no a las oportunidades que llegaran, por malas que fueran. Aún así rechacé trabajos que pagaban mal porque esa versión de mí, que nunca supe de dónde, sentía que yo no podía conformarme con un mal trabajo. Esa versión de mí sabía que de todo el cohorte que entró conmigo en el 2010-2 a la universidad, sólo éramos 3 personas las que nos graduábamos en el 2015. Esa versión de mí recordaba que de ese cohorte, sólo a mi me habían becado y que había luchado con las garras para mantener esa beca hasta el final de la carrera, incluso cuando me fui de la casa. Esa versión de mí no dejó que me conformara, como si esa versión supiera que si apuntaba alto, iba a lograr subir.

Sólo mirando hacia atrás es que se logran dimensionar ese tipo de decisiones. Siempre lo he pensado y lo he dicho, si yo no hubiera insistido en entrar a trabajar en ese colegio de Chía, no hubiera conocido a quien es ahora mi esposo, no hubiera salido del país, no hubiera ido a Kazajistán, no estaría aquí en Indochina. Así de simple. 

Y poder ver esto en retrospectiva me brinda mucha confianza. La version de ahora pareciera estar en sintonia con la version futura, sabe como llegar alli y me lleva (nos lleva) alli. Ahora mismo siento la fuerza de confiar. Confiar en ese fuego interno que me ha cuidado todo este tiempo, a su manera y de sus formas.