27.2.20

Severa depresión

Aquí estoy otra vez. Este lugar es muy familiar. Este lugar emocional se siente parecido, no es igual, pero se siente muy similar a otro. Duele, duele mucho. Luego deja de doler y todo vuelve a la normali... no. Otra vez duele, esta vez parece que duele más, muchísimo más. Es demasiado intenso. Vienen las lágrimas, ¿por qué son esta vez? ¿qué fue lo que pasó?

Nada. Pero de pronto va a pasar. Llora, prepárate para lo peor porque lo peor siempre está por llegar.

O tal vez no. Relájate, sólo fue un mal día. Tal vez llovió, tal vez estuvo opaco el día. Ya volverás a sentirte bien.

O tal vez sí. Sí era un día de sol, de mucha luz, de calor. Tal vez es que ya no lo sientes, tal vez ya no te das cuenta de la luz que hay, ni afuera ni adentro.

¿Qué te pasa? Si ya habías estado aquí, si te parece familiar este lugar, ¿por qué no haces lo de siempre y vuelves a lo normal?

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Pensé que una de mis peores crisis depresivas había sucedido hacia cinco años.
Pero resulta que creces y la depresión también madura contigo. Aprende contigo, de los errores, de los éxitos. Y está ahí, pendiente para cuando te vuelves a perder. Cuando vuelves a creer que hay algo normal y que la vida sigue una sola línea. Viene para despertarte.

Y ya me quiero despertar porque aunque este lugar parece familiar, no es cómodo y me duele más, no sé por qué. ¿Será porque había pensado que jamás daría un diagnóstico de depresión severa a estas alturas de la vida, con todo lo que ha pasado?

¿Qué pasa?

7.10.19

Gracias.

Se cumplen cinco años de la muerte de Tabby. Del asesinato. Me duele, pero le pongo esa palabra porque eso fue y eso sentí. Con ella murieron muchas cosas más. Demasiadas que en su momento no quise ver, quise ignorar.

Y cuando se cumplen los aniversarios miro atrás con dolor. Todavía con dolor. Aunque una vez más lo quiera ignorar, lo quiera dejar de ver, el dolor está ahí, muy dentro y se despierta porque quiere salir, necesita estar afuera.

Al año, tu muerte no la sentí tanto porque todavía estaba en negación. Negaba por completo toda la manipulación en la que estaba envuelta. Todas las mentiras, toda la soledad y el aislamiento en el que estaba. Ese año simplemente no honré tu muerte con mi vida. Yo seguía muerta... o estaba muriendo, lentamente.

Y sin más, la vida que aún latía en mi me pidió salir, me pidió cambiar. Al siguiente año lloraba tu muerte una vez más y lloraba el vuelo internacional que supuestamente le ponía punto final a mi historia con el Sr Ariza. Lloraba el darme cuenta que me estaba dejando matar, dejando mis sueños, mi poder a un lado. Llorando porque no era feliz y mi falta de acción me quitaba todo lo que yo quería. Te había arrebatado a ti y ahora creía, me quitaba a un hombre que resonaba con esa vida dentro de mí.

Después, al siguiente año no me quedaba más que llorar por tu ausencia y por querer compartir contigo una nueva etapa de mi vida. Una nueva vida, de hecho. Romper las mentiras, la manipulación y el odio. Por fin honrar tu vida y agradecerte, porque con aquel dolor había aprendido que necesitaba despertar.

Siguen los años y dentro de mi hay dolor. Mucho dolor. Y me doy cuenta que no es por lo que es, sino por lo que pudo ser. Todavía no perdono. No ME perdono haberte dejado matar. HABERME DEJADO HERIR.

Pero hoy, este año me doy cuenta que ese dolor, esas heridas y todos esos años que pasaron son los mismos que ahora me dejan en este lugar tan bello en mi vida. En este momento en donde me amo, me respeto y tengo a mi lado alguien que me ama y me respeta igual. Tengo una familia amorosa la cual siempre quise tener. Tengo un trabajo retador y unos estudiantes que me alegran (y enojan) el día.

Mi vida no es la misma desde tu muerte, Tabby. Y si acepto que esa historia fue la única posible (porque es la que vivo ahora) entonces posiblemente no habrá más dolor en los años por vivir. Habrá aceptación, el dolor dejará de alojarse dentro de mí y habrá alegría porque la muerte no es el fin, sino el inicio de algo bello. Y tú, cosita hermosa viniste a enseñármelo con una cicatriz grande en el alma, para que jamás, jamás en mi vida lo vuelva a olvidar.

Gracias.